El líder chino, Xi Jinping, recibe en Pekín al presidente ruso, Vladimir Putin, con la misma pompa que a Donald Trump días antes

El protocolo chino ha sorprendido con ceremonias muy parecidas por su grandiosidad a los presidentes de Estados Unidos y Rusia
Los gestos de la cumbre entre China y EEUU: del largo apretón de manos al asombro de Trump por Xi Jinping
La llegada de Vladímir Putin a Pekín, apenas cinco días después de la visita de Donald Trump, ha permitido observar cómo China gestiona la recepción de dos líderes enfrentados, pero relevantes para los intereses estratégicos de Xi Jinping. Aunque ambos mandatarios fueron recibidos con el habitual despliegue ceremonial chino, el viaje de Putin tiene un peso distinto ya que, se trata de una visita marcada por la necesidad de reforzar sus vínculos energéticos tras las sanciones occidentales.

Honores similares a ambos líderes
Putin viaja a Pekín con un objetivo central como es el de asegurar la cooperación de Xi para redirigir hacia China el crudo y el gas que antes se exportaba a Europa. Para ello, Rusia aspira a cerrar avances en la construcción de un gran gasoducto que conecte ambos países y garantice una salida estable para sus hidrocarburos. En este contexto, la visita adquiere un valor estratégico que va más allá del simbolismo diplomático.
En el plano protocolario, las diferencias entre las recepciones a Trump y a Putin fueron mínimas. China desplegó para ambos líderes el habitual recibimiento solemne que caracteriza sus encuentros de alto nivel: honores en la pista nada más bajar del avión, presencia de autoridades, y una cuidada puesta en escena que subraya la importancia de la relación bilateral. Como señalan los expertos, la cultura política china concede gran relevancia a estas ceremonias, independientemente del perfil del visitante.
La agenda de Putin incluyó una bienvenida en la plaza de Tiananmen y una reunión en la sede del Gobierno chino, en la misma mesa de gran relevancia institucional utilizada días antes para el encuentro con Trump. El paralelismo refuerza la idea de que Pekín busca proyectar equilibrio en su relación con Washington y Moscú, incluso en un momento de tensiones globales.
