¿Sabías que la voz nos puede dar muchas señales de que algo en nuestra salud emocional y física está fallando? Hablamos con Laura Martín, logopeda, por el Día Mundial de la Voz
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Habitualmente relacionamos los cuidados de la voz, de las cuerdas vocales, solo a aquellas personas que la utilizan a diario para su profesión. A todos nos puede venir enseguida a la mente algún cantante que haya sufrido problemas de voz y que haya tenido que retirarse de la música durante un tiempo. Sin ir más lejos, Leiva dedicaba su último y exitoso disco 'Hasta que me quede sin voz' a ella. En el documental, que estrenó este año, nominado en los premios Goya 2026 hablaba, precisamente, de cómo sus cuerdas vocales habían llegado a un punto de no retorno y que antes de cada gira debía operarse para poder cantar y rendir en los escenarios. De hecho, el título del disco hace referencia a que seguirá en la música hasta que su voz se lo permita. Pero no solo los cantantes tiene problemas con la voz, también cualquier persona puede mostrar a través de ella problemas de salud físicos y emocionales. Lo explica Laura Martín, logopeda experta en voz con más de 15 años de experiencia clínica, y una de las voces de referencia en España en rehabilitación vocal, salud vocal femenina y entrenamiento de profesionales de la voz. Formada en neurociencia junto a Nazareth Castellanos, Laura integra ciencia, respiración y regulación del sistema nervioso en un enfoque propio que conecta cuerpo, emoción y rendimiento vocal.
Es, además, Directora del Máster en Terapia Vocal del CEU desde 2017 y fundadora de Academia Ciencias de la Voz. En 2025 recibió el primer premio a la mejor comunicación oral en el Congreso de Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología por su investigación en biofeedback y electromiografía aplicada a cantantes. Ha escrito libros como 'Voces congeladas' y 'Ni un respiro'. Charlamos con ella en el Día Mundial de la Voz que se celebra cada 16 de abril para comprender cómo podemos cuidarla y a qué señales de alerta hay que estar atentos.
Pregunta: ¿Qué dice la voz de una persona?
Respuesta: La voz nos cuenta la historia de vida y de salud de la persona. No podemos pensar en ella sin conectarla con nuestros orígenes. En cada país, en cada comunidad, en cada región, provincia, pueblo y hogar se habla de una manera, se usan unas expresiones diferentes, un uso de la voz distinto y una potencia diferente. Los acentos nos identifican desde el arraigo. El canto popular lo llevamos en la sangre. Y la historia de cada persona se escucha en su voz.
P: ¿Qué información os da a los logopedas?
R: De la misma manera, somos capaces de saber cómo se encuentra una persona que conocemos solo escuchando su voz. Si está alegre, su voz suena más aguda y brillante. Si está triste, su voz es más lenta, grave y oscura. Si algo nos preocupa o nos duele demasiado, sentimos ese nudo en la garganta. Y si el estrés se mantiene en el tiempo, puede incluso dejarnos completamente sin voz, como en el caso de las disfonías psicógenas. Por eso, los logopedas no solo medimos y evaluamos la voz con herramientas que nos dan datos objetivos. La prueba diagnóstica que más información nos aporta acerca de cómo está la voz de un paciente que llega a nuestra consulta es la anamnesis, la entrevista inicial, donde el paciente se siente escuchado sin juicio sobre cómo suena su voz. Si ya ha llegado a nosotros, ya sabe que tiene un problema; nuestro papel no es recordárselo, es solucionarlo desde la comprensión de todas las áreas que afectan a la voz: descanso, alimentación, emociones, profesión, otras alteraciones de salud…
P: ¿Nos podrías poner algún ejemplo de cómo se trabaja en ese momento?
R: Tenemos pacientes en los que la causa de su disfonía sí está en su laringe, como ocurre en personas que han sido operadas para extirpar la glándula tiroides. En la cirugía, a veces se lesiona el nervio recurrente, que es el que permite que las cuerdas vocales se muevan. En estos casos, la historia de vida personal y vocal del paciente nos interesa, pero nuestro objetivo va a estar en rehabilitar el movimiento de las cuerdas vocales para que haya voz de nuevo y no haya tampoco problemas para tragar. Sin embargo, hay casos en los que una persona un día está bien y, de repente, pierde la voz. Intenta hablar y no sale. Es como si su cerebro hubiese perdido el mapa para emitir voz. Lo intenta, pero no sale. Al principio suelen pensar que se trata de un problema mecánico, que algo pasa en las cuerdas vocales, pero cuando van a visitar al otorrinolaringólogo, se ve claramente que las cuerdas vocales están perfectamente. Llegan a logopedia a veces tras meses de baja laboral, incluso tras haber perdido su trabajo o haber tenido que cerrar su negocio. Llegan desesperados porque no entienden cómo su voz no funciona si “todo está bien”.
