Los trastornos alimentarios, uno de los grandes problemas de salud mental entre los jóvenes: "Mi hija vive por y para autolesionarse"

Cómo afectan los trastornos alimentarios a jóvenes como Maite e Irene, en vídeo. telecinco.es
Compartir

Los problemas alimentarios ya se han convertido en uno de los trastornos con mayor índice de mortalidad por suicidio. Los expertos alertan de su preocupante incremento en los últimos años ya que, sobre todo, afectan en mayor medida a los jóvenes.

Desde asociaciones y familias piden más ayudas, recursos y unidades en toda España para evitar casos como el de Maite e Irene, dos jóvenes que han vivido en primera persona esta enfermedad que las ha llevado a recurrir a centros especializados. Así lo informan María Fente y Lorelei Esteban en el vídeo.

PUEDE INTERESARTE

El primer caso sorprende. Maite tenía 14 años cuando empezó con los síntomas. El bullying la llevó a perder hasta 30 kilos en cuatro meses. "Era muy alegre, muy viva, y empezamos a notar que se iba apagando. Ya no tenía esa alegría, y como no sospechas que este pasando nada de eso... De repente supimos que se estaba autolesionando", cuenta a 'Informativos Telecinco' su madre, Rocío Márquez.

"En ningún momento te cabe en la cabeza que tu hija va a hacer toda esa serie de cosas. El mayor miedo es no saber cómo ayudarla. No podíamos ni dormir. Ella vive por y para autolesionarse", confiesa Márquez entre lágrimas.

PUEDE INTERESARTE

En un centro especializado

Ante la incertidumbre de no saber cómo ayudar a la joven Maite, su familia decidió derivarla a un centro especializado, ITA Canet, en Barcelona, a casi 500 kilómetros de su casa. Se trata de uno de los escasos centros que admiten a menores con TCA.

"Si mañana me llevo a mi hija de aquí, se me mata", lamenta la madre de Maite.

Por su parte, la directora y psicóloga del hospital, Ester Ricós, asevera que han tenido a menores ingresadas de incluso 10 años de edad.

Irene, otra menor, ya ha recibido el alta del centro por el mismo motivo. Ella arrastraba el trastorno desde que tenía 12 años, y permaneció ingresada durante más de un año. "He aprendido a regularme, a saber comunicarme, a pedir ayuda...", narra.

Maite e Irene no son las únicas menores que se enfrentan a la enfermedad. El 6% de los menores también la sufren, y de cada caso confirmado, hay otros cuatro sin diagnosticar.