La enfermedad hepática crónica, una amenaza silenciosa que afecta cada vez a más personas: los expertos piden poner el foco
Los expertos piden incorporar la enfermedad hepática en políticas nacionales y europeas y priorizar su detección temprana
Los fármacos tipo Ozempic podrían mejorar el hígado graso incluso sin pérdida de peso, según un nuevo estudio
Europa afronta un gran aumento de casos de personas con enfermedad hepática crónica. Supone un porcentaje destacable de carga de enfermedad y mortalidad prematura, sobre todo en hombres y poblaciones socialmente desfavorecidas. Además, se posiciona como la segunda causa de años de vida laboral perdidos en Europa, solo por detrás de la cardiopatía isquémica.
Uno de los grandes problemas actuales es que esta enfermedad avanza en silencio porque no suele manifestar síntomas hasta etapas avanzadas y está afectando a millones de personas sin que ellas lo sepan.
Ahora, más de 75 coautores y coautoras de 30 países se ha unido para crear una serie de cuatro artículos titulados 'Poner fin a la amenaza para la salud pública de la enfermedad hepática crónica en Europa' en las que advierten de que es necesario integrar mejor estas enfermedades en los sistemas sanitarios europeos y que no sea de ámbito exclusivo de la hepatología.
Se ha publicado hoy en The Lancet Regional Health – Europe y está liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Su anuncio coincide con el evento organizado hoy en Barcelona por el grupo de expertos mundial sobre la enfermedad hepática esteatósica, una iniciativa del grupo de salud pública y enfermedades hepáticas de ISGlobal.
Las causas detrás del aumento de las enfermedades hepáticas crónicas
La enfermedad hepática metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) —popularmente conocida como hígado graso— es la acumulación excesiva de grasa en el hígado que no está vinculada al consumo de alcohol. Está estrechamente ligada a la obesidad y diabetes tipo 2 y es asintomática en fases iniciales, pudiendo derivar a una cirrosis y cáncer hepático de manera silenciosa.
Según la serie de artículos, es uno de los motivos por los que está aumentando tan rápidamente la carga de enfermedad hepática en Europa. Se estima que una de cada tres personas en la Unión Europea y el Reino Unido vive con MASLD.
En el caso de España, aproximadamente ocho millones de personas vivían con ella en 2021 y se prevé que aumente a 12,7 millones (27,6 % de la población) en 2030.
Además, hay otros factores de riesgo que está contribuyendo a las altas tasas de enfermedad hepática terminal y cáncer de hígado como combinación del alcohol con la obesidad. Europa presenta las tasas más elevadas de consumo de alcohol por persona, la mayor prevalencia de episodios de consumo intensivo y las tasas más bajas de abstinencia alcohólica a nivel mundial.
Se calcula que el alcohol es responsable del 40% de las 287.000 muertes prematuras relacionadas con enfermedades hepáticas que se producen cada año en Europa, aunque la cifra real podría ser incluso superior.
Además, las muertes por enfermedad hepática relacionada con el alcohol y por hepatitis víricas no diagnosticadas o no tratadas suelen producirse décadas antes que las asociadas a muchas otras enfermedades crónicas. Las hepatitis B y C representan más del 85% de las cerca de 57.000 muertes anuales relacionadas con VIH, tuberculosis y hepatitis víricas en la UE y el Espacio Económico Europeo.
La necesidad de una respuesta más amplia
"Europa no necesita una nueva advertencia de que la enfermedad hepática está empeorando. Necesita una manera distinta de responder", subraya Jeffrey V. Lazarus, coordinador de los artículos, jefe del grupo de salud pública y enfermedades hepáticas de ISGlobal y profesor de la Escuela de Posgrado de Salud Pública y Política Sanitaria de CUNY (New York).