Con este tipo de pacientes, el enfoque de trabajo es muy diferente al caso anterior. En muchos casos, en la primera sesión y con pocos ejercicios, la voz reaparece y los pacientes se sorprenden. Pero después hay que seguir trabajando en todos los aspectos que han hecho que la voz se apague. Son casos muy especiales, pues el tacto, el cuidado y el respeto de los tiempos son aspectos que marcan la diferencia en el trabajo y los que van a conseguir que esa voz que ha vuelto no se pierda de nuevo.
P. Entonces, la voz puede estar avisando de que algo no va bien. ¿Cuáles son las señales que casi todo el mundo ignora que para los profesionales son importantes?
R: Los avisos que da la voz son tempranos. Normalmente hay una pérdida de la extensión vocal (es decir, de las notas que puedes hacer con la voz, de la melodía de tu discurso), y la expresión suena más plana. También aparece una pérdida de potencia: no puedes hablar tan fuerte como antes. Y una pérdida de resistencia vocal: cada vez te cansas antes, te aparece una pequeña ronquera, necesitas carraspear… Estas primeras cuatro señales son importantes, pero lo habitual es ignorarlas. Por eso las disfonías se suelen cronificar. Cuando estas señales aparecen y la persona no las atiende, su cuerpo al completo se adapta para poder seguir hablando y comunicándose. Entonces empiezan a aparecer más señales en el cuerpo: tensión en el cuello, bloqueos de la respiración, tensión en la mandíbula, hablar todavía más fuerte, subir la cabeza como ayuda para que la voz salga…
Estas conductas no son sostenibles en el tiempo y por eso llega un momento en el que aparece la fatiga, el cansancio vocal y mental. Empiezas a sentir molestias en la voz, la sientes seca, tienes picor, sensación como si tuvieses una “bola” en la garganta… y entonces empiezas a “guardarte” la voz. No te apetece hablar si no es muy necesario, estás deseando llegar a casa para estar en silencio, evitas conversaciones, y cuando tienes un evento social sabes que tu voz lo va a pagar caro.
En ese momento, esas señales ya te están indicando que debes atender de manera urgente a tu voz. Porque esas señales que no desaparecen y que cada vez detectas antes son el paso previo a una alteración estructural en las cuerdas vocales, como un edema, unos nódulos o un pólipo que, en el mejor de los casos, si se detectan a tiempo, se pueden resolver solo con logopedia en poco tiempo. En los casos en los que no se han atendido a tiempo esas señales, es necesario pasar por quirófano para realizar una microcirugía laríngea y, después, llevar a cabo la rehabilitación con un logopeda especialista en voz.
P: No solemos ir mucho al logopeda, así que es difícil establecer esa conexión. ¿En qué momentos es clave ir?
R: Si de algo peca el sector de la logopedia es de esconderse demasiado. Por eso es difícil establecer esa conexión y saber en qué momento acudir y quién lo necesita. Si pensamos en el cuerpo, ¿quién necesita ir al fisioterapeuta? Y si pensamos en la mente, ¿quién necesita ir al psicólogo? Las respuestas son claras: todos los que usan su cuerpo y sienten dolor o tensión; y todos los que sienten sus emociones y su vida les pesa demasiado. Con la voz pasa algo parecido, pero con una diferencia: no todo el mundo acude al logopeda, aunque hay perfiles que no deberían permitirse no hacerlo.
"Una revisión con un logopeda especialista en voz al año es como pasar la ITV al coche"
P: ¿Quién lo necesita para prevenir lesiones en su voz?
R: Cualquier persona que use la voz en un contexto profesional: desde profesores a locutores, periodistas, actores, dobladores, cantantes, speakers, podcasters o youtubers. ¿Por qué? Porque el uso que estos profesionales hacen de la voz se sale de lo habitual. La usan durante más tiempo, con un rango vocal más amplio, en contextos comunicativos complejos y bajo situaciones de estrés y exigencia elevadas. ¿Cuándo lo necesitan? Antes de que aparezcan las primeras señales de fatiga. Una revisión con un logopeda especialista en voz al año es como pasar la ITV al coche. Sobre todo, lo recomiendo en momentos clave: antes de empezar el curso en el caso de los docentes; antes de preparar un casting en actores; antes de una gira en cantantes; o antes del lanzamiento de un nuevo programa, sección o podcast. La prevención es el primer paso para construir una salud y una resistencia vocal sólidas.
