Cómo conciliar y tener tiempo sin caer en el mito del “yo puedo con todo”, según La Ordenatriz

Begoña Pérez no enseña a aceptar que el tiempo es limitado y a decidir dónde merece la pena poner nuestra energía
Cómo reordenar la casa para afrontar el síndrome del nido vacío: "Dale una nueva función al dormitorio de tu hijo"
Durante años nos han hecho creer que una casa ordenada es, sobre todo, cuestión de disciplina. Que basta con levantarse un poco antes, aprovechar mientras se hace la comida, recoger después de cenar y encontrar un hueco el fin de semana para ponerlo todo en su sitio. Como si el día tuviera horas infinitas y nosotros dispusiéramos de una reserva secreta de energía para atender el trabajo, la familia, los padres, los amigos, la casa y, si queda algún minuto, a nosotros mismos. La experta en orden y limpieza Begoña Pérez desmonta esta fantasía en una nueva entrega de 'Cómo ordenar con La Ordenatriz'.
"El 'yo puedo con todo' no funciona nunca, porque nadie es capaz de hacerlo todo, y mucho menos de hacerlo a la vez", escribe La Ordenatriz en 'Contigo en cada cambio' (Planeta). Para ella, la conciliación no consiste en conseguir que todas las piezas encajen perfectamente, sino en aceptar que el tiempo es limitado, ajustar las expectativas y decidir dónde merece la pena poner la energía.
Hay que desterrar de inmediato la vieja idea de que pedir ayuda, delegar o dejar algo sin hacer es una especie de fracaso. De hecho, la experta recomienda repartir las tareas y asignarlas entre los distintos miembros de la familia. Y eso implica aceptar que quizá no lo harán exactamente como nosotros. Tal vez doblarán las camisetas de otra manera, organizarán la despensa de forma diferente o no dejarán el lavavajillas exactamente como lo haríamos nosotros. O tal vez lo hagan mal. "Hay que dejar que los demás se equivoquen. Si tu marido o tus hijos se van a ocupar de hacer el café y lo hacen mal, no te preocupes; ya la siguiente vez lo harán bien", subraya la experta.
Repartir con eficiencia
Otro factor a tener en cuenta es que además de distribuir las tareas de manera equitativa hay que hacerlo con eficiencia. Por ejemplo, si se encarga de poner la lavadora siempre la misma persona esta terminará sabiendo más de tejidos, de tiempos y de cómo funciona que alguien que solo lo hace de vez en cuando.
La Ordenatriz también insiste en lo estresante que es tratar de realizar varias tareas a la vez. Hemos aprendido a querer rentabilizar cada minuto, a aprovechar el trayecto, a contestar mensajes mientras hacemos otra cosa, a ordenar mientras hablamos por teléfono y a trabajar mientras comemos. Pero si no nos centramos en lo que hacemos, no lo haremos bien. "Es importante que mi atención esté en lo que toca hacer en cada momento", escribe.
Y eso también significa dejar momentos que no sirvan para nada productivo. Sentarse a tomar un café sin hacer otra cosa, hablar tranquilamente con una persona querida, salir a caminar o simplemente no hacer nada durante un rato. Si cada minuto libre se convierte automáticamente en una oportunidad para poner una lavadora, responder un correo o recoger un cajón, quizás consigamos una casa más ordenada, pero a costa de vivir permanentemente ocupados.
Afrontar el síndrome del nido vacío
Cuando los hijos se independizan, sus habitaciones se quedan vacías, pero se abren a nuevas posibilidades. Rediseñar la casa en esta etapa es una oportunidad perfecta para dar vida a rincones olvidados, renovar nuestros hábitos y volver a conectar con un hogar que, de repente, se siente demasiado espacioso y callado. Antes que nada conviene preguntarse qué necesitamos realmente de nuestra casa en este momento. "La casa tiene que estar lo más ordenada posible, y si en una habitación no se vive, esa habitación hay que cambiarla o darle otro uso. Lo que no puede ser es que esté ahí llena de cosas que no sirven para nada", subraya La Ordenatriz.


