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José Luis Criado, el notario que ha ganado su tercer Dakar a los 68: “Desde el 91, me han secuestrado en Mauritania y encarcelado en Nigeria"

José Luis Criado con el camión con el que ha ganado su tercer Dakar seguido. Team KH7
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José Luis Criado (68 años) pasa su día a día entre libros de leyes, firmas y despachos. Sin embargo, para este notario que ejerce en Roca del Vallès, la vida va mucho más allá de la oficina. Desde allí sueña con gasolina, arena y dunas: es en el desierto donde encuentra su verdadera razón de ser. Por eso, cada mes de enero se sube a su camión para volver al Dakar, la aventura más grande del motor y una de las pruebas más duras del deporte mundial.

Una carrera que conoce al dedillo y en la que se ha llevado muchas alegrías, pero nada como lo vivido en las tres últimas ediciones. Tres años seguidos en los que ha levantado el Touareg que reconoce al ganador de la carrera. Junto a Jordi Juvanteni y Xavi Ribas, Criado se ha proclamado vencedor en la categoría Mission 1000. “Después de 35 años aquí, la ilusión sigue siendo la misma que el primer día. Hemos trabajado muy duro para superar los retos de este año y el espíritu de equipo ha sido clave”, destaca el notario tras el triunfo final.

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Criado es el español más veterano en la carrera más exigente del planeta. A sus espaldas suma 35 ediciones en las que ha visto y sufrido prácticamente de todo. Desde su debut en 1991 ha sido secuestrado en Mauritania —donde le encañonaron frente a un paredón—, encarcelado en Nigeria y perdido durante 18 días en una selva africana. Un historial que, en boca de otro, sonaría exagerado, pero que en él se cuenta con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con el riesgo.

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Siempre hay una motivación

Aventuras que, a los 68 años, darían para una serie de Netflix o para quedarse en el sillón contándolas a amigos y nietos. Pero José Luis tiene motor para más y no se ve dejando su gran pasión. “Cuando la gente viene al despacho a hacer su testamento siempre les digo que cada edad tiene el suyo. Cuando eres joven quieres proteger a tus hijos y a tu pareja; cuando te haces mayor lo enfocas de otra manera. Aquí pasa igual: mi motivación ahora no es la misma que cuando tenía 32 o 33 años, cuando corrí por primera vez”.

La frase encierra una idea clave: Criado no corre hoy como lo hacía en los noventa. Ya no busca demostrar nada ni competir contra el cronómetro como si se jugara el futuro. Corre de otra forma. Más estratégica, más consciente, más adaptada a un cuerpo que ya no es el mismo, pero a una cabeza que sigue tan despierta como siempre.

Más de tres décadas entre rocas, arena, averías y peligro le han llevado a situaciones límite. “Nos secuestraron en el Paso del Elefante, en Mauritania. Nos bajaron de los camiones, nos apuntaron con rifles y nos tuvieron allí varias horas. Luego nos pusieron en fila, como para fusilarnos. Yo me despedí de mi compañero. Al final no pasó nada: nos robaron y nos dijeron ‘el año que viene esperamos que volváis, porque volveremos a robaros’”.

No fue la única vez que vio de cerca el lado más oscuro del viaje. “También estuvimos dos días en una cárcel de Nigeria por un problema burocrático. Lo pasamos mal, pero al final el género humano siempre tiene un precio y los carceleros nos dejaron salir por unas monedas”.

Experiencias así explicarían que cualquiera decidiera no volver jamás. Pero Criado sigue regresando año tras año. Entonces, ¿qué empuja a un hombre de 68 años a enfrentarse a una prueba tan extrema, física y mentalmente? Él mismo reconoce que su respuesta ha ido cambiando con el tiempo. “Al principio era pura aventura, el motor, el viaje. Luego llegó la competición, los equipos grandes. Y ahora me motiva sobre todo el desarrollo tecnológico que hacemos con nuestro camión”.

El Dakar de hoy ya no es el de sus inicios. La navegación, la ingeniería, la fiabilidad mecánica y la gestión de la carrera pesan casi tanto como el coraje. Y ahí es donde Criado ha encontrado una nueva manera de seguir siendo competitivo sin exigirle al cuerpo lo que ya no puede dar.

El paso del tiempo se nota. El cuerpo ya no responde igual, pero la ilusión sigue intacta. “No es lo mismo físicamente. Todo se va desgastando, pero también aprendes a adaptarte. Como un futbolista veterano que economiza fuerzas. Quizá te dé más pereza venir, pero cuando estás aquí se te olvida todo”.

Una vida a miles de kilómetros del desierto

En ese punto aparece algo que muchos de su generación reconocen: la mezcla de cansancio y entusiasmo. La conciencia de los límites y, al mismo tiempo, la negativa a dejar que esas fronteras lo definan todo. Durante el resto del año, su vida está a miles de kilómetros del desierto. “Mi mujer dice que la notaría es una tapadera”, bromea. “Es una profesión maravillosa y la quiero con locura, pero cuando toca, soy piloto. Me entrego igual a las dos cosas”.

Criado no vive el Dakar como una huida de su vida real, sino como una parte esencial de ella. El notario y el piloto no compiten entre sí: se complementan. Quizá por eso ha logrado mantener durante tanto tiempo una carrera profesional estable y, al mismo tiempo, una pasión tan exigente.

La edad, para él, no es un freno, sino una forma distinta de entender el riesgo. Ya no corre para sentir que está vivo: corre porque ha aprendido que eso es lo que le mantiene vivo.

“Aquí pienso: ‘¿qué demonios hago yo metido en esto?’. Y luego recuerdo por qué vengo: la camaradería, el compañerismo, el desierto… A mí me sirve para reciclarme, para cargar pilas. Con 68 años espero seguir algunos más, mientras la cabeza, el cuerpo y la familia me lo permitan”.

Mientras muchos de sus coetáneos hacen planes para retirarse, José Luis Criado sigue haciendo planes para el próximo enero. No compite contra otros pilotos, sino contra una idea mucho más peligrosa: que hay una edad para dejar de desear cosas grandes. Él prefiere seguir perdiéndose en el desierto antes que perderse a sí mismo.