Bienestar

Cada vez más personas de más de 50 sienten alivio cuando cancelan planes: las señales sobre su salud mental y social

Cancelar planes puede causar alivio, pero no siempre es buena señal. Pexels
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Los motivos que pueden llevarnos a cancelar un plan son muy variados, desde una mala planificación a un imprevisto que, como su nombre indica, no vimos venir. Tener que cancelar un plan que ya teníamos organizado suele ser causa de angustia, estás cambiando tus planes, pero también los de la persona o personas con las que habías quedado. 

Sin embargo, esa sensación de congoja cada vez es más habitual que sea sustituida por una de alivio. Un pequeño gesto que nos hace sentir bien porque nos libera mentalmente, pero que no debería ser algo habitual. Sentirse bien al cancelar un plan (o cuando alguien lo cancela por nosotros) puede ser una señal clara de que debemos escuchar a nuestro cuerpo, porque puede que sepa algo que nosotros todavía no queremos aceptar: necesitamos parar. 

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¿Sentir alivio al cancelar planes? Señales sobre su salud mental y social

Sentir alivio cuando se cancela un plan que nos daba un poco de pereza es algo normal, que suceda lo mismo cuando el que se cancela es un plan que habíamos organizado con cierto entusiasmo puede ser una cuestión completamente diferente. Una llamada de atención que indica que debemos prestar atención a nuestra salud mental, porque puede ser señal de que necesitamos un descanso. 

Es bastante habitual que esa sensación de felicidad por el plan cancelado venga acompañada de cierto sentimiento de culpa posterior, sin embargo, conviene tener claro que esa cancelación no siempre es apatía o falta de interés por el resto de personas que formaban parte de la cita, puede ser una señal de que algo nos sucede y debemos sentarnos a pensar y reflexionar sobre qué puede significar para nosotros, porque puede ser solo cansancio acumulado o falta de ganas, pero también puede ser algo un poco más profundo. 

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El alivio al cancelar planes puede estar relacionado con la búsqueda de autoafirmación, aceptamos el plan en un primer momento empujados por la necesidad de 'complacer', ya sea a las personas con las que hacemos el plan o a la propia sociedad, que nos empuja a no estar quietos, a sumar planes y apuntarnos a eventos sociales. Ese alivio también puede ser un método de autoprotección, cuando lo que sentimos no se alinea con lo que hacemos, la cancelación del plan es un rescate emocional, nos alivia del compromiso sin culpa. 

Muchos planes que en un primer momento se sienten como algo agradable y apetecible, con el paso del tiempo se convierten en una 'obligación', un cambio de emoción que llega como consecuencia de lo que se conoce como agotamiento emocional. La sociedad en la que vivimos premia y empuja a hacer planes y mantenerse siempre ocupado, por lo que no siempre somos conscientes de haber llegado a nuestro límite. Al cancelar un plan sentimos alivio, es una sensación de relajación y liberación de esa carga mental. 

"Muchas veces, cancelar es escucharse. Es decirse a una misma la verdad: 'Hoy no tengo energía para esto'. Es un acto de honestidad por un lado y, por otro, también de respeto hacia el otro porque cuando vamos por obligación, no estamos presentes del todo", explica Sol Sánchez, creadora de Conscienthia, en Vogue. Si es el otro el que cancela, puede que sintamos la misma sensación de alivio. "No porque no quisiéramos ir, sino porque ya estábamos tensando nuestro sistema para cumplir. Es como si el cuerpo soltara peso". 

Sentir alivio es la manera que tiene el cuerpo de decirnos que priorizarse es la opción más saludable. Sin embargo, a pesar de que esto supone un gran alivio, cancelar todos los planes de manera sistemática no es una buena técnica de lidiar con esa sobrecarga. "Cuando cancelar se vuelve un patrón automático, una conducta de evitar situaciones a las que de forma repetida no queremos hacer frente, más que una decisión consciente, puede ser perjudicial para nuestro bienestar", explicaba la experta para la citada revista. "Si cada vez que hay un vínculo, una exposición o una oportunidad preferimos retirarnos, quizás ya no sea escucha, sino evitación del malestar emocional que esa situación me produce. Así, la diferencia está en el motivo: ¿Cancelo para cuidarme o para no sentir incomodidad?".

El cansancio es el principal responsable de que esto suceda, aunque también conviene tener en cuenta que cambiar de opinión es válido. "El cansancio se acumula, nuestro sistema nervioso pide tregua", aclara Sol Sánchez. "Entonces aparece ese ‘no tengo ganas’ que no es desidia, sino una señal de que nuestras necesidades han cambiado". 

Conviene tener claro que cancelar un plan no es debilidad y entenderlo de ese modo es no estar escuchándonos y entendiéndonos. Cancelar es una forma de cuidarnos, siempre y cuando no se convierta en la manera que empleamos para evitar enfrentarnos a las cosas, en ese caso, el problema será otro y habrá que tratarlo.