Patricia Altea, doctora en Medicina: “La dieta no va a curar la metástasis del cáncer, pero podría reducir su riesgo”
Patricia Altea investiga cómo las células del cáncer de mama metastásico se reprograman para sobrevivir en otros órganos usando los nutrientes de nuestra dieta
La mala alimentación influye más a la hora de desarrollar un cáncer que la genética
La metástasis sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer. En el de mama —el tumor más frecuente entre las mujeres— es responsable de la mayoría de los cerca de 700 000 fallecimientos anuales en todo el mundo.
Patricia Altea (Sevilla, 1988), directora del grupo de regulación metabólica y señalización en cáncer del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), investiga cómo las células tumorales se adaptan a nuevos órganos y cómo determinados nutrientes pueden favorecer su expansión, un conocimiento clave para abrir nuevas vías terapéuticas.
Doctora en Biomedicina por la Universidad de Granada, ha recibido recientemente el Premio Nacional Gabriella Morreale y el Premio Hipatia al talento joven. En vísperas del 4 de febrero, el Día Mundial contra el Cáncer, Altea conversó con SINC por videoconferencia sobre esa relación entre nutrición y cáncer metastásico.
¿Por qué se produce la metástasis? Esas células cancerosas que sobreviven y llegan a otros órganos?
En realidad, ese proceso es muy ineficiente. La gran mayoría de células que salen del tumor primario mueren por el camino: se enfrentan a las defensas del organismo y a entornos completamente distintos, a los que muchas no logran adaptarse. Una de las claves está en el metabolismo. Las células tumorales están adaptadas a unos nutrientes concretos en el tejido de origen, pero cuando llegan a otro órgano, esos nutrientes pueden no estar disponibles. Eso supone una barrera importante para su supervivencia.
En una misma paciente, una metástasis en hígado no se comporta igual que una en pulmón, pero todavía no tenemos herramientas para entender bien esas diferencias
De hecho, solo en torno al 0,1 % o incluso menos consigue sobrevivir. Pero el impacto clínico de ese porcentaje es enorme, porque las pocas células que se adaptan pueden formar metástasis que aún no sabemos cómo detener.
¿Qué particularidades tiene ese proceso en el cáncer de mama?
En el de mama, como en otros, las metástasis aparecen de forma recurrente en los mismos órganos: cerebro, hueso, pulmón e hígado. En la clínica se observa que los tumores que crecen en esos órganos son distintos del tumor primario y también distintos entre sí. En una misma paciente, por ejemplo, una metástasis en hígado no se comporta igual que una en pulmón, pero todavía no tenemos herramientas para entender bien esas diferencias ni para tratarlas de forma específica. Los tratamientos actuales están diseñados fundamentalmente para el tumor primario y, en muchos casos, las metástasis no responden. Es uno de los grandes retos del cáncer de mama.
¿Y qué hacéis desde vuestro laboratorio para hacerle frente?
En nuestro laboratorio estudiamos este problema desde el punto de vista metabólico: cómo las células metastásicas se adaptan al órgano al que llegan y sacan ventaja de lo que encuentran allí. Una de las grandes preguntas es por qué las metástasis ‘prefieren’ ciertos órganos, y nuestra hipótesis es que esos tejidos ofrecen un entorno metabólico del que las células tumorales pueden aprovecharse.
¿Hay algo en común en los órganos donde suelen aparecer las metástasis del cáncer de mama que los haga más susceptibles?
Puede haber elementos en común, pero también muchas diferencias entre órganos. En este cáncer existen distintos subtipos tumorales (como los luminales o los triples negativos) y sabemos que algunos tienen más tendencia a metastatizar en órganos concretos.
Una de las grandes preguntas es por qué las metástasis ‘prefieren’ ciertos órganos. Nuestra hipótesis es que esos tejidos ofrecen un entorno metabólico del que las células tumorales pueden aprovecharse
Por ejemplo, ciertos subtipos lo hacen con más frecuencia en el cerebro y otros en tejidos distintos. Así que no es tanto que esos órganos compartan características, sino que depende de las propiedades de la célula metastásica. En función de su perfil, una célula puede adaptarse y sobrevivir en un órgano concreto que le ofrece justo lo que necesita para crecer, mientras que otros no.
Habéis estudiado el papel del ácido graso palmitato. ¿Qué función posee en la metástasis?
Es un ácido graso presente de forma natural en nuestro organismo. Forma parte de la dieta y es esencial para el funcionamiento celular; además, el propio cuerpo puede sintetizarlo. Lo que hemos observado es que hay órganos, como el pulmón o el hígado, donde sus niveles son más altos. En el pulmón, por ejemplo, es un componente clave del surfactante pulmonar, fundamental para la respiración.
