Álava

El antes y el después del insólito laberinto vegetal de Vitoria tras ocho meses: rebrota con la primavera, pero aún cuesta perderse en él

Así luce hoy, el laberinto de Vitoria.. Redacción Euskadi
  • Cuando se inauguró hace ocho meses estalló la polémica por su inesperado aspecto, sin hojas y con árboles pequeños

  • El laberinto no lucirá su imagen definitiva, con muros vegetales frondosos, hasta verano de 2027

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Vitoria-GasteizHace casi ocho meses se inauguraba en Vitoria un insólito laberinto vegetal en el que, literalmente, era imposible perderse. En lugar de altos muros vegetales, dibujando un entramado de caminos y encrucijadas, para dificultar la orientación y la búsqueda de la salida de aquellos valientes que osaran aventurarse en su interior, el laberinto vitoriano se presentó al mundo con árboles pequeños y sin hojas, que permitían ver la salida desde la misma entrada.

Las críticas y las mofas llovieron sobre esta instalación: “Lo que pides y lo que te llega” o “hay más posibilidades de perderse circulando por las rotondas de Vitoria que en el laberinto”, fueron algunas de ellas.

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Los menos suspicaces llamaban, ya entonces, a la calma y a esperar a la llegada del buen tiempo por primavera, para comprobar si al brotar la vegetación, el polémico laberinto también rebrotaba.

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Así, en plena primavera, volvemos a visitarlo para comprobar si la naturaleza ha remediado el despropósito. La fotografía del antes y el después, evidencia que, en estos meses, el laberinto, que ocupa 4.000 metros cuadrados y está formado por más de 6.000 ejemplares de carpe, ha reverdecido y los setos han crecido unos centímetros. Si bien, aun no son lo suficientemente frondosos para dificultar la visibilidad ni cuentan con la suficiente altura.

Hasta verano de 2027 no habrá muros vegetales

Hay que tener en cuenta que el seto de carpe al año crece a un ritmo de entre 30 y 40 centímetros al año, con lo que aun habrá que esperar hasta que llegue a alcanzar una altura de 1,70 metros, y sea por fin, un auténtico muro vegetal.

Vitoria eligió para su laberinto vegetal plantar esta especie autóctona, “muy utilizada históricamente en Europa para formar setos y laberintos”, según el propio Ayuntamiento, y caracterizada por su resistencia, su capacidad para mantener la forma tras la poda y su belleza cambiante a lo largo del año. Porque, a pesar de ser árboles de hoja caduca, el carpe “mantiene su densidad durante todo el año” y eso sí, con el paso de las estaciones va tornando del verde intenso al dorado y al cobre.

No sabemos que hubiera pensado la primera botánica española, que vivió durante sus últimos años de vida en la capital alavesa, al conocer que este espacio natural, enclavado en el Jardín Botánico de Olarizu, llevaría su nombre, ‘Blanca Catalán de Ocón’. Probablemente, este homenaje dentro de una de las joyas verdes de la ciudad le hubiera emocionado más hoy que el pasado mes de octubre cuando el laberinto presentaba un aspecto bastante paupérrimo y poco prometedor.

Tal vez, para verano de 2027, cuando apuntan a que esta instalación lucirá en pleno esplendor, podamos por fin perdernos en su interior y, con suerte, el paso del tiempo nos haya hecho perder el recuerdo de su presentación al mundo, aquel laberinto que no era tal, pese a costar más de 470.000 euros.