Enfermedades

María, con fibromialgia, ha pasado de no salir de casa a subir el Kilimanjaro: "El dolor va a estar igual en el sofá que en la montaña"

María Ciudad Romero
María Ciudad Romero padece fibromialgia y otras enfermedades crónicas. Cedida
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Siendo adolescente le diagnosticaron fibromialgia y, con los años, se sumaron otros de enfermedades autoinmunes, reumáticas, degenerativas y digestivas, todas ellas crónicas. Durante mucho tiempo, convivir con el dolor fue algo insoportable y enlazaba una baja laboral tras otra. Hasta que, después de mucho trabajo mental, María Ciudad Romero consiguió transformar su vida.

La montaña se ha convertido en su aliada y ha conseguido alcanzar cimas como la del Kilimanjaro —la montaña más alta de África— y el campo base del Everest —la montaña más alta del mundo—. No han sido retos fáciles. De hecho, este último lo terminó con dos costillas y un dedo de una mano rotos.

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El dolor causado por sus enfermedades sigue acompañándola en su día a día. Eso no ha cambiado, pero sí lo ha hecho la manera en la que le condiciona. Durante la entrevista con la web de 'Informativos Telecinco', confiesa que sus piernas le duelen intensamente y que tiene que darse "golpecitos" para evitar que se le duerman. "Ahora mismo me las arrancaría del dolor", asegura.

"Llegar hasta aquí me ha costado muchos años, pero lo he conseguido. Lo he conseguido a base de aceptar y de quitarme miedos. Antes dejaba de hacer las cosas que me apetecían por el dolor, pero llegué a un punto en el que me di cuenta de que la enfermedad no debía mandar en mi día a día, sino mi cabeza. Y entonces empecé a hacer las cosas que siempre había querido, con dolor. El dolor va a estar igual en el sofá que en una montaña, entonces prefiero estar en la naturaleza. La montaña me regenera", cuenta María.

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Su motor para este cambio han sido, además de ella misma, sus dos hijos y sus padres, quienes sobre todo "lo han pasado muy mal". "Me han llevado a muchos médicos durante años sin obtener respuesta. Ahora quiero que vean todo lo que he conseguido. Y que mis hijos sean felices y poder seguir sacándolos adelante".

Las imagenes de sus hijos y sus padres las acompañan en una bandera que lleva a cada uno de sus retos, junto al lema: "A la cima no se llega superando a los demás, sino superándose a sí misma".

Encontrar un propósito, un cambio radical

Los problemas comenzaron cuando era pequeña, hace más de 40 años, y sus padres recorrieron varias ciudades en busca de respuestas. "Sufría dolores musculares, sensación de rigidez, insomnio, problemas digestivos, sequedad de las mucosas, especialmente en los ojos, la boca y el aparato reproductor. Les decían que era una manera de llamar la atención. Y otros me mandaban mucha medicación, que me llegó a causar cinco úlceras. La fibromialgia apenas era conocida entonces".

Fue finalmente a los 15 años cuando una reumatóloga de Zaragoza comenzó a poner nombre a lo que le ocurría. "Al principio no sabía ni decir esa palabreja, fibromialgia", recuerda.

María Ciudad Romero en la cima del Kilimanjaro

Ponerle nombre a lo que le ocurría le ayudó, pero aún necesitó mucho más tiempo para aprender a convivir con ello. "Ha sido un proceso largo. Me sentía muy frustrada porque nadie me entendía y también sentía mucha vergüenza de estar de baja en baja. Y ni siquiera quería salir de casa. Pero me di cuenta de que eso tenía que cambiar. Empecé a estudiar para poder obtener un mejor trabajo y sacar a mis hijos adelante".

El cambio de mentalidad llegó de la mano de "tener un propósito". "Mis metas son tener una mejor calidad de vida y para ello me tengo que cuidar mentalmente y físicamente. Eso no quita que haya momentos de rabia por tener que convivir con tantas enfermedades, pero intento convertirla en fuerza".

