Vizcaya

La lucha de Juan Enrique por conseguir un ascensor, que sus vecinos de Barakaldo le niegan: "Subo 86 escalones de culo para llegar a casa"

Juan Enrique Pastor, de 57 años, quiere que cambie la ley de "la mitad más uno".. Redacción Euskadi
Compartir

BilbaoDe “andar como los gatos por los tejados, durante 25 años” a subir los 86 escalones que separan la calle de su piso, “como los cangrejos, de culo y llevándome todos los pelos de los perros pegados”. Un accidente laboral le cambió la vida hace tres años al vizcaíno Juan Enrique Pastor, de 57 años. Aunque ha sido vivir en un sexto piso sin ascensor lo que ha convertido su existencia en “un infierno”. Sus vecinos, “de toda la vida”, se niegan a instalar un elevador en el edificio. Solo cinco de los 12 se mostraron favorables, pero necesita “la mitad más uno”.

El pasado 24 de noviembre, los residentes de su portal, en el barrio de Cruces (Barakaldo), se reunieron y Juan Enrique volvió a solicitar el respaldo a su propuesta para instalar el ascensor que supondría la llave de su libertad, “ahora mismo llevo cinco días seguidos sin salir a la calle”, sin embargo, la respuesta de sus vecinos fue la misma de siempre: no.

PUEDE INTERESARTE

Juan Enrique admite que ha llorado muchas veces de la impotencia y recuerda que lo que le ha ocurrido a él, “le puede pasar a cualquiera”, por eso reclama "un cambio en las leyes" para que personas en una situación similar a la suya "no tengan la primera barrera arquitectónica nada más abrir la puerta de su casa".

"No pido solidaridad a mis vecinos"

El vizcaíno lleva en su piso casi 30 años y piensa que él “nunca” se habría negado a poner ascensor si fuera otro vecino el que estuviera en su misma situación, pero tampoco le pilló por sorpresa dado que “mi mujer solicitó poner un sensor de luz para que no se me apagara mientras bajo en mitad de un descansillo y le respondieron que ‘la pared no estaba tan lejos para pulsar el interruptor’”. En cualquier caso, este vecino de Cruces (Barakaldo, Vizcaya) insiste en que no pide " solidaridad a mis vecinos” sino que reclama “un cambio de leyes para que en casos como el mío no sea necesario el respaldo de la mitad más uno de los vecinos para instalar un elevador”.

PUEDE INTERESARTE

Su vida nada tiene que ver con la que llevaba antes de aquel fatídico 26 de junio de 2023, cuando un mal resbalón en un tejado, mientras trabajaba, le provocó la rotura del peroné. Tras el accidente laboral se sucedieron los diagnósticos erróneos, una mala praxis, 326 sesiones de rehabilitación y finalmente, una cojera permanente que le impide volver al tajo y por la que le concedieron en marzo de 2025 la incapacidad total. El cambio de rutina se evidenció en su forma física, "engordé 40 kilos aunque ya he logrado bajar 17" y en su salud mental, "estoy en tratamiento psicológico".

La opción de mudarse y cambiar su sexto sin ascensor por una vivienda más accesible se la ha planteado esta familia en muchas ocasiones: “Me he recorrido cinco bancos” pero “ni vendiendo esta, nos da para comprar otra”. Pese a las barreras físicas y las que invisibles a las que le está tocando enfrentarse, Juan Enrique tiene claro que va a seguir luchando.