El día antes de que la rutina saltara por los aires: así vivieron Ethan, John o Layla el último lunes de las Torres Gemelas
El 10 de septiembre de 2001 fue un día cualquiera para los trabajadores de las Torres Gemelas sin saber que sería el último
Cerca de 3.000 drones dibujan las Torres Gemelas en el cielo de Nueva York por el 25 aniversario del 11-S
El 10 de septiembre de 2001 fue un día cualquiera en Nueva York. Era lunes y como cada mañana, Ethan, caminaba hacia su trabajo en las Torres Gemelas sin saber que al día siguiente el peor atentado de la historia haría saltar por los aires la rutina. Su oficina está en el piso 87 de la Torre Norte, pero eso no importaba.
Layla es recepcionista, acostumbrada a verlo a diario, si siquiera levanta la mirada. En el rincón del desayuno, John se prepara su primer café o puede que el segundo. Son casi las 9:05 de la mañana y unas plantas más arriba, en la 92, Trisha felicita a una compañera y contempla las vistas antes de sentarse. Se siente privilegiada por trabajar a más de 400 metros de altura.
Cada día, 50.000 empleados llenan estas torres, casi la misma cantidad de turistas que pagan 13,50 dólares para asomarse a la ventana del mundo. Igual que una familia que pensaba ir al día siguiente, pero ha cambiado de planes. Suben hasta el piso 106, donde nada se interpone en el paisaje. En la planta baja, unos aprovechan para comer, otros recorren las tiendas. Ya son las 17:00 horas de la tarde. ¿Hora de apagar el ordenador? El trabajo aún se amontona en el escritorio de Ethan, pero ya mañana será otro día, 11 de septiembre. Nadie se imaginaba que será el último de las Torres Gemelas.