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Las duchas frías fortalecen el sistema inmunológico: evidencia real frente a tendencia viral

Si que producen liberación de adrenalina y aumento del estado de alerta. Freepik
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Las duchas frías han pasado de ser una práctica que solo hacían unos pocos a convertirse en una auténtica tendencia viral. Redes sociales, gurús del bienestar y algunos influencers las muestran como una especie de truco que ayuda a mejorar la salud física y mental: prometen más energía, mejor estado de ánimo, mayor resistencia al estrés e incluso un sistema inmunológico más fuerte.

La idea ha ganado tanta popularidad que muchas personas han comenzado a terminar sus duchas con agua helada convencidas de que están fortaleciendo sus defensas. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?

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¿Cuál es el origen de la tendencia viral?

Aunque las duchas frías y los baños helados existen desde hace siglos en diferentes culturas, su popularidad moderna está muy ligada al auge del bienestar extremo y a la figura de Wim Hof, conocido mundialmente como “The Iceman” o “el hombre de hielo”. Este atleta neerlandés ganó fama internacional por realizar hazañas extremas relacionadas con el hielo, como correr maratones en la nieve, quedarse sumergido en hielo durante largos períodos o escalar montañas heladas con poca ropa.

A partir de estas experiencias desarrolló el llamado Método Wim Hof, una práctica que combina la exposición al frío, ejercicios de respiración y meditación. Hof asegura que estas técnicas ayudan a mejorar la resistencia física y mental, reducir el estrés y estimular el sistema inmunológico. Su método comenzó a atraer atención mediática cuando algunos estudios científicos analizaron ciertos efectos fisiológicos relacionados con la exposición controlada al frío y la respiración intensa.

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No obstante, el verdadero salto a la popularidad llegó con las redes sociales. Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube convirtieron las duchas frías y los baños de hielo en una especie de símbolo de disciplina, autocontrol y productividad. Estas prácticas comenzaron a asociarse con ideas de fortaleza mental, éxito personal y “optimización” del cuerpo. La práctica encajaba perfectamente con la cultura del biohacking y las rutinas wellness virales.

La sensación de energía, alerta y euforia que muchas personas describen tras una ducha fría resulta muy llamativa y fácil de compartir en redes, lo que ayudó mucho a su expansión. Esta respuesta fisiológica real ayudó a reforzar la idea de que el frío tenía efectos profundos sobre la salud.

El problema llegó cuando, a medida que se hizo viral, muchas afirmaciones empezaron a exagerarse. Lo que en un principio eran hipótesis o resultados preliminares, terminó convirtiéndose en mensajes mucho más contundentes como que las duchas frías podían curar, fortalecer las defensas o cambiar el sistema inmunológico.

¿Qué dice realmente la ciencia sobre el sistema inmunitario?

La ciencia sí que ha encontrado que la exposición controlada al frío provoca ciertos cambios fisiológicos reales en el organismo, pero no quiere decir que, automáticamente, las duchas frías hagan que el sistema inmunológico se fortalezca de una forma clara y permanente, como se suele afirmar.

Uno de los estudios más citados sobre este tema se realizó en Países Bajos y observó que las personas que terminaban la ducha con agua fría faltaban menos días al trabajo por enfermedad. Pero, cuando los investigadores analizaron el número total de infecciones o enfermedades, no encontraron diferencias significativas respecto al resto de participantes. Las personas no parecían enfermar menos, aunque sí afirmaban que se sentían con más energía o capacidad para continuar con su rutina.

Algunos trabajos científicos también han detectado aumentos temporales de ciertas células inmunitarias y marcadores relacionados con la respuesta inflamatoria después de la exposición al frío. El problema es que todavía no está claro si esos cambios tienen un efecto clínico importante y sostenido a largo plazo. Los expertos recuerdan que el sistema inmunológico es extraordinariamente complejo y no es como un músculo, no se puede hacer más fuerte con una única práctica.

Parte del interés científico en las duchas frías tiene relación con un fenómeno conocido como hormesis. Este concepto describe cómo pequeñas dosis de estrés físico controlado pueden desencadenar respuestas adaptativas beneficiosas en el organismo. El ejercicio físico funciona de una forma parecida: supone un estrés temporal que el cuerpo aprende a gestionar y del que después se recupera fortalecido. Algunos investigadores piensan que el frío moderado podría actuar de manera similar, activando mecanismos relacionados con la regulación del estrés y ciertos procesos metabólicos.

Cuando el cuerpo entra en contacto con el agua fría, se produce una respuesta inmediata del sistema nervioso simpático. Aumenta la frecuencia cardíaca, se libera adrenalina y noradrenalina y el organismo entra en un estado de alerta intensa. Es por esa carga de catecolaminas que muchas personas describen las duchas frías como una experiencia energizante o incluso euforizante. El cuerpo reacciona a ese frío como a un pequeño desafío físico.

De hecho, donde sí parece existir una evidencia algo más consistente es en los efectos subjetivos sobre el estado de ánimo y la sensación de activación mental. Algunas investigaciones pequeñas sugieren que la exposición breve al frío podría mejorar temporalmente la sensación de energía, concentración y bienestar psicológico. Esto puede deberse tanto a la liberación de neurotransmisores como al componente psicológico de superar una situación incómoda o desafiante.

Entonces, ¿las duchas frías son saludables?

Las duchas frías pueden serlo en determinadas personas y situaciones, pero no son un remedio mágico. Para personas sanas, terminar la ducha con agua fría suele ser seguro y puede resultar estimulante o agradable, ya que algunas personas incluso disfrutan del componente reto físico y mental.

Sin embargo, no todo el mundo reacciona igual al frío. En personas con problemas cardiovasculares, hipertensión descontrolada y determinadas enfermedades respiratorias la exposición brusca al agua muy fría podría no ser recomendable. Debido a estos, los especialistas recomiendan prudencia con las prácticas virales como estas.