El artista que viaja por el mundo fotografiando a familias junto lo medicamentos que tienen en casa
En la serie ‘Home Pharma’, el italiano Gabriele Galimberti retrató a familias de distintos continentes junto a todos los medicamentos que guardan en casa
Padres e hijos, de la mano: las fotos que rompieron barreras físicas y emocionales
En el salón de una casa de Cahuita, en la costa caribeña de Costa Rica, Michael Chamorro y Flor Parkinson posan con sus cuatro hijos. Frente a ellos, ordenadas, están todas las medicinas de la familia. En una esquina se ve el envase de Risperdal, un antipsicótico que le recetaron a Johan, el mayor, de siete años, tras diagnosticarle un trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Sus padres compraron el medicamento, pero no se lo han dado, ya que temen que los efectos secundarios sean peores que sus beneficios. Esta fotografía, firmada por Gabriele Galimberti, condensa en una única imagen lo que pocas veces se cuenta de una familia: sus enfermedades, sus dudas y sus miedos.
El botiquín como autorretrato
La imagen pertenece a Home Pharma, una serie que Galimberti desarrolló entre 2016 y 2020. El método era tan sencillo como su pregunta: “¿Puedo ver lo que hay en tu botiquín?”. Así se dirigía a personas que conocía durante sus viajes, les pedía que sacaran todos sus medicamentos y posaran junto a ellos. Algunos aceptaban con entusiasmo y otros con cierta timidez. “Los medicamentos revelan quiénes son las personas”, explicaba el fotógrafo a National Geographic, que publicó parte de la serie en 2018. “Sus deseos, sus carencias, sus enfermedades. Es algo muy íntimo”.
La serie nació como un encargo dentro de Happy Pills, la investigación que el fotógrafo Paolo Woods y el periodista Arnaud Robert dedicaron durante cinco años al consumo de fármacos en el mundo, con una pregunta de fondo: ¿se puede encontrar la felicidad en una pastilla? Robert resumió el espíritu de aquellas fotografías con una frase precisa: “El botiquín es una biografía de las dolencias, un extraño archivo de afecciones pasadas”.
De la abundancia a la escasez
Lo que más llama la atención al recorrer las imágenes es el contraste. En los países ricos, los botiquines tienden a desbordarse. En París, Aurélie y Alexis Chauffert-Yvart, una pareja de 33 años que trabaja en una editorial y en una empresa emergente inmobiliaria, se sorprendieron al reunir todo lo que tenían, encontrando desde ansiolíticos hasta antibióticos, pasando por analgésicos. En Suiza, una pareja de coleccionistas de arte apareció junto a un “voluminoso tesoro” de fármacos. En Breda, en los Países Bajos, el fotógrafo retrató a John Van Der Walle y Hilda Kamali, que se conocieron en Uganda, donde él trabajaba para una ONG.
En los países con menos recursos, la escena cambia por completo. Los medicamentos se acumulan despacio o ni siquiera se acumulan en absoluto. En Haití, Wholl-Lins Balthazar recurre sobre todo a la medicina tradicional, con plantas compradas en el mercado o recetadas por un medsen fey, un “doctor de hojas”. Otra mujer haitiana no tenía ninguna pastilla en casa, y si enfermaba, afirmaba que compraría una suelta a un vendedor ambulante.
Galimberti también descubrió una serie de hábitos culturales muy marcados. En París y Nueva York abundaban los antidepresivos y los ansiolíticos. En la India, la gente prefería los medicamentos con etiqueta india, fuera cual fuera su calidad. En algunos hogares africanos aparecían fármacos chinos, a menudo sin etiquetar. Y en Suiza, una profesora de yoga, Susan Fischer, posó solo con remedios homeopáticos.
Las razones para acumular
La serie apunta motivos muy distintos para llenar los cajones: el bajo precio de algunos fármacos, el coste de la atención médica avanzada, la ansiedad por no estar preparado o, simplemente, los restos de tratamientos que nadie terminó. Una maestra jubilada letona, Ingrīda Pulekse, guardaba las pastillas de enfermedades ya superadas. En Japón, Yasumasa y Nobuko Kawai mostraban los medicamentos para el corazón de él y para la osteoporosis de ella. Y en Bombay, casi todos los fármacos de la familia de Abbas Ali Sagri estaban relacionados con un ictus.
Hay un detalle que da sentido a todo el proyecto. Todos los retratados tenían algo en común: ninguno estaba enfermo cuando posó. Lo que enseñaban no era fruto de una urgencia, sino la forma en que cada sociedad se prepara, o no puede prepararse, para la enfermedad.
Un fotógrafo de inventarios
Home Pharma encaja en la manera de trabajar de su autor. Galimberti nació en 1977 en el Val di Chiana, en la Toscana, y empezó como fotógrafo comercial antes de dedicarse a la fotografía documental. Se describe como alguien que vive “con frecuencia en aviones”. Para Toy Stories recorrió 58 países durante 30 meses fotografiando a niños junto a sus juguetes. En In Her Kitchen, publicado en 2014, retrató a abuelas de unos sesenta países con sus platos más emblemáticos. Con The Ameriguns, retratos de estadounidenses rodeados de sus armas, ganó en 2021 el World Press Photo en la categoría de historias de retrato. Ha trabajado para National Geographic, The Sunday Times, Stern, Geo y Le Monde.
En todas sus series se repite una misma fórmula: una persona, sus objetos y una composición ordenada que invita a comparar. En Toy Stories se veía que los niños con menos juguetes eran los más dispuestos a compartirlos. En Home Pharma, la comparación lleva a preguntas más incómodas sobre quién puede permitirse estar sano.

