Salud mental

Silvia Vidal, psicóloga: "Las personas con depresión funcional aparentemente están bien, pero por dentro no pueden más"

Silvia Vidal, psicóloga sanitaria, divulgadora en @queridaneurona y autora de 'Abraza tus miedos'
Silvia Vidal, psicóloga sanitaria, divulgadora en @queridaneurona y autora de 'Abraza tus miedos'. Cedida
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La incidencia de la depresión no deja de aumentar. Se trata de uno de los trastornos mentales más frecuentes y, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), su prevalencia creció cerca de un 50 % entre 1990 y 2017. En la actualidad, afecta a alrededor de 280 millones de personas en todo el mundo.

En España, casi tres millones de personas tienen depresión diagnosticada —en torno al 6 % de la población—, lo que la convierte en el trastorno mental más frecuente junto a la ansiedad. No obstante, algunas estimaciones apuntan a que la cifra real podría ser considerablemente mayor debido al infradiagnóstico.

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Este fenómeno se ha acentuado especialmente tras la pandemia, periodo en el que el estado de la salud mental de la población se ha visto claramente deteriorado. Un estudio publicado en 2021 en 'The Lancet' señaló que los casos de depresión mayor aumentaron un 28 % desde la irrupción de la COVID-19.

Este incremento también se refleja en el consumo de antidepresivos. La demanda acumulada de estos fármacos en las farmacias comunitarias españolas creció un 24 % en el último año, según datos del Observatorio de Tendencias de Cofares, que además evidencian un aumento "constante y lineal" desde principios de 2024. El último Informe Anual del Sistema Nacional de Salud indica, asimismo, que las mujeres consumen entre 1,5 y 3 veces más antidepresivos que los hombres en todos los grupos de edad.

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Estimulación magnética contra la depresión resistente
Estimulación magnética contra la depresión resistente

Tradicionalmente, la depresión se asocia a una tristeza profunda que impide a la persona continuar con su rutina diaria. Sin embargo, existe un tipo de depresión que pasa desapercibida a ojos del entorno, ya que quien la padece no exterioriza su sufrimiento. Es una forma de malestar invisible, conocida como depresión funcional o depresión sonriente.

¿Qué es la depresión funcional o sonriente?

"Es una depresión silenciosa. Las personas que la padecen experimentan síntomas depresivos persistentes, como la tristeza, pero continúan con sus actividades diarias", explica Silvia Vidal, psicóloga sanitaria, en una entrevista con la web de Informativos Telecinco con motivo del Día Mundial contra la Depresión, que se celebra cada 13 de enero. Aunque no se trata de un diagnóstico clínico formal dentro de la psiquiatría o la psicología, esta forma de depresión se asocia a síntomas propios de un trastorno depresivo.

¿Por qué se caracteriza la depresión funcional?

¿En qué se diferencia esta depresión del trastorno depresivo más habitual? Según Vidal, también autora del libro 'Abraza tus miedos', solemos imaginar a una persona con depresión como alguien que deja de estudiar o trabajar, con una sintomatología muy intensa y, en muchos casos, paralizante.

"En la depresión funcional, a ojos de los demás todo parece estar bien: la persona cumple con sus responsabilidades laborales, académicas y sociales y mantiene una fachada de normalidad, pero por dentro siente que no puede más", señala Vidal, divulgadora en redes sociales a través de la cuenta @queridaneurona.

Aunque es menos paralizante, esto no implica que sea menos grave. "La persona mantiene una alta funcionalidad, pero sigue teniendo síntomas. De hecho, esta invisibilidad es uno de los factores que ha contribuido a algunas personas a quitarse la vida. El sufrimiento existe, aunque no se vea", advierte la psicóloga.

Según su experiencia clínica, incluso a los propios pacientes les cuesta identificar lo que les ocurre. "Reconocen apatía, tristeza, falta de disfrute, cansancio, sensación de vacío o irritabilidad, pero como asocian la depresión a no poder levantarse de la cama o dejar de trabajar, no creen que puedan estar deprimidos. Hay quienes incluso siguen yendo al gimnasio, no porque les haga sentir bien, sino por obligación: todo se vive como un esfuerzo".

