Salud

María José Mas, neuropediatra, sobre la adicción a las pantallas de los niños: el problema también está en la "falta de presencia de los padres"

Niños con móviles
El efecto de las pantallas en el desarrollo de los niños. E.P / Archivo
  • Los menores están marcados por un contexto de sobreestimulación y por el exceso de información

  • Los menores necesitan que los padres estén muy presentes

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Los primeros años de vida son decisivos para el desarrollo cerebral de un niño. Cada experiencia, vínculo, y estímulo dejan una huella que influirá en cómo pensará, aprenderá, y gestionará sus emociones en el futuro el menor.

En un contexto marcado por la sobreestimulación y por el exceso de información, cada vez más expertos reivindican la importancia de recuperar una crianza basada en la cercanía, en la seguridad emocional, y en los límites saludables.

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Comprender la conducta de los hijos

Desde Europa Press Salud Infosalus han hablado con la divulgadora en neuropediatría María José Mas Salguero, directora de la sección de Neuropediatría del Hospital Santa Tecla (Tarragona), con motivo de la publicación de su último libro 'Neuronas en crecimiento (Vergara), para entender qué necesita realmente el cerebro infantil para desarrollarse de forma sana.

La divulgadora lo tiene claro, insistiendo en nuestra conversación que lo principal para el neurodesarrollo de nuestros hijos es la presencialidad de los padres o tutores, la cercanía de la experiencia persona, así como la comprensión de la conducta de nuestros hijos desde una relación directa con ellos, del contacto con ellos, vamos.

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Previsibilidad, cariño y disciplina

Defiende que el cerebro de los niños necesita previsibilidad para sentirse a salvo, pero también estímulos para avanzar, consuelo, y paciencia, así como comprensión y límites, amor y disciplina. "El factor que más influye en el neurodesarrollo de los niños es la falta de presencialidad de los padres o de los cuidadores de los niños. Sobre todo en el caso del niño muy pequeño", pone en valor esta doctora.

Mantiene que los menores necesitan que los padres estén muy presentes, atentos a esa conducta que se va produciendo, para acompañarles en ese crecimiento cerebral y en esa adquisición de nuevas habilidades. "Lo peor de ahora es que los padres no siempre disponen de esa posibilidad de estar presentes, y a veces delegan en otras personas o en las pantallas", afirma esta neuropediatra.

Recuerda que esto es especialmente importante hasta los 6 años de edad, periodo en el que centra fundamentalmente los consejos de su libro porque, según nos cuenta, y haciendo un símil con la construcción de un edificio, es hasta esa edad cuando se fijan los cimientos del edificio, esa estructura que permitirá posteriormente un mayor desarrollo, y será más difícil de cambiar con posterioridad.

El efecto de las pantallas

La neuropediatra reconoce en este escenario el problema actual de las pantallas y de sus efectos sobre el neurodesarrollo de los menores, subrayando de nuevo que actualmente se desconocen sus efectos, "no hay nada concluyente", y que lo que realmente se sabe es que ese niño quizás sí verá afectado su neurodesarrollo porque sus padres no están presentes con él, jugando con él, hablando con él, cuando son su mayor estímulo, y no por las pantallas.

" 'Per se' las pantallas no hacen nada ni bueno ni malo porque vivimos en el mundo en el que vivimos", afirma esta neuropediatría, y considera que pretender evitar su uso es algo irreal porque forman parte del día a día de todos. "Cuando creo que son un peligro es cuando el niño percibe que sus padres hacen más caso a la pantalla del móvil que al niño, y también cuando el niño percibe que su único consuelo cuando no hace una cosa bien o 'molesta' sea el darle una pantalla", agrega.

De hecho, lamenta durante nuestra conversación, por ejemplo, el hecho de que muchos padres vayan por la calle paseando con sus hijos y, aunque sean bebés, en lugar de hablarles vayan mirando al móvil. "Que el niño use la pantalla no está demostrado que haga tanto mal, no ha pasado tanto tiempo para ser tan categóricos, y hoy en día veo mucho que la gente pasea a su bebe con un carrito mirando el móvil en lugar de hablándole al niño", asegura esta experta.

Reivindica que, antes, cuando se paseaba al bebé, se le hablaba, de forma que a ese menor se le dan más oportunidades: "En los 2-3 primeros años de vida se forman los circuitos neuronales que van a ayudar al cerebro a ejecutar mejor sus funciones (lenguaje, memoria, cognición, etc). Y en ese momento, de los 0 a los 3 años, la velocidad es de un millón de nuevas conexiones por segundo". Por eso, reitera que es importante que mientras se forman circuitos cerebrales el niño tenga la posibilidad de experimentar, de ese contacto con otros seres humanos.

La importancia del vínculo familiar

Argumenta que si hay una persona ofreciéndole al menor un estímulo interesante, una conversación, o incluso una sonrisa, otra persona en definitiva, dice que ya sólo con esa presencialidad al niño le va a ayudar en su neurodesarrollo. "Las pantallas, incluso cuando están fondo, hay que quitarlas porque si estamos con los bebés y de repente dicen algo que nos alarma dejas de hacer caso al niño y fragmentas la atención", aconseja.

Es más, platea esta neuropediatra que si quieres que el niño use pantallas, porque a esos padres les gusta que sus hijos aprendan con aplicaciones, se debe estar con ellos, y no se les puedes dejar solos. "Aunque tampoco le puedes dejar con el juguete físico solos. No es realista prohibir las pantallas a los niños hoy en día y muy pocos padres lo van a hacer. Una recomendación sensata dentro de la realidad en la que estamos es que lo mejor es que no las tengan, pero si por lo que sea se las tienes que dar, hay que estar encima", sostiene la doctora Mas.

Aquí, además, insiste en que el cerebro humano está hecho para adaptarse y lo que nos distingue de otros seres vivos es "nuestra capacidad adaptativa extraordinaria", recordando que la Historia se ha acelerado porque nos lo ha permitido la tecnología. "El cerebro no funciona igual pero sí se adapta. Entonces está la presencialidad, que es lo que nunca falla", apunta.

Por todo ello, esta neuropediatra hace hincapié en la importancia de que el hijo se vincule con los padres, ya que así se favorecerá que en el futuro el menor sea una persona independiente y capaz con su vida porque se le ha transmitido confianza en sí mismo. "Es un vínculo muy poderoso para toda tu vida. Así que más que miedo a las pantallas hay que saber qué hacer con ellas, y debemos ser realistas porque es imposible poner fuera las pantallas, es algo que no va a suceder", destaca María José Mas.

Señales de alerta

Le preguntamos en este punto por las principales señales de alarma en el neurodesarrollo de los menores y nos confiesa que prefiere huir de fechas exactas, "no porque no sean ciertas", sino porque la mayor parte de los niños al final hacen las cosas, y por ejemplo, cita que la edad más habitual en la que los niños empiezan a andar o a decir sus primeras palabras es a los 12 meses.

En este punto final resalta que hay una variabilidad importante, pero sí hay que saber que si el niño no consigue, por ejemplo, desplazarse alrededor de esa fecha, o no dice sus primeras palabras en esa etapa, sí sería un signo de alarma. "Ahí están las tablas de vigilancia, pero también puede darse esa variabilidad. Por eso, siempre, ante cualquier duda se debe consultar al pediatra", remarca.