Cristina Sánchez, médico especialista en oncología integrativa: "No tienes que ser positivo para curarte de cáncer"
En su libro 'Repara. Resetea. Revive', la oncóloga y divulgadora Cristina Sánchez revela aquello que suele quedar fuera de las consultas tradicionales
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En España se diagnostica un caso de cáncer cada 1,8 segundos. Además, el cáncer ya es la primera causa de muerte en nuestro país, según datos de la Asociación Española contra el Cáncer. Mientras que la incidencia de casos de cáncer en los países de la Unión Europea ha aumentado en los últimos años, pasando de los 2 millones a mediados de los noventa a los más de 3,1 millones en la actualidad. El cáncer es un término muy amplio que abarca más de 200 tipos de enfermedades, aunque todas tengan un denominador común y es que las células cancerosas adquieren la capacidad de multiplicarse y diseminarse por todo el organismo sin control.
En torno a la enfermedad muchas veces hay mucha desinformación, por ejemplo, la relacionada con la alimentación. Es cierto que no existe ningún medicamento como ningún alimento que evite padecer cáncer, pero sí que es verdad que una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres y cereales, así como evitar el consumo de alcohol y de carne procesada, puede reducir el riesgo de padecer determinados tipos de cáncer. Al fin y al cabo, un 40% de los tumores en hombres y un 60% de los tumores en mujeres tienen relación con la alimentación y más del 30% de las muertes por cáncer se deben a esta misma causa -así lo aseguran en la Asociación Española contra el Cáncer-.
Como se indica desde el Código Europeo Contra el Cáncer, es posible reducir el riesgo de cáncer, hasta en un 18%, a través de una alimentación sana y el cuidado del peso corporal. Esta es una de las ideas que suele compartir en sus redes sociales la Dr. Cristina Sánchez, médico especialista en oncología médica, medicina del estilo de vida y medicina de precisión. En su primer libro 'Repara. Resetea. Revive' (Ediciones B, 2026), la oncóloga revela, precisamente, aquello que suele quedar fuera de las consultas tradicionales: los hábitos cotidianos que están detrás del malestar físico y cómo transformarlos para minimizar los riesgos de padecer una enfermedad crónica. Hablamos con ella para conocer qué está en nuestra mano a la hora de enfrentarnos a una enfermedad tan severa como el cáncer.
Pregunta: Como oncóloga, ¿qué es aquello que deberíamos empezar a hacer desde ya para prevenir enfermedades, pero sin obsesionarnos?
Respuesta: Yo siempre digo que no hace falta hacerlo perfecto, pero sí constante. Si tuviera que resumirlo en 5 básicos “de alto impacto” serían:
- Come real: más plantas y menos ultraprocesados. Medio plato de verduras en comida y cena, fruta entera, legumbres, AOVE… y minimizar lo que viene con una etiqueta eterna.
- Muévete cada día (aunque sea poco): es la “pastilla” más infravalorada, y si además puedes añadir fuerza 2–3 días/semana es clave para salud metabólica y longevidad.
- Protege tu sueño y tus ritmos: luz por la mañana, cenas tempranas, menos pantallas por la noche. Tu cuerpo necesita rutina. Nos adaptamos en función de la luz, y estamos estropeándolo con nuestros malos hábitos.
- Gestiona el estrés de forma activa: no “eliminarlo”, sino aprender a bajarlo (respiración, mindfulness, salir más a la naturaleza, quedar con amigos y familia, y hacer terapia si hace falta).
- Reduce tóxicos sin volverte loco: menos plásticos calentados, más vidrio, evitar antiadherentes, ventilar la casa, usar cosmética sencilla… Se trata de bajar carga lo más que se pueda.
P: Dices ser una oncóloga diferente. ¿En qué principalmente te consideras diferente? ¿Qué visión actual tienes de la oncología que no tenías cuando empezaste?
R: Creo que soy “diferente” porque no miro solo al tumor, miro al cuerpo entero. Cuando empecé, como muchos, mi foco era la cirugía, la quimioterapia, la radio, la inmuno... y ya. Hoy sigo creyendo en eso, porque ha demostrado claramente que salva vidas, pero sé que se queda corto si no cuidamos el entorno de la persona: es decir, cómo duerme, qué come, cómo se mueve, con quién vive... Para mí la oncología no es solo supervivencia, es calidad de vida, tolerancia a tratamientos y recuperar la sensación de control. Y ahí el estilo de vida y el soporte integrativo cambian muchísimo la experiencia del paciente porque le hacen partícipe de su proceso.
P: Para que lo entendamos mejor, ¿qué es exactamente la oncología integrativa y qué peso está teniendo en la actualidad?
R: La oncología integrativa es unir a la oncología tradicional y las terapias complementarias que han demostrado evidencia científica. Se trata de integrar desde la ciencia las intervenciones de tipo mente-cuerpo, ejercicio, nutrición, suplementación y otras, pero nunca de forma alternativa. Lo que estamos viendo es que cada vez tienen más peso, porque hay guías y consenso, y porque la demanda del paciente es enorme. Ya existen sociedades internacionales como la SIO ('Society of Integrative Oncology'). Pero lo importante es hacerlo bien: integrativa no significa “todo vale”, significa seguro y con evidencia.
P: ¿Cómo influye la dieta en el tratamiento y en la prevención del cáncer? ¿De qué tipo de dieta estamos hablando?