Lazarus también apunta a que los "alimentos ultraprocesados, bebidas alcohólicas y las dietas poco saludables" están relacionadas con riesgo de enfermedad hepática. Al igual, que la "diabetes, obesidad o sedentarismo". "Necesitamos políticas e intervenciones de salud pública más sólidas para hacer frente a esta carga de enfermedad”, afirma.
"Y la atención primaria también debe cambiar. No tiene sentido evaluar la presión arterial, el colesterol o el peso corporal y no valorar la fibrosis hepática", añade.
Por qué Europa necesita crear estrategias coordinadas
Este proyecto examina conjuntamente las causas metabólicas, alcohólicas y virales de las enfermedades hepáticas desde cuatro perspectivas complementarias: 1) detección y modelos asistenciales, 2) preparación de las políticas sobre MASLD, 3) enfermedad hepática relacionada con el alcohol y MetALD (esteatosis hepática metabólica y alcohol), y 4) avances hacia la eliminación de las hepatitis víricas.
"Al analizar estas causas de manera integrada, estos trabajos muestran por qué Europa necesita estrategias coordinadas de prevención, una detección más temprana, itinerarios asistenciales y un enfoque libre de estigmas que conecte la salud hepática con la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, las políticas sobre alcohol, la prevención del cáncer y las necesidades de las comunidades más desatendidas", explica Elisa Pose, co-coordinadora de la serie.
El estigma asociado a la enfermedad
Las personas defensoras de pacientes Jeff McIntyre, Gina Bartes y Raquel Peck advierten, en uno de los comentarios que acompañan la serie, que las personas con enfermedad hepática suelen enfrentarse a prejuicios y juicios que presentan la enfermedad como una consecuencia exclusiva de decisiones individuales.
"El estigma derivado de esta falta de contexto influye directamente en la búsqueda de atención sanitaria, la adherencia a los cuidados y los resultados en salud, además de condicionar las prioridades políticas y contribuir al infrarreconocimiento de la enfermedad hepática", señalan.
Paul Brennan, también co-coordinador de la serie, añade: "Durante demasiado tiempo hemos aceptado la normalización de un enfoque, promovido tanto por la sociedad en general como por grupos de presión de la industria, que responsabiliza a las personas y no a las deficiencias y responsabilidades colectivas de gobiernos e instituciones. La enfermedad hepática, especialmente la MASLD, las hepatitis víricas y la enfermedad hepática relacionada con el alcohol, afecta de manera desproporcionada a las personas más vulnerables de la sociedad.
A lo que agrega: "En esta serie mostramos cómo incorporar intervenciones basadas en la evidencia en torno al diagnóstico, la preparación de los sistemas, los itinerarios asistenciales y el desarrollo de políticas para proteger mejor a las futuras generaciones europeas".
Millones de personas con enfermedad hepática crónica sin diagnosticar
Los autores y autoras también advierten de que millones de personas con enfermedad hepática crónica siguen sin diagnosticar. La detección temprana mediante la atención primaria y comunitaria, incluyendo estrategias de diagnóstico y evaluación automatizada no invasiva de la fibrosis hepática, podría prevenir la progresión a fibrosis, cirrosis, cáncer de hígado y muerte prematura.
Entre las principales recomendaciones se incluyen:
- Integrar la salud hepática en las estrategias de prevención de enfermedades no transmisibles y cáncer.
- Alinear las respuestas frente a la enfermedad hepática con políticas sobre diabetes, obesidad, alcohol, enfermedades cardiovasculares, actividad física y nutrición.
- Reforzar los sistemas de vigilancia y detección precoz.
- Mejorar el acceso al tratamiento y a los servicios de reducción de daños.
- Aplicar políticas más sólidas sobre alcohol y reducir los factores comerciales que impulsan los daños asociados.
- Abordar el estigma y las barreras que afectan a las comunidades más desatendidas.
"Poner fin a la enfermedad hepática crónica como amenaza para la salud pública en Europa es posible, pero solo si Europa actúa antes de que la enfermedad avanzada se convierta en el punto habitual de diagnóstico", concluye Lazarus.