Convivir con dolor de barriga a diario: "La alimentación influye, pero se pasan por alto otros factores importantes"
Andrea Valls llegó a convivir con un dolor de barriga incapacitante a los 18 años. Tras años de diagnósticos ha reunido en su primer libro distintos consejos para lidiar con estos problemas
Las señales invisibles de que sufres inflamación intestinal: "Muchas personas conviven con ella sin saberlo"
La historia de la fundadora de Eclat Wellness, un centro de salud digestiva integral dedicado a la nutrición, la psicología y el deporte, Andrea Valls quizá te suene familiar si tienes o has tenido dolor de barriga. Desde pequeña su barriga fue su punto débil, aunque alrededor de los 18 años fue cuando este dolor se convirtió en algo incapacitante. Pasó por 12 diagnósticos digestivos porque vivía todos los días con dolor, hinchazón, alteraciones del tránsito intestinal y una preocupación constante por la comida y por cómo se iba a encontrar cada día. A lo largo de ese proceso recibió numerosos diagnósticos y etiquetas clínicas: colon irritable, dispepsia funcional, gastritis, helicobacter pylori, varias intolerancias alimentarias, sensibilidad al gluten, SIBO, IMO y algunos desequilibrios más. Algunos estaban relacionados con alteraciones digestivas concretas y otros con consecuencias derivadas de los propios síntomas.
"Tardó mucho en resolverse porque durante años se intentó abordar mi caso desde una visión demasiado reduccionista. Yo iba acumulando diagnósticos, pruebas y tratamientos, pero nadie me ayudaba a entender por qué mi cuerpo había llegado hasta ese punto. Además, por desconocimiento, el paciente suele centrar gran parte de la atención en la alimentación. Evidentemente la alimentación influye, pero muchas personas pasan años eliminando alimentos, haciendo dietas cada vez más restrictivas y culpándose por lo que comen, mientras se pasan por alto factores como el estrés crónico, el sistema nervioso, el descanso, el movimiento, las emociones o la relación que tienen con su propio cuerpo", explica en una entrevista a la web de 'Informativos Telecinco'.
¿Tuvo solución su problema de dolor de barriga? Sí, su recuperación empezó cuando dejó de perseguir únicamente diagnósticos y empezó a entender que la salud digestiva es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí. "Ahí fue cuando las piezas del puzzle empezaron a encajar", señala la autora también del libro en el que explica su historia '¿Qué puedo hacer si me duele la barriga?' (Grou, 2026).
Un punto en común: la obsesión por el origen del dolor de barriga
“Desde que me preocupo por mi barriga estoy peor” es una de las frases que más se repiten en personas que sufren dolores de barriga habituales. ¿Por qué? La vigilancia de cada síntoma y cada alimento hace que nuestro cerebro aprenda a prestar una atención excesiva a todo lo que ocurre en el aparato digestivo. Esa hipervigilancia puede aumentar la percepción de los síntomas y generar más estrés, creando un círculo difícil de romper. "Por eso es importante investigar las posibles causas físicas, pero también trabajar la relación que tenemos con nuestros síntomas. En muchos casos, recuperar la calma, reducir el miedo y volver a confiar en el cuerpo forma parte del proceso de mejoría", dice Andrea.
La inflamación se ha convertido en una obsesión para muchas personas. Si observamos las redes sociales, vemos que muchos influencers y nutricionistas hablan de ella. Esto genera mucha confusión acerca de si es normal o no tener cierta inflamación intestinal. Uno de los errores más frecuentes es confundir la hinchazón abdominal con la inflamación. "Muchas personas dicen que están "inflamadas" cuando en realidad lo que tienen es distensión abdominal, gases o una sensación de abdomen hinchado después de comer. Son fenómenos distintos y no deberíamos utilizarlos como sinónimos", explica.
Como sabemos, la inflamación es un proceso biológico complejo que ocurre dentro del organismo y que, de hecho, es imprescindible para nuestra supervivencia. Gracias a ella podemos reparar tejidos, recuperarnos de lesiones o combatir infecciones. Pero el problema aparece cuando esos mecanismos permanecen activados durante demasiado tiempo o cuando los hábitos de vida favorecen un estado de activación constante. "Ahí es donde pueden aparecer consecuencias negativas para la salud. Día a día hablo con personas obsesionadas con eliminar alimentos supuestamente inflamatorios mientras descuidaban aspectos tan importantes como el descanso, el estrés, el ejercicio físico o las relaciones sociales".
Los pasos a seguir cuando nos duele la barriga
Aquí ayuda conocer cuáles son los pasos que debemos seguir para saber si tenemos o no una intolerancia. Es decir, qué pruebas debemos hacernos, cuándo y en qué momento es recomendable. Primero de todo, lo que ella recomienda es no autodiagnosticarse ni eliminar grupos de alimentos de nuestras dieta sin contar con la supervisión de un especialista. "En algunos casos puede ser necesario descartar enfermedad celíaca, realizar pruebas para intolerancia a la lactosa, sorbitol o a la fructosa, estudiar el tránsito intestinal o valorar otras alteraciones digestivas. Lo importante es entender que una intolerancia no se diagnostica únicamente porque un alimento siente mal un día concreto sino que se necesita valorar el contexto completo, la frecuencia de los síntomas y, cuando corresponde, apoyarse en pruebas validadas".
También conviene saber qué entendemos por dolor de barriga porque todos tenemos dolores puntuales o molestias digestivas después de comer, por ejemplo. Se convierte en problema cuando el dolor limita la vida de la persona o le genera un sufrimiento. "Cuando alguien deja de salir a comer, cancela planes, vive pendiente de encontrar un baño o se despierta cada día pensando en su barriga, ya no estamos hablando únicamente de un síntoma físico, sino de un problema que afecta a su bienestar y a su calidad de vida.
Mientras se investiga el origen, ¿qué podemos hacer? Ella recomienda, por ejemplo, priorizar comidas sencillas, poco procesadas y fáciles de digerir. "Algunas personas toleran bien alimentos como arroz, patata, pescado, huevos, calabacín, zanahoria cocida o frutas maduras. También puede ayudar mantener una buena hidratación y evitar hacer cambios drásticos o dietas extremadamente restrictivas por cuenta propia".