Una historia de superación personal

Su amor por la montaña comenzó hace unos 30 años. Primero hacía largos paseos, después pequeñas rutas, hasta que se animó a subir a su primera cima. "Cuando vi que podía, he querido superarme y cada vez subir más alto. Esa es mi motivación", señala.

Entre las cimas que ha alcanzado están el Kilimanjaro, el campo base del Everest, el Toubkal —la montaña más alta del norte de África—, Monte Perdido, Posets, Taillón y Garmo Negro.

En la última expedición, este año al Kilimanjaro, María había sido operada por quinta vez tan solo un mes antes. "Fue la peor operación de mi vida", relata. Además, a dos etapas de la cima sufrió una lumbalgia, junto al dolor que ya padece cada día. "Pero aun con eso lo conseguí".

"Antes dejaba de hacer las cosas que me apetecían por el dolor, pero llegué a un punto en el que me di cuenta de que la enfermedad no debía mandar en mi día a día, sino mi cabeza. Y entonces empecé a hacer las cosas que siempre había querido, con dolor"

Después de cada subida hay una bajada, "también difícil y larga". En ellas, su motor es poder terminar y llamar a sus padres para decirles: "Lo he conseguido y estoy bien", cuenta entre lágrimas.

"En los peores momentos me visualizo allí, sacando mi bandera con sus caras. Las ganas de demostrarme que puedo y dar visibilidad a mis patologías son las que me hacen seguir adelante. La montaña te enseña a tener mucha fuerza mental y esta filosofía también la he trasladado a mi día a día", explica.

A su alrededor no había afición al montañismo, por lo que María fue conociendo poco a poco a gente que compartía este hobby. "Recuerdo que la primera vez que hice una cima y saqué mi bandera, una persona me preguntó si lo hacía porque mi madre sufría esto. Cuando le dije que era yo, se quedaron flipando. 'No se te nota nada', me comentó".

Además de una preparación mental, estos retos requieren una preparación física que María tiene que hacer con cautela debido a sus enfermedades. "No puedo entrenar mucho porque tengo fatiga muscular y me duelen mucho los músculos. En casa hago muchos estiramientos, voy dos días al gimnasio para intentar fortalecerme y, siempre que puedo, salgo a andar". También intenta mantenerse ocupada mentalmente para no pensar en el dolor acudiendo a clases de historia de Aragón e inglés.

Cuenta que también hay días que tiene que parar y estar "de la cama al sofá y del sofá a la cama", pero intenta que sean "los menos posibles". "Cuando tengo temporadas largas de estar en la cama por el dolor, intento alimentarme de lo que quiero hacer cuando esté bien".

María Ciudad Romero en el campamento base del everest

Su historia le ha llevado a recibir dos premios nacionales. "Los recogí de manos de alpinistas muy famosos que para mí son dioses, como Alex Txikon, Ferran Latorre y Juanito Oiarzabal. Yo me veía allí y me decía: 'Esta soy yo, fíjate lo que has conseguido'. Sentí mucho agradecimiento", rememora emocionada.

Además, el pasado año fue pregonera de su pueblo, Bardenas, y ahora, en Ejea de los Caballeros, donde vive, van a rendirle homenaje nombrando una ruta de la localidad como "María Ciudad Romero, camino por la superación".

Mera Peak, su siguiente objetivo

Su próximo reto está previsto para octubre de 2027. Quiere volver a Nepal y coronar la cima del Mera Peak, de unos 6.476 metros de altitud, sin oxígeno.

"Quiero superarme. Sería la cima más alta que habría hecho. Me tienen que operar del hombro, pero yo creo que podré llegar a tiempo recuperada. No puedo esperar a estar bien porque, como siempre estoy enferma, eso no llega nunca. Las ganas y la ilusión me pueden", concluye.