El sastre senegalés que se abrió camino en Ourense: "A mucha gente le parece raro ver a un hombre cosiendo"

Llegó de Dakar en 2010, dejó atrás su taller y a su familia y hoy regenta O'Xastre, donde tiene más clientas que clientes
Su máquina de coser le ha permitido construir una nueva vida en Ourense, aunque reconoce que echa de menos a su familia
En España estamos acostumbrados a encontrar a muchos senegaleses buscándose la vida en la venta ambulante o trabajando en sectores como la construcción. Mucho menos habitual es encontrarlos detrás del mostrador de su propio negocio de costura, como Ousseynou Gueye, que regenta desde hace cinco años un taller en Ourense. No es extraño, por eso, que a algunos clientes todavía les sorprenda verle cosiendo: es un hombre en un oficio que muchos siguen asociando a las mujeres y, además, un hombre africano. Él lo ha vivido en primera persona y lo confirma a Informativos Telecinco: "Todavía hoy a mucha gente le parece raro ver a un hombre cosiendo".
Llegó a España en 2010 desde Dakar, con 40 años y dejando atrás un taller de costura que ya tenía en Senegal. Un amigo le había hablado de las oportunidades que podía encontrar aquí, pero el comienzo no fue sencillo: no hablaba español y tuvo que empezar prácticamente de cero.
Hoy, 16 años después, tiene su propio negocio en la Rúa Moratín de Ourense; se llama O'Xastre y allí realiza arreglos y confecciona prendas, aunque hay un estereotipo que no ha cambiado: la mayoría de quienes atraviesan su puerta son mujeres: "Tengo más clientas que clientes, sobre todo son las mujeres las que vienen a arreglar sus prendas", cuenta Ousseynou a Informativos Telecinco.
"Todavía hoy a mucha gente le parece raro"
Su historia ya había llamado la atención de Faro de Vigo, que recogía cómo algunos clientes se sorprendían al descubrir que detrás de la máquina de coser había un hombre. Ousseynou lo confirma ahora a Informativos Telecinco. "La gente que viene por primera vez se queda un poco asombrada", explica.
Al principio, esos prejuicios llegaron a convertirse en una barrera más para alguien que ya tenía que enfrentarse al idioma y a las dificultades de empezar una nueva vida lejos de casa. Recuerda especialmente a una clienta que entró en el establecimiento buscando a la responsable del negocio. Cuando Ousseynou le explicó que el jefe era él, su reacción fue de sorpresa. Con el tiempo, sin embargo, el trabajo acabó hablando por él. La confianza de los clientes fue creciendo y hoy su oficio se ha convertido en su forma de vida en una ciudad donde, asegura, se siente “muy querido”.
Un oficio aprendido de su padre
La pasión por la costura le viene de niño. Su padre era sastre y Ousseynou pasaba las tardes en su taller después de salir del colegio, observando cómo trabajaba. Aunque su padre falleció cuando todavía era joven, quienes habían trabajado con él continuaron enseñándole el oficio. Aquella experiencia terminó marcando su futuro. En Senegal llegó a tener su propio taller. Pero en 2010 decidió vender la máquina, dejar el negocio y emprender un viaje hacia España en busca de nuevas oportunidades.
Pasó primero por Madrid y después por A Coruña hasta instalarse definitivamente en Ourense. Trabajó en distintos talleres y también en un almacén de telas, donde se dedicaba a confeccionar cortinas y realizar arreglos, hasta que hace cinco años dio el paso de abrir su propio local.
Un negocio que también atrae a turistas
En O'Xastre hace prácticamente todo tipo de arreglos y confecciona diferentes prendas, aunque evita los vestidos especialmente complejos porque “requieren mucho tiempo”, asegura.
Las prendas que confecciona él mismo tienen además otro público: la gente que visita la ciudad: "Vendo sobre todo a los turistas", explica, y parte de su colección la muestra incluso en las redes sociales, demostrando que también en ese sentido ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.
Pero el éxito profesional no borra la parte más difícil de su historia: su familia sigue en Senegal. Su mujer y sus tres hijos permanecen en Dakar, a unos 3.369 kilómetros de distancia. Ousseynou decidió que sus hijos continuaran allí con sus estudios y trabajos y, de momento, mantiene su vida dividida entre Ourense y el recuerdo de su país.
No sabe exactamente cuándo podrá regresar; calcula que tendrán que pasar al menos cinco o seis años, aunque reconoce que es imposible poner una fecha concreta: "Uno sabe cuándo viene, pero no cuándo regresa", explica con cierta melancolía. Lo que más echa de menos de Dakar no es un lugar concreto ni una costumbre: es a su familia.
La comida, en cambio, la tiene algo más a mano. Cada dos semanas aproximadamente cuenta que llegan productos de Senegal a un locutorio situado junto a su tienda, así que puede seguir encontrando algunos sabores de su país sin necesidad de recorrer los miles de kilómetros que lo separan de su tierra natal. Mientras tanto, Ousseynou continúa cosiendo de lunes a sábado, en horario de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, y sorprendiendo a quien se anima a entrar a su colorido establecimiento.
