O Pettit resiste desde prácticamente su apertura gracias al boca a boca y al olor de sus dulces
Rosa Cerchar espera recuperar su fachada antes de Navidad tras años de obras pendientes
Lo que para muchos negocios supondría un golpe definitivo, para O Pettit se ha convertido en una prueba de resistencia. Esta pequeña pastelería artesanal de A Coruña lleva más de cinco años conviviendo con un andamio situado delante de su fachada, una estructura que ha condicionado su visibilidad desde prácticamente el inicio de su actividad y que ha obligado a sus responsables a buscar nuevas formas de llegar a sus clientes.
El obrador abrió sus puertas en 2021 con la ilusión de hacerse un hueco entre los comercios del centro de la ciudad. Apenas habían pasado unos meses cuando montaron delante de su escaparate un andamio que acabaría marcando la historia reciente del negocio. Desde entonces, la fachada ha quedado parcialmente oculta y muchas personas que pasan por la zona no reparan en que detrás de la estructura metálica existe una pastelería con productos elaborados de forma artesanal.
Hemos hablado con Rosa Cerchar, responsable de O Pettit, que nos ha contado cómo les ha afectado esta situación durante estos cinco largos años. Según explica, uno de los principales problemas ha sido la pérdida de visibilidad, algo especialmente importante en un negocio en el que “el escaparate juega un papel fundamental para atraer nuevos clientes”, explica.

"La gente muchas veces bordea el andamio y ni siquiera llega a ver el escaparate", señala Cerchar. La repostera explica que, en este tipo de establecimientos, la primera impresión es clave: un producto colocado a la vista, una fachada atractiva o simplemente la curiosidad de quien pasa por delante pueden ser el primer paso para que alguien entre y descubra el negocio. Sin embargo, durante todo este tiempo, la estructura ha actuado como una barrera entre la pastelería y los viandantes y a ello se suma ahora la colocación de un anuncio que cubre toda la fachada del edificio . Rosa incluso asegura que es la referencia que les da a los clientes que se interesan por sus productos por teléfono: "Les digo siempre que estamos frente a la parada del bus tras un andamio", una descripción que espera dejar de ofrecer cuando por fin finalicen las obras del edificio contratadas supuestamente hace cinco años.
"La gente nos encuentra por el olor"
A pesar de las dificultades, O Pettit ha conseguido mantenerse gracias a dos grandes aliados: el boca a boca de los que han degustado sus delicatesen y el propio aroma del obrador. Rosa Cerchar asegura que muchos clientes llegan porque otras personas les recomiendan el local, pero también porque el olor que sale del interior acaba siendo una llamada de atención para quienes caminan cerca.
Entre todos sus productos, destaca especialmente la bica, un dulce tradicional gallego cuyo olor a canela se ha convertido en una de las señas de identidad del establecimiento. "La gente nos encuentra por el olor", explica la responsable del negocio, que considera que ese aroma ha sido una ayuda fundamental para compensar la falta de visibilidad provocada por el andamio.
Aunque la clientela habitual ha seguido apoyando el proyecto, Cerchar reconoce que la situación ha tenido consecuencias. La falta de presencia en la calle ha dificultado que nuevos clientes descubran la pastelería de manera espontánea, algo que resulta especialmente importante para un pequeño comercio que depende en gran medida del paso de personas por delante de su puerta.
Ahora, después de años de espera, parece que la situación podría empezar a cambiar. La colocación del resto del andamiaje en los pisos superiores del edificio apunta a que las obras de rehabilitación de la fachada están más cerca de comenzar. Un avance que devuelve cierta esperanza al negocio, aunque Rosa Cerchar mantiene la cautela después de una espera tan prolongada.
La repostera sospecha que todavía tendrán que pasar unos meses hasta recuperar la imagen habitual del local y calcula que no será hasta las próximas Navidades cuando puedan ver finalmente despejada la fachada. Hasta entonces, tendrán que seguir conviviendo con una estructura que, pese a las dificultades, se ha convertido en una parte inseparable de la historia reciente de O Pettit.
Mientras llega ese ansiado momento, el obrador continúa funcionando con normalidad, y sus clientes siguen acercándose para disfrutar de sus elaboraciones artesanas. Tartas, bollería, cruasanes y dulces tradicionales que sorprenden a los paladares más exquisitos, mantienen viva una pastelería que ha demostrado que, aunque un andamio pueda esconder una puerta y un escaparate, el sabor y el olor de un buen producto todavía encuentran la forma de llegar a la gente.

