Enfermedades

¿Y si el origen de la artritis estuviera en el útero materno?

En la artritis reumatoide el sistema inmunitario se descontrola y ataca las articulaciones. Getty Images
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Llevamos décadas viendo la artritis reumatoide como un fallo del sistema inmunitario que ataca las articulaciones. Pero, ¿y si su origen no es el que creíamos? Una investigación publicada recientemente en Nature Immunology apunta hacia una pieza del puzle mucho más temprana. Algunas de las características que hacen que una articulación sea especialmente vulnerable a la inflamación podrían quedar establecidas durante el desarrollo fetal, antes incluso del nacimiento.

El hallazgo no significa que una persona nazca con artritis ni que la enfermedad esté predestinada desde el embarazo. Pero sí plantea que la anatomía celular de determinadas articulaciones podría venir configurada de fábrica de una manera que, décadas después, las haga más propensas a responder de forma perjudicial ante los procesos inflamatorios propios de la artritis.

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Todas las articulaciones no son iguales

Aunque la artritis reumatoide afecta al organismo de manera sistémica, no todas las articulaciones se comportan igual. Algunas se inflaman con frecuencia mientras otras permanecen relativamente indemnes.

Los investigadores de la Universidad de Oxford, junto con científicos de otras instituciones británicas, decidieron estudiar esta peculiaridad desde una perspectiva poco habitual. En vez de observar solo articulaciones adultas afectadas por la enfermedad, analizaron cómo se forman las articulaciones de los dedos durante el desarrollo fetal.

El equipo comparó dos articulaciones de los dedos que tienen un comportamiento muy diferente en la artritis reumatoide. La interfalángica proximal, conocida como PIP, suele verse afectada, mientras que la interfalángica distal, o DIP, habitualmente queda respetada. La comparación permitió descubrir que esas articulaciones no son idénticas desde el principio de su formación.

Mediante secuenciación de ARN de célula única, técnicas de imagen y tomografía de rayos X de alta resolución, los científicos estudiaron articulaciones de dedos humanos en distintas etapas del desarrollo fetal, entre aproximadamente las ocho y las catorce semanas después de la concepción.

Ahí encontraron diferencias en la composición y en la organización espacial de las células que forman el tejido que rodea la articulación. Entre ellas destacaron los fibroblastos, células del tejido conjuntivo que desempeñan un papel esencial en la estructura y el funcionamiento de la articulación.

En las articulaciones PIP, las que suelen inflamarse en la artritis reumatoide, había un mayor volumen de tejido sinovial y una mayor presencia de un tipo de fibroblastos identificado por el marcador PI16. Estas células ocupaban además zonas próximos a vasos sanguíneos y a las estructuras donde se desarrollan tendones y ligamentos.

La importancia de este descubrimiento está en que esos patrones ya estaban presentes durante el desarrollo fetal. Es decir, la predisposición de una articulación a reaccionar ante determinadas señales inflamatorias podría estar relacionada con la manera en que se construyó antes de nacer.

Los experimentos realizados por los investigadores aportan una pista adicional. Los fibroblastos PI16+ respondieron a determinadas citocinas, moléculas que participan en la comunicación inflamatoria, de una forma que podría favorecer la aparición de inflamación en ese entorno concreto.

No es una condena escrita antes de nacer

En cualquier caso, el estudio no demuestra que la artritis reumatoide se origine en el útero en el sentido de que la enfermedad quede determinada durante el embarazo. Lo que sí demuestra es que determinadas características celulares y estructurales de las articulaciones se establecen durante el desarrollo embrionario y podrían contribuir, muchos años después, a decidir dónde aparece la inflamación.

La artritis reumatoide continúa siendo una enfermedad compleja en la que intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales. Esta investigación añade una nueva dimensión a esa explicación, pero recoge una idea que ya había empezado a ganar peso en la literatura científica.

Una revisión publicada en Nature Reviews Rheumatology en 2017 señalaba que las características embrionarias de las distintas articulaciones podían ayudar a explicar por qué determinadas enfermedades reumáticas muestran una marcada preferencia por unas localizaciones anatómicas frente a otras

Y en 2023, otro análisis publicado en esa misma revista planteaba expresamente si algunos de los rasgos celulares que encontramos en las articulaciones adultas podían haber quedado establecidos durante el desarrollo embrionario. Ahora, el trabajo de Oxford aporta datos obtenidos directamente de articulaciones humanas en desarrollo, lo que refuerza considerablemente esa hipótesis.

Todavía es pronto para hablar de una nueva forma de prevenir la artritis desde el nacimiento. El estudio es fundamentalmente mecanístico y no proporciona una prueba que permita predecir quién desarrollará artritis reumatoide, pero sí puede cambiar la manera de buscar tratamientos.

Si una parte de la vulnerabilidad está incorporada en la arquitectura de cada articulación, quizá en el futuro sea posible diseñar terapias que actúen sobre las características locales del tejido, además de bloquear las señales generales del sistema inmunitario.