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Los gusanos destrozan el mítico ecolaberinto de la Casa Grande de Xanceda, en A Coruña: "Los visitantes se quedan este año sin la actividad"

Casa Grande de Xanceda lleva 12 años utilizando agricultura de precisión para diseñar sus laberintos. CEDIDA
  • El gusano rosquilla y el gusano soldado han arrasado el cultivo de la granja ecológica de Mesía, que no podrá repetir este año una de sus actividades más esperadas

  • La sequía se sumó al ataque de las plagas y acabó frustrando un diseño realizado con agricultura de precisión que llevaba 12 años sorprendiendo a los visitantes

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Los visitantes tendrán que esperar un año más para perderse entre los caminos de maíz de Casa Grande de Xanceda. Dos pequeños enemigos se han adelantado este verano y han dejado sin cultivo el maizal que la granja ecológica de Mesía tenía previsto transformar en su tradicional ecolaberinto. El gusano rosquilla y el gusano soldado han devorado las plantas hasta hacer imposible mantener en pie una de las actividades que cada año esperan especialmente las familias que acuden a la explotación.

Este año hubo quien disfrutó el laberinto antes que nosotros”, explica con humor Sara Torreiro, responsable de marketing de Casa Grande de Xanceda, para describir el efecto de las plagas. La realidad, sin embargo, ha obligado a aplazar el proyecto hasta 2027 después de que el cultivo quedara completamente afectado.

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Doce años dibujando laberintos con el tractor

El ecolaberinto no es un simple maizal al que se le da forma. Casa Grande de Xanceda lleva 12 años utilizando agricultura de precisión para diseñar estos recorridos, mediante un programa informático que indica al tractor exactamente dónde debe sembrar y dónde tiene que dejar libres los caminos.

El resultado se descubre cuando el maíz alcanza suficiente altura y permite a los visitantes adentrarse en el cultivo para intentar encontrar la salida. La actividad suele desarrollarse desde agosto hasta finales de septiembre o comienzos de octubre, cuando el maíz se recoge para alimentar al ganado. Pero estos laberintos tienen además una particularidad: cada edición esconde un mensaje o una figura que puede apreciarse desde el aire.

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En anteriores ocasiones, los diseños han servido para lanzar mensajes relacionados con la actualidad o con el medio rural. En 2021, el maizal se convirtió en un gigantesco “¡Covid, piérdete!”, mientras que en 2023 el dibujo estuvo dedicado a los murciélagos y a su importancia para la agricultura ecológica. El año pasado, la figura elegida fue un tractor como homenaje a quienes trabajan y permanecen en el rural. Este verano estaba previsto repetir la experiencia con un nuevo diseño vinculado a la vida en el campo, pero el proyecto tendrá que esperar.

“Son riesgos ligados a lo ecológico”

El problema no ha sido únicamente la presencia de los gusanos. La falta de lluvia se ha unido al ataque de las plagas en un año especialmente complicado para el maíz, debilitando todavía más un cultivo que terminó completamente arrasado. Desde la granja han mostrado incluso imágenes tomadas con dron en las que puede comprobarse el estado en el que quedó la parcela después del paso de los insectos.

Al tratarse de un cultivo ecológico, las posibilidades para combatirlos son además más limitadas. No pueden utilizar herbicidas ni insecticidas convencionales, aunque sí disponen de un producto autorizado que permite “atontar” a los gusanos para tratar de frenar su avance y dar tiempo a las plantas para recuperarse. En esta ocasión, no fue suficiente. “Son riesgos ligados a lo ecológico”, explica Torreiro, que resume el problema de este año en una frase: “Se nos juntó la sequía a las plagas”.

Los visitantes pierden el laberinto y las vacas, parte de su comida

La ausencia del ecolaberinto tiene una doble consecuencia para la granja. Por un lado, los visitantes se quedan este año sin una actividad que se había convertido en una de las más esperadas, especialmente entre las familias. “Siempre es una actividad que todo el mundo espera porque es muy divertida y este año los visitantes se quedan sin ella”, señala la responsable de marketing.

Pero el problema también afecta al propio funcionamiento de la explotación. El maíz utilizado para crear el laberinto termina formando parte de la alimentación de las vacas, por lo que la pérdida del cultivo supone también quedarse sin el alimento que estaba previsto obtener de esa parcela.

A ello se suma el impacto para la propia campaña de la granja, que había preparado alrededor del nuevo laberinto una acción de publicidad para este verano: “En marketing nos quedamos sin una pata importante de una campaña muy guay que íbamos a sacar”, reconoce la responsable de comunicación gallega.