Eso no significa que el palmitato cause metástasis, pero las células metastásicas pueden aprovechar ese recurso. Les sirve tanto como fuente de energía como para activar programas genéticos que facilitan la colonización del órgano. Cuando una célula tumoral llega a un tejido rico en palmitato, puede utilizarlo en su beneficio.
En otros órganos, como el cerebro, los niveles son más bajos. En ese caso, solo las células capaces de sintetizar palmitato por sí mismas logran sobrevivir y formar metástasis. Al final, las más agresivas son las que tienen mayor plasticidad metabólica: las que pueden activar o desactivar programas genéticos y epigenéticos para adaptarse al entorno.
¿Podría una dieta rica en palmitato influir en el riesgo de metástasis?
Hoy no lo sabemos. En modelos preclínicos estamos analizando si modificar determinados parámetros de la dieta cambia la cantidad de palmitato en los órganos y si eso puede influir en el desarrollo de la metástasis.
Empezamos a estudiar si una dieta o un determinado estado metabólico puede influir en cómo se desarrollan las metástasis o en cómo responde el sistema inmunitario
Pero es importante ser muy claros: no podemos decir que comer más palmitato vaya a producir más metástasis. No existe esa correlación. Lo que empezamos a estudiar es si una dieta mantenida en el tiempo o un determinado estado metabólico asociado a la dieta puede influir en cómo se desarrollan las metástasis o en cómo responde el sistema inmunitario. Es un campo muy abierto.
¿Sabemos qué dietas o nutrientes podrían favorecer o proteger frente a la metástasis?
Por ahora no hay nada recogido en las guías clínicas. La mayor parte de la evidencia procede de modelos preclínicos, donde las variables están muy controladas. Pero cuando se traslada a pacientes, la complejidad aumenta mucho. Existen ensayos clínicos con distintos tipos de dietas, pero aún no hay datos suficientes para recomendar una dieta concreta en cáncer de mama metastásico.
Además, estos pacientes reciben tratamientos muy intensos, y restringir nutrientes sin una base sólida puede debilitarlos y empeorar la respuesta terapéutica. Por eso son necesarios más estudios mecanísticos que permitan entender cómo y por qué determinados nutrientes influyen en la metástasis. Cada tumor y cada persona son distintos, y con la dieta ocurre lo mismo. Solo así podremos saber a quién puede beneficiar y a quién no.
¿El objetivo sería ajustar patrones dietéticos según el tipo de metástasis de cada paciente?
Sería el escenario ideal en un futuro, siempre que entendamos bien los mecanismos. De forma hipotética, si demostramos que determinados contextos metabólicos (por ejemplo, asociados a dietas altas en grasa u obesidad) favorecen ciertos tipos de metástasis, como la pulmonar, podría plantearse recomendar ajustes dietéticos en pacientes con riesgo de desarrollar ese tipo concreto de metástasis. Cambiar la dieta no va a curar una metástasis, pero podría reducir el riesgo de que aparezca o frenar su crecimiento, como complemento a los tratamientos y con una base biológica bien entendida detrás.
La obesidad aumenta el riesgo de metástasis en cáncer de mama. ¿Qué papel tiene la nutrición en esa relación?
En cáncer de mama posmenopáusico está demostrado que la obesidad aumenta el riesgo de desarrollar metástasis. En otros contextos se observa una tendencia similar, aunque la evidencia más sólida se concentra en ese grupo. Lo que no entendemos bien es por qué. Sabemos que nutrientes como el palmitato pueden ser aprovechados por las células tumorales, y que muchos casos de obesidad están asociados a patrones dietéticos como la dieta occidental, rica en azúcares y grasas saturadas.
Existen ensayos clínicos con distintos tipos de dietas, pero aún no hay datos suficientes para recomendar una dieta concreta en cáncer de mama metastásico
En nuestro laboratorio estamos estudiando si dietas con tipos concretos de grasa, y también dietas altas en proteínas, que ahora están muy de moda, pueden influir en la metástasis, pero es un trabajo todavía muy preliminar.
La semana que viene es 11 de febrero, Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia, ¿sigue siendo más difícil para una mujer liderar un grupo de investigación en biomedicina?
En mi experiencia personal no lo ha sido especialmente por ser mujer, más allá de las dificultades generales de la carrera investigadora, como la falta de financiación y estabilidad en España. Pero las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los puestos de liderazgo en investigación. Creo que la situación está mejorando poco a poco, gracias a una mayor conciencia social y a las medidas que se están adoptando. Y, aun siendo una carrera dura para todo el mundo, me parece importante transmitir un mensaje positivo a las futuras investigadoras que vienen después de mí: con trabajo y constancia se puede llegar.