La emoción de los bomberos instantes después de sacar a Hernán con vida: "Todos pusimos un granito de arena"
Los bomberos se abrazaban e incluso algunos rompieron a llorar al ver a Hernán Gil por fin liberado
Rescatan con vida a Hernán Gil, sepultado durante más de una semana bajo ocho plantas por el terremoto en Venezuela
Han sido ocho días de desesperación, pero también de esperanza a Hernán desde escuchó las voces de bomberos portugueses y ellos le escucharon a él. Desde entonces, se movilizó un gran operativo para tratar de rescatarle y en un primer momento, detallaron que sería rápido.
Sin embargo, este jueves es cuando por fin Hernán Gil ha podido ser liberado de la garita de seguridad que salvó su vida durante el derrumbe de uno de los edificios tras la sucesión de terremotos en La Guaira. El guardia del centro comercial, con 43 años se ha convertido en un verdadero símbolo de fuerza y valentía en mitad de tanto caos y tragedia.
Ha aguantado ocho días enteros sepultado bajo un minúsculo hueco que soportaba 140 toneladas del edificio de ocho plantas a medio derrumbar y por el que tuvieron que renunciar el operativo de rescate decenas de veces. Por eso, con las primeras imágenes de Hernán, en una camilla, con los ojos abiertos y siendo consciente de todo, era imposible evitar romperse a llorar ante un hecho que ya es histórico en Venezuela.
100 bomberos de diferentes nacionalidades unidos con el mismo objetivo
Al menos 100 bomberos de diferentes nacionalidades han trabajado durante días en este rescate, pero finalmente las autoridades chilenas son las que han conseguido, con la ayuda de todos ellos, rescatar al superviviente. Para ello han tenido que ir cavando un túnel para acceder hasta donde estaba Hernán, pero por debajo. Cada vez que avanzaban iban asegurando la estructura con vigas de madera, protegiendo al atrapado y también sus propias vidas de un muy posible derrumbe.
Todos ellos han conseguido descifrar el laberinto en el que se había convertido el refugio de Hernán y en sus caras se veía el alivio de poderle ver fuera de aquella pesadilla. Ha sido un momento muy emotivo, en el que se han visto abrazos, se han visto lágrimas, se han visto sonrisas, pero sobre todo se ha visto a muchas naciones unidas con un mismo objetivo y volcadas en una tragedia más de todo un país roto.
“Al final en este tipo de trabajo es tal el nivel de complejidad que muy posiblemente podría haber mucho por mejorar, pero creo que eso es algo normal en la vida”, decía uno de los trabajadores de la Cruz Roja, mientras reconocía el trabajo de otros países como “Chile, Portugal, Estados Unidos”: “Esto se convierte en que no existe solo una camisa. Todos pusimos un granito de arena y aquí cuentan hasta los que están detrás de un escritorio”.