Los metales pesados como el cadmio se cuelan también en la comida: el impacto en el hígado, riñones o pulmones

Ciertas sustancias utilizadas en fertilizantes contienen sustancias que, en dosis muy pequeñas, no suponen un problema; el peligro ocurre por la concentración prolongada con el tiempo
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Europa tiene en marcha una ley (Reglamento UE 2019/1009) para reducir el cadmio de los fertilizantes fosfatados de manera progresiva. El objetivo es llegar a una cantidad de 60 mg/kg en de manera obligatoria, aunque pudiendo llegar a los 20 mg/kg de manera voluntaria por parte de los fabricantes.
Ahora el problema se encuentra en un informe publicado por parte de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (ANSES), el cual pone el foco sobre el cadmio y se da a conocer que cerca de la mitad de la población adulta en el país galo presenta “niveles preocupantes” de este metal. Del mismo modo, explican que hay “sobreexposición significativa a escala poblacional” y urgen por “reducir la contaminación de los suelos agrícolas”.
A su vez, la concentración segura de cadmio fijada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es de 2,5 microgramos por cada kilo de peso corporal. En una persona de 70 kilos, esto sería un límite de 175 microgramos a la semana para así evitar que el metal se acumule en exceso dentro de nosotros.
¿Por qué tenemos cadmio dentro del cuerpo?
El cadmio a nuestro cuerpo llega a través de alimentos como el trigo, pero no por el cereal en sí, sino debido al fertilizante que se utiliza para la siembra de este a gran escala. En este caso son los fertilizantes fosfatados los que se usan para plantarlo y el cadmio está presente debido a impurezas naturales de las rocas fosfóricas que se usan para producirlos.
La roca fosfórica contiene apatita y, como impureza, cadmio en concentraciones habituales de entre 1 y 200 mg/Kg. El suelo de donde se extrae la materia prima para el fertilizante es uno de los principales condicionantes a la hora de encontrar este cadmio. Los países del norte del Continente Africano -Marruecos, Argelia o Egipto- debido a la propia composición del suelo, son los que tienen niveles más altos de cadmio en los fertilizantes que producen y después exportan.
El cadmio en los fertilizantes ya se está reduciendo a umbrales de cada vez más seguros. En 2022 se pasaron de los 90 mg/Kg a los 60 mg/Kg. No obstante, una de las cuestiones clave tiene que ver con los niveles de ingesta seguros para que nuestro cuerpo lo acabe expulsando y se eviten las acumulaciones.
El peligro es la acumulación sostenida
Con el reglamento de la UE se fijan umbrales de cadmio para que estos sean seguros para nuestro cuerpo. No obstante, el problema que desde ANSES pone encima de la mesa pasa por la acumulación sostenida con el paso del tiempo: si ingerimos más del umbral seguro, nuestro cuerpo lo acumula y no está exento de consecuencias.
Metales pesados como el cadmio desplaza minerales esenciales dentro de nuestro cuerpo, provocando así un estrés oxidativo de forma persistente: si no están los minerales que necesitamos para funcionar de forma interna porque los ha reemplazado el cadmio, es un problema. También se alteran estructuras celulares necesarias para un estado de salud óptimo ya que la composición química interna de nuestro cuerpo cambia.
Sobre todo, en hígado, riñones o pulmones, la acumulación de metales pesados en exceso, de forma persistente y durante mucho tiempo puede devenir en hipertensiones, efectos teratogénicos -malformaciones durante el embarazo- o ciertos tipos de cáncer. Y en nuestros huesos, el cadmio también puede llegar a provocar afecciones como la osteomalasia -se reblandecen los huesos por falta de absorción de minerales-. La anemia es otro de los efectos que puede llegar a provocar, precisamente por la dificultad en la absorción de minerales.
Además del informe de ANSES, los Sindicatos Regionales de Profesionales Sanitarios y Médicos de Familia de Francia enviaron una carta abierta al gobierno en la que se insta a “tomar las medidas necesarias para proteger a los ciudadanos sin más demora”.
¿El motivo? Alegaban que “un tercio de los niños menores de 3 años superan la tolerancia diaria del organismo al cadmio”, tal y cómo se hizo eco France Info. También ponían encima de la mesa la cuestión de la propia acumulación de este metal en el cuerpo, “principalmente en los riñones y en el hígado”.
Para paliar esta situación, incitan a “variar la dieta lo máximo posible” para evitar consumir demasiados productos que han sido cultivados en fertilizantes fosfatados.
