Bienestar

Los beneficios terapéuticos de la cerámica en la edad madura: de la coordinación al mindfulness

Modelar barro puede reducir el estrés y favorecer la atención plena. Freepik
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MadridHay materiales que invitan a bajar el ritmo sin darse cuenta. El barro es uno de ellos. Con solo tocarlo, las manos se concentran, la respiración se relaja y la atención se sitúa en el momento presente. Durante la edad madura, cuando el tiempo se vive de otra forma y el cuerpo pide actividades que sumen sin exigir, la cerámica aparece como algo más que un pasatiempo creativo: se convierte en un espacio de calma, expresión y cuidado personal.

Lejos de ser una moda pasajera, trabajar con arcilla está despertando el interés de profesionales de la salud, terapeutas ocupacionales y programas de envejecimiento activo. La razón es simple: la cerámica combina movimiento fino, estimulación mental, contacto sensorial y socialización, una mezcla poco habitual en una sola actividad. Modelar, girar, alisar o esmaltar no sólo da forma a objetos; también activa la coordinación, ordena los pensamientos y genera una sensación de bienestar difícil de explicar, pero sencilla de reconocer.

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La ciencia comienza a poner palabras a lo que muchos alumnos de talleres ya saben por experiencia propia. Estudios sobre creatividad, arteterapia y mindfulness señalan que crear con las manos puede reducir el estrés, mejorar la atención y favorecer el equilibrio emocional. En este sentido, la cerámica sobresale por su carácter tangible y pausado, ofreciendo beneficios que van desde el mantenimiento de la destreza manual hasta una práctica cercana a la atención plena.

Coordinación, destreza y “gimnasia” fina para las manos

La cerámica es, en esencia, una coreografía de manos. Pinzar, alisar, unir, cortar con hilo, texturizar… Son gestos pequeños, repetidos, que entrenan coordinación ojo-mano, fuerza de presión y control de movimientos finos. En terapia ocupacional se utilizan actividades “con propósito” para rehabilitar o mantener función manual, y la cerámica encaja especialmente bien porque obliga a usar patrones de agarre y pinza muy variados.

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Un estudio publicado en The Open Journal of Occupational Therapy analizó qué tipos de agarres y pinzas se utilizan en las distintas tareas en cerámica con el objetivo de ayudar a terapeutas a seleccionar actividades útiles para intervenir con las manos. El interés no es “hacer terapia” en un taller, sino entender que, en la práctica, una sesión de cerámica puede equivaler a un entrenamiento funcional de la mano por la diversidad de gestos implicados.

Atención, planificación y estimulación cognitiva

Hacer cerámica no es solo “manos”: también es planificación y resolución de problemas. Hay que decidir una forma, anticipar la contracción del barro al secar, calcular grosores para evitar grietas, recordar tiempos y adaptarse cuando algo sale diferente a lo previsto, que suele pasar bastante. De esta manera, se entrenan funciones ejecutivas de manera natural.

Las intervenciones basadas en artes pueden contribuir al bienestar psicológico. Una revisión reciente sobre intervenciones basadas en actividades artesanales concluye que hay evidencia de beneficios sobre salud mental y bienestar, aunque pide más investigación de alta calidad para afinar qué funciona mejor y por qué.

La creatividad baja el cortisol

Un estudio muy citado en el ámbito de arteterapia observó que 45 minutos de creación artística se asociaron a una reducción significativa del cortisol en adultos sanos, independientemente de la experiencia previa.

Aunque ese estudio no se limita solo a la cerámica, su conclusión sí que apoya algo relevante: crear con las manos puede tener un efecto biológico de “descenso de revoluciones”. Y la cerámica, por su componente sensorial y su ritmo, es especialmente ideal para este tipo de regulación.

Mindfulness sin incienso: el “aquí y ahora” del barro

El mindfulness no es únicamente meditar sentado; también puede aparecer en actividades que absorben la atención sin tensión. Con el barro ocurre a menudo: si se piensa otra cosa, la pieza se desmorona, descentrarse del torno o la unión puede quedar débil. Es una práctica muy concreta de presencia.

Hay investigaciones exploratorias que han tratado de medir esa conexión entre trabajo con arcilla y componentes de mindfulness, describiendo cómo la práctica favorece estados de atención plena y conexión sensorial.

Expresión emocional y regulación

La cerámica tiene otra ventaja: permite expresar sin tener que verbalizar. Escoger una forma, una textura, un esmalte o incluso aceptar una imperfección puede funcionar como una vía de expresión emocional no verbal. En arteterapia, la arcilla se utiliza desde hace décadas precisamente por esa cualidad: es maleable, admite cambios, y también simboliza control o pérdida del mismo de manera muy tangible.

Comunidad, vínculo y terapia social

El bienestar no depende solo de la salud física: la conexión social es un factor importantísimo. Los talleres de cerámica, por su dinámica, facilitan un tipo de relación especialmente amable: cada persona está concentrada en su pieza, pero hay conversación, ayuda espontánea, risas cuando algo se rompe y orgullo compartido cuando algo sale bien. Puede mejorar el bienestar y reducir el malestar psicológico, en parte, por la combinación de actividad con sentido y pertenencia.