Porque la salud vocal no es solo hacer ejercicios vocales o respiratorios, ni utilizar un nebulizador como se ha visto en algunos programas de televisión. Cuidar la voz implica entender cómo el descanso afecta a la voz; cómo la alimentación puede estar provocando reflujo y ese sea el verdadero problema, más allá de la afonía; o cómo respirar por la boca durante el sueño y roncar puede deshidratar tanto que, aunque bebas dos litros de agua al día, no compensas la hidratación que tus cuerdas vocales necesitan.
Por eso, el mejor momento para acudir a una revisión con un logopeda especialista en voz es hoy, si eres profesional de la voz. Y si por tus condiciones laborales usas la voz de manera habitual y sientes que has perdido habilidades o condición vocal, lo ideal es empezar a trabajar con un plan personalizado para recuperarlas. Y, por último, si has tenido recientemente una cirugía de tiroides o alguna intervención en la que se hayan manipulado estructuras de cabeza, boca o cuello, también sería necesaria una revisión profesional.
P: ¿Qué le está pasando a una persona que se queda sin voz habitualmente, que tiende a la afonía? ¿Es solo una cuestión de que grita o habla demasiado?
R: No es solo una cuestión de gritar o hablar demasiado, aunque el uso de la voz tiene un peso importante. Está demostrado que las personas que tienden a perder la voz de forma habitual suelen hablar más que las personas de su entorno. Además, suelen tener perfiles más extrovertidos, hablan más rápido, hacen menos pausas, hablan por encima del ruido ambiental o del turno de otras personas y, en muchas ocasiones, esperan su turno de participación reteniendo el aire, activando así su sistema nervioso simpático. Es decir, son personas que, por su perfil comunicativo y emocional, tienen un mayor riesgo de desarrollar alteraciones vocales por exposición a factores de uso de la voz que sabemos que generan inflamación en las cuerdas vocales. De hecho, el tiempo de uso de la voz y el volumen al hablar son los dos factores clave que determinan este riesgo.
Sin embargo, aunque pueda parecer que la solución es sencilla —guardar silencio o hablar menos—, no lo es. Estas personas necesitan comunicarse de esa manera para sentirse bien y alineadas con su forma de ser. Si de repente dejan de hablar o se les pauta reducir su participación, pueden sentirse cohibidas, frenadas, como si vivieran con el freno de mano puesto todo el tiempo.
Por eso, en personas que pierden la voz con facilidad, siempre se recomienda hacer una revisión con un otorrinolaringólogo para comprobar si existe una lesión que explique esa fragilidad vocal. Si la hay, será necesario tratarla con rehabilitación y entrenamiento vocal junto a un logopeda especialista en voz.
Si no hay lesión y esa fatiga vocal o esas disfonías recurrentes se deben al uso de la voz, el trabajo con el logopeda se centrará en el entrenamiento de la resistencia vocal y en la educación en hábitos de salud vocal. El objetivo es que la persona pueda llegar a esos contextos comunicativos con su sistema vocal preparado, para darlo todo y comunicarse libremente, sin juicio y sin la preocupación constante de cómo estará su voz al día siguiente.
"Cuando detectamos cambios en nuestra voz no solo debemos atender a la voz: debemos atender al cuerpo, a la emoción y a la causa de lo que estamos escuchando"
La relación de la voz con las emociones
P. ¿Cómo se relaciona la voz con nuestras emociones?
R: Las emociones se expresan en la voz, y no solo en las palabras. La laringe es un órgano muy emocional, en parte por su conexión con el nervio vago. Todas las emociones que sentimos y que se manifiestan en el cuerpo pasan también por la garganta y por la laringe. Ese nudo en la garganta, ese nudo en el estómago, esas tensiones que sentimos en distintas partes del cuerpo están directamente relacionadas con la voz. Cuando sentimos un nudo en el estómago, la voz se aprieta y se tensa, porque intenta compensar la falta de aire con un cierre excesivo de las cuerdas vocales. Ese exceso de cierre hace que la voz suene más dura, menos melódica y menos brillante. Se percibe que el cuerpo se ha cerrado por una causa emocional, y la voz también se cierra.
P: ¿Y si lo sentimos en la garganta?
