Viajes

Elegir mal la hora del vuelo puede condicionar el primer día de las vacaciones

Un avión despegando
Un avión despegando. Telecinco.es
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Imaginemos que el comparador de vuelos ofrece dos opciones para el mismo trayecto Madrid-Roma. La primera sale a las 6:15 de la mañana y llega antes de las 9:00 al hotel. La segunda, con salida a las 22:30, cuesta cuarenta euros menos y aterriza pasada la una de la madrugada. La reacción intuitiva sería reservar la segunda opción, aprovechar el ahorro y confiar en que unas horas de mal dormir no van a estropear el conjunto del viaje. 

Los datos del sector, sin embargo, cuentan una historia distinta. La franja horaria elegida para el vuelo determina, con márgenes cuantificables, tres variables que la mayoría de viajeros no tiene en cuenta a la hora de reservar: la probabilidad estadística de sufrir un retraso, el impacto fisiológico sobre el ritmo circadiano durante los días siguientes y el aprovechamiento efectivo del primer día en destino. El ahorro de cuarenta euros puede acabar traducido en varias horas de sueño perdido, una noche entera de desajuste horario y un día menos de vacaciones útiles.

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Los datos del retraso

Kayak publicó a principios de este año un análisis con los datos completos de retrasos registrados en los aeropuertos españoles durante 2024. La conclusión es tajante: los vuelos con salida entre las 5:00 y las 7:00 de la mañana registraron solo un 6% de probabilidades de retrasarse. Los que salieron temprano por la tarde y tarde por la noche superaron el 41% de retrasos. Los aeropuertos españoles en su conjunto empeoraron un 7% respecto al año anterior en el capítulo de puntualidad, mientras que las cancelaciones apenas variaron. La ruta más problemática entre los destinos españoles fue Miami, con un 43% de vuelos retrasados y un tiempo medio de espera de cuarenta minutos. Londres Gatwick alcanzó el 57% de retrasos, con demoras medias de 37 minutos.

Esta situación tiene una explicación sencilla: los aviones que abren la jornada operativa parten con la programación limpia, sin el arrastre de incidencias acumuladas durante el día. Los vuelos de tarde y noche heredan retrasos de rotaciones anteriores, cierres puntuales de espacio aéreo, tormentas convectivas de formación vespertina y la propia saturación de los aeropuertos en horas punta. El tiempo medio de retraso de los vuelos anteriores a las ocho de la mañana en los grandes aeropuertos analizados no supera los diez minutos. A partir de esa hora, sube a veinte. Después de las cinco de la tarde, se dispara.

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Archivo - Avión de Iberia despegando

El precio biológico de las horas extremas

El vuelo de las 6:15, sin embargo, tiene su propia contrapartida menos comentada. Levantarse a las 3:30 de la madrugada para llegar al aeropuerto con dos horas de antelación deja al viajero con una desventaja de entre 30 y 50 minutos en su ritmo circadiano el primer día del viaje. La combinación de sueño escaso, madrugón forzado y estrés previo al vuelo produce un cansancio acumulado que no se resuelve con una siesta en el hotel al llegar, sino que arrastra buena parte del primer día. 

El vuelo de las 22:30 desemboca en el escenario opuesto pero equivalente: llegada al hotel de madrugada, primera noche recortada, agotamiento del día siguiente. Y para trayectos que atraviesan más de tres husos horarios, el jet lag propiamente dicho añade una capa adicional. La recuperación del ritmo biológico avanza a un ritmo aproximado de una hora u hora y media al día. Una diferencia horaria de seis franjas requiere entre seis y nueve días de adaptación completa, prácticamente la duración total de las vacaciones medias de un trabajador español.

Cuándo aterrizar para no perder el primer día

La franja óptima de llegada al destino es aquella que permite hacer el check-in en el hotel entre las 15:00 y las 17:00 hora local. Aterrizar antes de esa franja obliga a esperar horas con el equipaje en zonas comunes hasta que la habitación esté disponible. 

Aterrizar después de las 20:00 elimina prácticamente el primer día como jornada útil: los restaurantes fuera de las zonas turísticas suelen cerrar sus cocinas entre las 22:00 y las 23:00 en la mayor parte de Europa, las oficinas de información turística ya han cerrado y las actividades culturales del destino no admiten organización espontánea. Aterrizar por la mañana muy temprano permite dejar el equipaje en el hotel, aprovechar el resto de la jornada con paseos, comida ligera y siesta breve controlada, y llegar en condiciones a la primera cena en destino.

De este modo, para vuelos de corta duración dentro de Europa, la franja óptima de salida es entre las 7:00 y las 10:00 de la mañana, con llegada a destino antes del mediodía. Para vuelos transatlánticos hacia el oeste, el vuelo diurno con salida hacia mediodía y llegada al destino por la tarde permite adaptarse al nuevo horario sin sacrificar la primera noche. Para vuelos hacia el este el vuelo nocturno con sueño obligado durante el trayecto es la única fórmula que permite llegar en condiciones a un destino cuya hora local sitúa la llegada por la mañana. El ahorro de los horarios menos deseados rara vez compensa las horas de vacaciones que nos hace perder.