R: Influye muchísimo porque cada vez que comemos estamos teniendo la oportunidad de darle algo bueno o malo al cuerpo, y eso son 3 o 5 veces al día. Aunque parezca mentira, lo que comemos influye en la inflamación, metabolismo, microbiota, energía, masa muscular, tolerancia a tratamientos… Y sirve tanto a nivel preventivo como terapéutico. Yo desde luego no hablo de dietas de moda, hablo de una alimentación antiinflamatoria realista, es decir, que tenga base vegetal, de temporada, muchos colores...
P: ¿Cómo la resumirías?
R: Yo lo explico con lo que llamo “plato integrativo”, es decir, mitad verduras, un cuarto proteína, un cuarto hidratos (depende del deporte que hagamos), grasas buenas… Y priorizar productos de calidad y lo más naturales posibles. Más o menos sería así:
- Proteína de calidad (legumbres, huevos, pescado pequeño, tofu/tempeh)
- Grasas saludables (AOVE, nueces, semillas, aguacate)
- Carbohidratos de bajo índice glucémico, según actividad y contexto
- Menos azúcar, harinas refinadas, ultraprocesados y alcohol
P: Los fármacos son imprescindibles, pero no son lo único. ¿Qué es imprescindible en este proceso y debería tenerse tan en cuenta como los fármacos?
R: Para mí hay tres “medicinas” igual de importantes que el fármaco (y que además ayudan al fármaco). La primera de ellas es la nutrición y mantenimiento de masa muscular. Evitar pérdida de peso/músculo puede cambiar el pronóstico y la tolerancia; en segundo lugar, hacer ejercicio como terapia, especialmente ejercicio de fuerza y caminar. En tercer lugar, mantener una buena salud emocional, y, luego, como hemos hablado la terapia integrativa que incluye herramientas con evidencia para los síntomas, como, por ejemplo, practicar mindfulness, yoga, acupuntura, masaje, etc. cuando encajan, claro, y según el caso. Los fármacos, efectivamente, mejoran síntomas, pero no tratan la enfermedad ni eliminan la causa, salvo en situaciones como una bacteria a la que le damos un antibiótico. ¡En ese caso sí!
"Yo intento quitarles a los pacientes esa mochila de “si no soy lo que me dicen que debo ser, lo estoy haciendo mal”".
P: Se habla mucho de “buena actitud”, pero a veces genera presión. ¿Qué recomiendas? ¿Qué crees que ayuda más?
R: Esto es importantísimo: no tienes que ser positivo para curarte. Y tampoco tienes que “dar ejemplo”, ni aparentar nada. Pero tienes que tener disposición a colaborar. Lo que ayuda de verdad es sentirte acompañado, es decir, buscar una buena red de apoyo, hacer terapia si hace falta, herramientas concretas para regular el sistema nervioso como la respiración, el mindfulness o el journaling, validar tus emociones como miedo, rabia, tristeza…todo es humano, y poner el foco en lo controlable según la situación personal de cada uno: rutinas, descanso, comida, movimiento...
Yo intento quitarles a los pacientes esa mochila de “si no soy lo que me dicen que debo ser, lo estoy haciendo mal”. No. Eres fuerte por estar aquí intentando mejorar.
P: “Vivir empastillado no es salud”, es una de las frases que podemos leer también en tu libro. ¿A qué pastillas nos estamos haciendo adictos? ¿Qué peligros tienen?
R: Cuando digo eso me refiero a dos cosas. La primera es la tendencia a querer una solución rápida en forma de pastilla problemas que en realidad son de estilo de vida (algo para dormir, algo para tranquilizarme, algo para adelgazar…). Y por otro lado, al riesgo de cronificar fármacos “porque sí”, sin revisar si siguen siendo necesarios, o sin abordar la causa raíz. Por ejemplo, muchas personas viven tomando Omeprazol a diario, sin revisar su dieta para controlar la acidez gástrica.
P: ¿Y los suplementos? ¿No crees que nos estamos volviendo un poco locos?
R: Sobre los suplementos: ni son el demonio ni son magia. Son herramientas, pero tienen reglas.
P: ¿Cuáles son?
R: Que no sustituyen hábitos porque si no hay base, no funcionan. Hay que individualizar según analíticas, teniendo un objetivo claro, vigilando las dosis, determinando el tiempo que se deben de tomar... En oncología, además, van por delante la seguridad del paciente y las posibles interacciones. Hay productos naturales que pueden interferir con tratamientos, así que siempre hay que revisarlo bien.
P: Vitamina D: se habla de su déficit y la relación que tiene este con el cáncer. ¿Cómo cuidarla?
R: La vitamina D es importante para inmunidad y salud ósea, y el déficit es muy frecuente, pero no me gusta venderla como “la causa del cáncer”. Lo que sí digo es que si nuestro sistema inmune se debilita, perdemos el principal escudo defensor. Es importante, por ello, suplementarla en los casos en los que a través de la dieta y la exposición solar controlada no se logra alcanzar un rango adecuado. Aunque otras situaciones como el estrés crónico también hay que considerarlas, ya que pueden evitar que suban los niveles.
P: ¿Qué otras vitaminas son importantes para estar sanos?
R: Más que obsesionarnos con “vitaminas”, yo vigilo lo que más suele fallar y más impacto tiene en la defensa del organismo. No diría solo vitaminas sino “oligoelementos” como:
- B12 y folato, especialmente si hay dieta vegetariana/vegana o problemas digestivos, porque influyen en energía y metabolismo.
- Hierro/ferritina, por fatiga y rendimiento físico/mental que es muy frecuente en mujeres.
- Magnesio, por sueño, sistema nervioso y función muscular.
- Omega-3 como antiinflamatorio nutricional clave en la vida moderna