Ictus

Investigadores vascos crean un ‘gorro de piscina’ para frenar el daño cerebral del ictus y rebajar los síntomas del párkinson

Prototipo del 'gorro de piscina' en humanos
Prototipo del 'gorro de piscina' en humanos. Tecnalia
  • Se trata de un prototipo pionero de neuromodulación no invasiva y ultra precisa

  • En 18 meses han desarrollado una tecnología que permite llevar nanopartículas al cerebro para modular la actividad de las neuronas afectadas por la enfermedad

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En solo 18 meses, los investigadores de Tecnalia han logrado “un hito”, pasando de emplear nanoparticulas para estimular el cerebro en placas o cultivos celulares a construir un prototipo, validado en ratones, para tratar enfermedades neurológicas como el ictus o la enfermedad de Parkinson sin necesidad de cirugía.

Ander Ramos Murguialday, líder en Neurotecnología en Tecnalia, explica que el proyecto ‘Neumonas’ nació con el “complicado” reto de revertir las limitaciones de la tecnología, existente hasta el momento, para estimular el cerebro: escasa resolución y la obligatoriedad de abrir para llegar a zonas profundas del cerebro.

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Ander Ramos, líder en neurotecnología en Tecnalia

Una tecnología que evita las cirugías

La máquina que han ideado es “única” en el mundo, y permite hacer neuromodulación no invasiva, en zonas profundas, de manera ultraprecisa y en varios focos a la vez”, enumera este investigador.

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El prototipo que han creado, para su futuro uso en humanos, tiene forma de “gorro de piscina” con electrodos, los 128 sensores de este gorro se adhieren a la cabeza del paciente que ha sufrido un ictus o padece parkinson con “esponjitas que se mojan”. En menos de cinco minutos, esta especie de casco estaría colocado y podría empezar a registrar la actividad cerebral eléctrica con precisión, viendo lo que sucede en el cerebro sin necesidad de cirugía.

Los investigadores de ‘Neumonas’ han desarrollado una tecnología que permite inyectar nanopartículas en sangre, sin necesidad de hacerlo directamente en el cerebro, y por el torrente sanguíneo llegan al cerebro, hasta la barrera natural del cuerpo humano para proteger al cerebro de la entrada de cuerpos extraños, como las bacterias.

La máquina es capaz de abrir esa barrera y que las nanopartículas, mínusculas y con un recubrimiento de oro y hierro, se depositen “exactamente donde nosotros queremos”, actuando sobre neuronas concretas, afectadas por la enfermedad, y cambiando su actividad. “Desde fuera con un láser se calientan y estimulan, modulan las neuronas”.

Todavía no se experimenta en humanos

La ciencia lleva su tiempo y esta tecnología, que Ander y otros investigadores ya han probado con éxito en ratones, todavía no es posible experimentarla en humanos. Antes de meter nanopartículas a pacientes vivos, se probará en “organoides y cadáveres”.

Pero la investigación permite dibujar cómo será el proceso, una vez que una persona sufre un ictus. Lo primero es “llegar al hospital lo antes posible”, allí los neurólogos determinarán si se trata de un ictus hemorrágico, “el más peligroso” y que se produce por una hemorragia; o un ictus isquémico, provocado por el taponamiento de una arteria. “Precisan tratamientos opuestos, taponar si es hemorrágico o diluir la sangre para destaponar”. Una vez recibido el tratamiento adecuado, se inyectarían en sangre las nanopartículas y se colocaría “esa especie de secador de pelo” para comenzar la estimulación “ultraprecisa” y frenar “lo antes posible” los daños ocasionados por el ictus en el cerebro, afecciones en el habla, parálisis, etc.

Pruebas del 'gorro de piscina' en ratones

Para los pacientes con párkinson, la tecnología desarrollada en el proyecto ‘Neumonas’ permitiría modular la actividad cerebral desde fuera, sin tener que abrir y tratando de reducir, por ejemplo, los clásicos temblores que experimentan quienes padecen esta enfermedad neurodegenerativa.

El proyecto Neumonas, que en otras circunstancias, hubiera requerido de entre cinco y ocho años para poder desarrollarse, se ha realizado en solo 18 meses entre varias instituciones: Tecnalia, Achucarro, DIPC, CFM, FBB, CUN, Bitbrain y la EHU. Un logro fruto de la combinación de investigadores excelentes, un trabajo muy intenso y, por supuesto, el apoyo económico que demuestras que “desde aquí podemos hacer una ciencia excelente” y “que nos lo tenemos que creer un poco más”.

El siguiente paso sería que esta nueva máquina pase de probarse en ratones a hacerse en humanos: “En el mejor de los casos”, es decir, contando con la imprescindible financiación económica, se tardaría “entre cinco y seis años”.