La cueva escondida de Burgos con una ermita y 110 km de pasadizos

En Burgos se esconde uno de los mayores complejos subterráneos de Europa, un laberinto natural donde geología, arqueología y espiritualidad se entrelazan
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MadridEn la provincia de Burgos, bajo un paisaje aparentemente tranquilo de roca caliza y vegetación, se encuentra uno de los complejos subterráneos más impresionantes de España: Ojo Guareña. Un monumento natural que tiene más de 110 kilómetros de galerías interconectadas, una ermita excavada en la roca y restos arqueológicos que evidencian la presencia humana desde hace decenas de miles de años.
Este sistema kárstico no solo es una curiosidad geológica, sino que también se trata de un enclave arqueológico, ecológico y cultural único, que ha intrigado a científicos, espeleólogos y viajeros por igual.
Un mundo bajo tierra
El Monumento Natural de Ojo Guareña se extiende en la comarca burgalesa de Las Merindades, en las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica. Es uno de los sistemas kársticos más extensos de Europa y el segundo mayor de la Península Ibérica con multitud de niveles de galerías subterráneas conectadas entre sí. En 1996, fue declarada Monumento Natural por la Junta de Castilla y León por su valor geológico, ecológico e histórico.
Este gigantesco entramado de cuevas se formó hace millones de años por la acción del agua subterránea, sobre todo por los ríos Guareña y Trema, que se infiltra a través de la roca caliza y excava pasadizos, salas y simas de enorme complejidad. La red principal está compuesta por al menos 14 cavidades interconectadas que suman más de 110 kilómetros de galerías que se encuentran en varios niveles, y todavía se encuentran en expansión según los espeleólogos avanzan y cartografían nuevas zonas.
La formación de Ojo Guareña es un ejemplo típico de paisaje kárstico: el agua, mediante filtración, va disolviendo lentamente el carbonato de calcio y crea cavidades, galerías y formas subterráneas características como estalactitas y estalagmitas.
Este es un proceso de millones de años, que no solo ha generado un laberinto de pasadizos, sino que también forma fenómenos hidrológicos y geomorfológicos excepcionales que han permitido que corrientes de agua subterráneas sigan modelando el espacio hasta ahora. La complejidad de esta red y su extensión hacen que Ojo Guareña sea un lugar fascinante para espeleólogos y amantes de la geología.
Estas cuevas no han sido un simple accidente natural inexplorado, también han sido utilizadas por el ser humano desde tiempos muy remotos. Los hallazgos arqueológicos en las diferentes cavidades revelan la presencia de humanos desde al menos el Paleolítico Medio, con herramientas líticas, fragmentos de cerámica y pinturas rupestres distribuidas en diferentes áreas del complejo.
En la cueva de Prado de Vargas se han encontrado restos de la industria musteriense, atribuidos a homínidos hace unos 70.000 años. En otras cavidades, como Kaite o la Sala de la Fuente, hay pinturas y dibujos antropomorfos y zoomorfos que abarcan desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce, un reflejo de la relación entre los antiguos habitantes y este espacio. Además, existen evidencias de ocupación humana desde la prehistoria hasta la Edad Media.
La ermita de San Bernabé: espiritualidad en las entrañas de la tierra
Uno de los principales atractivos del complejo es la Ermita de San Bernabé, una capilla excavada directamente en la roca dentro de una cavidad principal. Este santuario fue creado durante el siglo XVIII y construido sobre un sitio que, posiblemente, había sido un refugio tiempo atrás.
La ermita conserva pinturas murales y un retablo barroco, y su arquitectura rústica contrasta enormemente con la silenciosa grandiosidad del sistema subterráneo. Visitar San Bernabé es, para muchos, una manera de experimentar cómo la fe y la naturaleza se unieron en un lugar inesperado. Hoy en día, esta ermita y su cueva asociada, forman parte de las pocas zonas del complejo que están adaptadas para el turismo general con pasarelas y un acceso guiado.
En cuanto al resto de cuevas, solo una parte del laberinto está abierta al público en visitas guiadas. Sin embargo, espeleólogos y expertos han cartografiado gran parte de los pasadizos, con nuevas regiones descubiertas continuamente. El sistema ofrece formaciones de salones inmensos, galerías de múltiples niveles y conexiones que desafían incluso la experiencia de exploradores expertos.
Más allá de su valor geológico e histórico, Ojo Guareña es también un ecosistema subterráneo excepcional. En sus túneles habitan numerosas especies de invertebrados, muchas de ellas únicas en el mundo, adaptadas a la vida en la penumbra kárstica. Murciélagos, diferentes especies de insectos cavernícolas y una compleja red de fauna microbiana hacen de este sistema un laboratorio vivo de la evolución y adaptación biológica.
Dentro de Ojo Guareña se han identificado alrededor de unas 400 cuevas, aunque no todas están conectadas entre sí. Solo unas pocas, como Cueva Palomera, donde permiten experiencias espeleológicas más profundas bajo supervisión especializada.