R: Cuando el nudo lo sentimos en la garganta, puede que el aire sí haya llegado a los pulmones gracias al diafragma, pero el problema está en un nivel superior: el aire entra, pero cuando va a salir se encuentra con una laringe cerrada. En ese caso, el aire tiene que empujar las cuerdas vocales para que vibren, generando una presión excesiva. Por eso la voz suena diferente: más temblorosa, más contenida, más apagada o incluso triste. Como ya hemos comentado, una emoción muy intensa, un trauma o un estrés sostenido en el tiempo pueden incluso dejarnos completamente sin voz.
Por eso, cuando detectamos cambios en nuestra voz, no solo debemos atender a la voz: debemos atender al cuerpo, a la emoción y a la causa de lo que estamos escuchando.
P: ¿Qué relación se establece con el sistema hormonal y la voz?
R: La laringe es un órgano sexual secundario. Esto significa que, durante la pubertad, cuando hacemos la transición de la infancia a la edad adulta y las hormonas cambian, la laringe también experimenta transformaciones importantes. En las mujeres estos cambios son más sutiles, pero en los hombres son muy evidentes: crecen las estructuras laríngeas, las cuerdas vocales se engrosan, la laringe desciende en el cuello y aparece la nuez de Adán, lo que provoca un cambio claro en la voz. Sin embargo, la relación entre hormonas y voz no se limita a esta etapa, sino que se mantiene a lo largo de toda la vida. Aunque la voz se mantiene relativamente estable en la edad adulta, hay momentos clave en los que las variaciones hormonales tienen un impacto directo: el embarazo, la maternidad, la menopausia o el envejecimiento.
Durante la maternidad, por ejemplo, la voz tiende a agudizarse. Es un ajuste funcional, ya que cuando nos dirigimos a un bebé o a un niño pequeño, nuestra forma de hablar cambia de manera natural. En la menopausia, la sequedad de las mucosas afecta también a la laringe. La pérdida de colágeno, los problemas de sueño o las apneas nocturnas, entre otros factores, influyen negativamente en la calidad vocal si no se abordan. En etapas más avanzadas de la vida, la pérdida de masa muscular, de capacidad física y de función respiratoria repercute en la potencia y en la estabilidad de la voz.
Está demostrado que poder comunicarse de manera eficaz no solo mejora la calidad de vida, sino que también ayuda a prevenir el deterioro cognitivo y el aislamiento social. Hablar, compartir y mantener conversaciones es una necesidad si queremos llegar a la vejez de forma activa.
P: Pero tendemos a pensar que la voz solo la tienen que cuidar aquellos que viven de ella. ¿Qué hábitos ayudan a mejorar el estado de nuestras cuerdas vocales?
R: Es cierto que tendemos a pensar que la voz solo la tienen que cuidar aquellas personas que viven de ella. Pero todos recordamos ese momento en el que hemos perdido la voz por un constipado, por una gripe o por haber salido un día y no poder comunicarnos al día siguiente. Esa sensación de pérdida, esa sensación de incapacidad, aunque sea puntual, también se puede prevenir y resolver, y no solo con infusiones calientes o bufandas en invierno.
Para personas que no utilizan la voz de forma profesional, pero que quieren mantener una buena calidad vocal en su día a día, hay dos hábitos clave. El primero es la hidratación. Y cuando hablamos de hidratación no nos referimos solo a la cantidad de agua que ingerimos, sino también a la calidad y al momento en el que la consumimos. Está demostrado que beber agua fuera de las comidas y de manera recurrente mejora la hidratación sistémica de las cuerdas vocales más que hacerlo solo en momentos puntuales.
Por eso es importante que el agua sea de calidad. Pero puedes estar hidratándote bien durante el día y perder gran parte de esa hidratación por la noche sin darte cuenta. Respirar por la boca durante el sueño puede hacer que, a pesar de haber cuidado la hidratación durante el día, perdamos hasta un 40% de la hidratación sistémica. También hay que tener en cuenta que bebidas azucaradas, carbonatadas o alcohólicas no sustituyen la ingesta de agua necesaria para la salud general y para la voz.
P: ¿Cuál es el segundo hábito?
R: El descanso. Dormir bien permite que toda la musculatura implicada en la voz —diafragma, abdominales, músculos de la espalda, del cuello, de la mandíbula y de la propia laringe— se relaje completamente. Cuando hay exceso de tensión, estos músculos permanecen contraídos, y un descanso insuficiente o no reparador impide que se activen los procesos metabólicos necesarios para la regeneración de los tejidos de las cuerdas vocales.

