Mascotas

Odie, el perro que se ha ganado su sitio entre los mayores de una residencia de O Carballiño, Ourense: “Es un residente más”

Odie es un golden retriever criado desde cachorro entre los residentes de la residencia Hermanos Prieto de O Carballiño. CEDIDA
  • Este Golden retriever llegó con apenas cuatro meses y cinco años después se ha convertido en uno más de la familia

  • Odie acompaña a los mayores, ayuda a quienes sufren deterioro cognitivo y avisa cuando alguien necesita asistencia

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Cada año, miles de perros son abandonados y muchos pasan meses esperando una segunda oportunidad que en algunos casos nunca llega. Odie, sin embargo, tuvo una historia muy distinta. Cuando apenas tenía cuatro meses llegó a una residencia de mayores de O Carballiño para convertirse en perro de acompañamiento y, cinco años después, ya nadie allí lo ve como una mascota. Es uno más de la gran familia de Hermanos Prieto, donde convive con 111 residentes, acompaña a quienes necesitan compañía, ayuda a estimular a las personas con deterioro cognitivo y hasta avisa a los trabajadores cuando alguno de los mayores se cae o necesita ayuda.

“Odie lleva cinco años con nosotros, llegó cuando tenía unos cuatro meses y ahora es un residente más”, explica Andrea Fernández, trabajadora social del centro. Una frase que resume cómo aquel cachorro que llegó para cumplir una función concreta terminó encontrando algo mucho más difícil de medir: un hogar y más de un centenar de personas que lo consideran uno de los suyos.

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No tiene habitación asignada ni aparece en los registros del centro, pero sí tiene su lugar favorito y sus rutinas diarias como cualquier usuario más. La decisión de incorporarlo partió de la dirección del centro, que buscaba una figura para acompañar a los mayores. Con el paso del tiempo, aquella apuesta ha demostrado tener un efecto que va mucho más allá de la compañía: “La labor principal de Odie es el acompañamiento, sobre todo ayuda mucho a las personas con deterioro cognitivo”, cuenta Andrea, que añade: “Además nos alerta cuando algún usuario se cae o necesita ayuda”.

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Un miembro más de esta gran "familia"

Odie no es un animal que va al centro durante unas horas y después regresa a casa. Vive allí. Esa es precisamente una de las características que lo hacen diferente de otros perros de acompañamiento. “Normalmente hay perros de acompañamiento que se van a su casa al finalizar la jornada, pero Odie es uno más en la residencia”, explica Andrea. “La experiencia de tenerlo de manera permanente ha sido muy enriquecedora para todos”, detalla.

Su presencia se ha integrado completamente en la rutina de los residentes. Está en los paseos, en las actividades y en los momentos de descanso. Y también tiene una relación especialmente estrecha con uno de ellos. André se ocupa de sus cuidados básicos, una responsabilidad que ha convertido la relación entre ambos en algo todavía más especial. El residente se encarga de darle de comer y beber y comparte con él numerosos paseos por la finca de la residencia. Para Andrea, el vínculo resume perfectamente lo que ha ocurrido con Odie desde que llegó: “Es el compañero ideal”.

Una alarma de cuatro patas

Pero Odie no solo aporta compañía y afecto. Su comportamiento ha sorprendido incluso a los trabajadores del centro por su capacidad para reaccionar cuando alguno de los mayores necesita ayuda. Cuando un residente se cae, el perro puede acercarse rápidamente y permanecer a su lado hasta que llega el personal: “Nos alerta cuando algún usuario se cae o necesita ayuda”, explica Andrea.

El animal permanece junto a la persona y ladra insistentemente para llamar la atención. Una reacción que, en una residencia donde viven personas con diferentes grados de dependencia, puede convertirse en una ayuda inesperada. Su papel adquiere todavía más importancia con quienes sufren deterioro cognitivo. La interacción con el perro consigue captar su atención, despertar emociones y, en algunos casos, cambiar su estado de ánimo en cuestión de segundos.

Cinco años creciendo entre mayores

Odie se ha criado rodeado de personas. No conoce otra realidad que la de la residencia y eso se nota en su comportamiento: busca constantemente el contacto humano y se mueve por las instalaciones con absoluta naturalidad. Para los trabajadores, esa convivencia explica buena parte del vínculo que ha desarrollado con los residentes. No es un visitante. Es parte de su día a día, y de ello dan buena cuenta en sus redes sociales.

También participa, a su manera, en las actividades del exterior. Cuando los mayores salen a la huerta del centro para trabajar con tomates, lechugas o calabacines, Odie aprovecha para correr y jugar. Los residentes, mientras tanto, encuentran en él un motivo más para levantarse, caminar, estirarse o simplemente acercarse a acariciarlo.

Y, por supuesto, también hay premios. Aunque los trabajadores saben que no deberían darle comida fuera de su dieta, algunos residentes no siempre pueden resistirse a ofrecerle alguna golosina a escondidas que Odie acepta encantado.

Cinco años después de aquella decisión de la dirección, en Hermanos Prieto tienen claro que Odie ya ha superado hace tiempo la categoría de mascota. Andrea lo explica así a Informativos Telecinco: “La directora decidió traer a Odie buscando una figura de acompañamiento y pasados los años hemos comprobado que ha sido una muy buena decisión”, sentencia.