Rumanía intentó interceptar el dron ruso con aviones F-16 pero volaba demasiado bajo

El Gobierno de Rumanía se ha dirigido a la OTAN reclamando un refuerzo urgente de sus capacidades antidrones
Las claves de la guerra en Ucrania, cuatro años después: drones, desgaste ruso y un frente que cambia
Rumanía se ha despertado sobresaltada este viernes por el impacto de un dron ruso en su territorio. Ha sido en la ciudad de Galatí. El arma recorrió unos diez kilómetros dentro del espacio aéreo del país antes de estrellarse contra un edificio residencial mientras los vecinos dormían. Dos personas resultaron heridas: una mujer y un adolescente.

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El incidente ha sido calificado por el Gobierno de Bucarest como una escalada grave e irresponsable por parte de Rusia, aunque las autoridades militares han matizado que no lo consideran un ataque deliberado contra territorio rumano, sino una consecuencia directa del conflicto que se libra a escasos kilómetros de su frontera.
En cuanto el aparato cruzó el límite aéreo, Rumanía activó a sus cazas F‑16 para interceptarlo. Sin embargo, el dron volaba a una altura tan baja que derribarlo habría supuesto un riesgo para la población civil. Esa limitación operativa ha llevado al Ejecutivo rumano a solicitar a la OTAN un refuerzo urgente de sus capacidades antidrones, un ámbito que se ha convertido en prioritario para los países aliados situados en el flanco oriental.
El episodio no es aislado. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, varios Estados miembros de la Alianza han sufrido la caída de proyectiles o drones vinculados al conflicto. El caso más grave se produjo en Polonia en 2022, cuando dos agricultores murieron tras el impacto de restos de un misil de la defensa antiaérea ucraniana. También los países bálticos, Finlandia y la propia Rumanía han registrado incursiones accidentales de drones en su territorio en los últimos años.