"Muchos llegan a terapia cuando ya llevan muchísimo tiempo al límite y se sorprenden al descubrir que han estado en una depresión durante años sin saberlo", subraya Vidal.

El retraso en pedir ayuda

Estas personas suelen tardar en pedir ayuda profesional, "como mínimo un año", lo que aumenta el riesgo de que la depresión evolucione hacia una forma más grave y paralizante, incluso hacia un trastorno depresivo mayor con pérdida de ilusiones y del sentido vital. "A partir de los 45 o 50 años, el retraso es todavía mayor. Piensan que es algo pasajero, que pueden con todo y que no tienen ningún problema porque siguen haciendo su vida", añade.

Entre las causas de este retraso, Vidal menciona la falta de conciencia del trastorno, la presión social por mostrarse siempre feliz y el estigma que todavía rodea a la salud mental. "Existe el miedo a mostrarse vulnerable y a que no te crean, porque como sigues trabajando o socializando, parece que no puedes estar deprimido. Da la sensación de que para estarlo tienes que quedarte en casa llorando todo el día, y la realidad es mucho más compleja". También hay quienes se invalidan a sí mismos porque "creen que lo tienen todo y se critican duramente por sentirse mal".

"Existe el miedo a mostrarse vulnerable y a que no te crean, porque como sigues trabajando o socializando, parece que no puedes estar deprimido"

Suelen ser personas muy perfeccionistas, exigentes consigo mismas en el ámbito laboral, familiar o social, que no se permiten mostrarse vulnerables. "La autoexigencia sostenida genera un nivel de estrés que acaba debilitando al cuerpo y puede desencadenar un trastorno depresivo", explica.

Otros perfiles frecuentes son personas que proceden de entornos familiares emocionalmente invalidantes, que no han aprendido a expresar cómo se sienten; quienes sufren soledad no deseada; cuidadores; personas muy autocríticas o altamente complacientes; así como individuos especialmente sensibles y empáticos, que se preocupan tanto por el bienestar ajeno que minimizan su propio malestar.

¿Cómo reconocer una depresión silenciosa?

Aunque la persona intente ocultar lo que le ocurre, pueden aparecer señales externas que alerten al entorno más cercano. Como explica Ferran Marsà Sambola, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, "algunos estudios indican que las personas con depresión atípica o sonriente pueden presentar un aumento del apetito, dormir en exceso, una mayor sensación de pesadez en brazos y piernas, así como una elevada sensibilidad o rechazo a las críticas". Además, pueden perder el interés por actividades que antes les resultaban satisfactorias, añade Rodríguez Pousada.

¿Cómo afrontar este tipo de depresión?

Para Vidal, el primer paso es la validación interna. "Aceptar que tienes derecho a estar mal. Muchos pacientes se comparan con otras personas que, según ellos, están peor, y concluyen que no deberían sentirse así. Lo fundamental es escucharse, identificar desde cuándo se sienten de ese modo, si ha habido algún desencadenante, y revisar hábitos y autocuidado".

Romper el silencio y expresar lo que se siente es clave, pero el punto más importante es pedir ayuda profesional. "No hace falta tocar fondo ni esperar a que tu vida se derrumbe para ir a terapia. La intervención temprana marca la diferencia", subraya.

¿Cómo ayudar a alguien con depresión funcional?

"Lo primero es interesarte de verdad por su estado de ánimo", aconseja Vidal. "Cambiar preguntas como '¿has ido a trabajar?' o '¿has hecho esto o lo otro?' por '¿cómo estás?', '¿cómo te sientes?' o '¿cómo ha sido tu semana?'. Son preguntas sencillas, pero poco habituales".

Si la persona responde que está "bien", se puede expresar la preocupación de forma respetuosa, por ejemplo, señalando cambios en su ilusión o en su actitud. También es útil preguntar: "¿qué puedo hacer por ti?" o "¿en qué puedo ayudarte?", ofrecer apoyo explícito y validar sus emociones con mensajes como "estoy aquí para lo que necesites" o "entiendo cómo te sientes". Y, añade, ayudarle a buscar apoyo profesional.

"Exprésalo, comunícalo y pide ayuda. No es necesario vivir así durante años para que acudas a un psicólogo. La terapia ha demostrado una gran eficacia para mejorar y salir de la depresión", concluye.