La historia de Andrea, de 30 años, tras pasar por su segundo trasplante de hígado: "Estaba harta de ser fuerte, quería una vida normal"

Andrea consigue superar su segundo trasplante de hígado. Informativos Telecinco
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Andrea se vuelve a enfrentar a lo que un día le cambió la vida por completo y le dio una segunda oportunidad. A sus 30 años ha tenido que volver a pasar por su segundo trasplante de hígado para poder sobrevivir. Otra oportunidad más que a veces no es tan fácil de aceptar como parece, aunque eso signifique poder salvar tu vida.

Con tan solo dos años sus padres notaron que algo no iba bien en su hija. Su piel y sus ojos se volvieron de un color amarillo tan preocupante que decidieron acudir enseguida al médico para saber lo que le estaba ocurriendo a su bebé y la noticia que recibieron fue devastadora: estaba sufriendo un fallo hepático y le quedaban días o apenas horas de vida.

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Sin embargo, el milagro apareció cuando encontraron un cachito de hígado que permitió a Andrea seguir con vida, un poco distinta, pero llena de felicidad. Hasta que hace unos meses comenzó a sufrir un rechazo de ese trasplante que se fue agravando con el paso del tiempo hasta tener que acabar ingresada en estado muy grave.

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Acudió a urgencias con el "hígado destrozado"

Andrea nos relata cómo ha vivido este último mes desde que acudió a Urgencias: "Me dijeron que tenía la sangre muy mal, el hígado estaba destrozado. Se me llegaron a infectar las vías biliares”.

Desde ese momento comenzó un camino del que todavía Andrea no ha podido recuperarse porque “todos los días pasaba algo nuevo. Me daba fiebre o se me hinchaba tanto la tripa que incluso se me salió el ombligo, tenía picores insoportables… A todo esto, hay que sumarle la preocupación de no saber cuándo me iban a llamar diciéndome que habían conseguido un hígado para mí”, confiesa al equipo de Informativos Telecinco.

La llamada de la nueva oportunidad parecía no llegar, pero cuando ocurrió no todo fue felicidad. Andrea cuenta que toda su familia lloraba de felicidad alrededor suyo mientras ella comenzó a chillar diciendo que “no quería” operarse. “Quería el trasplante, pero tenía miedo al trasplante. Lo quería porque sabía que era la única solución, pero los médicos me advirtieron de que no era una operación fácil”, confiesa la joven.

El shock de la llamada

Y no lo fue. Andrea tuvo apenas unas horas para “tragar, asimilar y entrar al quirófano”, mientras los médicos estuvieron continuamente haciendo pruebas tanto a ella como al órgano para confirmar que eran totalmente compatibles y reducir los riesgos de la intervención. Su caso era un reto añadido para los cirujanos porque “era un retrasplante. Antes tenía un cachito de hígado y ahora tengo un órgano entero”, dice al equipo de Informativos Telecinco.

Fueron ocho o nueve eternas horas de operación en el que su familia fue la que se informó de todo lo que ocurrió, porque ella “no fue consciente hasta dos días después”. Todo no terminó ahí. Después de varios días, Andrea volvió a quirófano “más de tres veces” porque, debido a la inflamación de su abdomen, los médicos no conseguían cerrar la herida de su operación.

Además, tuvo un problema de la sangre que no ha podido explicar porque “no quiso investigar más”. Pero, por fin consiguieron cicatrizarlo y Andrea ha podido volver a su casa, aunque con una realidad muy distinta a la que tenía hasta ahora. Confiesa que ahora es una “persona dependiente. No puedo levantarme de la cama, he tenido que aprender otra vez a subir las escaleras, no puedo ducharme sola. He estado tanto tiempo en la cama que mis músculos no funcionan”, cuenta todavía en shock por todo el proceso.

Una segunda oportunidad, una nueva realidad

Aunque la parte física no será la más difícil de recupera, porque según cuenta, su cabeza ha tenido que soportar demasiada presión en solo un mes: “Se que vendrá el momento en el que estalle. Todo lo que voy haciendo es como un logro. Mucha gente me decía que fuese fuerte, pero estaba harta de ser fuerte, quería tener una vida normal y corriente”.

Pero, gracias a su positividad y a la fortaleza que destaca tanto en sus redes sociales, ha podido grabar algunos momentos que vivió en el Hospital Ramon y Cajal, donde se ha sentido “muy arropada” por todo su personal. “Fueron muy humanos, tenía mucho miedo, pero me he llevado una sorpresa increíble”, sentencia.

No solo estuvo acompañada por sus médicos, sino que sus padres, su hermana y su pareja no la dejaron sola en ningún momento. Aunque a Andrea le espera un proceso de recuperación física y mental, su familia sigue estando con ella, como ya lo estuvieron hace 28 años. Una nueva oportunidad, pero también una nueva vida que, gracias a avances médicos e investigaciones sanitarias, permite que mucha gente como ella siga adelante a pesar de todo.