Carlos Tatay, piloto de 23 años, tras el accidente que le dejó en silla de ruedas: "No contemplo el miedo dentro de mi historia"
Carlos Tatay lanza el libro 'Mi motor interno' y repasa todo lo transcurrido desde el accidente que cambió su vida hasta su regreso a la competición
El sueño del expiloto de motociclismo Carlos Tatay tras quedar parapléjico en una carrera: "Quiero competir en el Dakar"
Todo acabó y empezó el 2 de julio de 2023 para el piloto Carlos Tatay. O, como él mismo lo describe, terminó su primera vida y comenzó la segunda. Ese punto de inflexión llegó tras un accidente en una carrera de Moto2, al salir despedido en una curva a más de 300 km/h. El accidente le provocó una lesión medular que le dejó sin movilidad en las piernas y le obligó a aprender a vivir en una silla de ruedas con tan solo 20 años.
Desde entonces, la vida de Carlos ha sido una montaña rusa. Momentos muy malos y no tan malos, cinco meses de rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de España (Toledo) y mucho tiempo intentando buscar un nuevo foco. Su perseverancia, autoexigencia y disciplina le llevaron a conseguir un pódium un año después del accidente, aunque para ello tuvo que despedirse de su gran sueño, las motos, y encontrar una nueva forma de competir: el rally raid.
Todo esto lo narra en las más de 200 páginas de Mi motor interno (Ediciones B, 2026), un libro en el que recorre desde la primera vez que le regalaron una moto, con tan solo tres años hasta el accidente, su depresión, cómo consiguió volver a competir y lograr que la silla de ruedas fuese una parte más de su cuerpo.
La web de 'Informativos Telecinco' ha hablado con él para conocer cómo ha cambiado su vida en estos tres años, qué es lo que más le ha ayudado y cómo ha sido el proceso de revivir el peor día de su vida.
Pregunta (P): En tu libro narras el primer año y medio desde tu accidente, pero ocurren tantas cosas que da la sensación de que han pasado muchos más años. Al echar la vista atrás, ¿qué sientes?
Respuesta (R): Siento que ha habido un cambio muy grande en mi vida, quizás demasiado para el poco tiempo que ha transcurrido, pero no perder el ritmo y el rumbo es también lo que me ha ayudado a salir adelante y rehacerme de algo que es tan difícil.
Pero la verdad es que estoy contento. No todos los días son bonitos ni buenos, pero como le ocurre a todo el mundo, y creo que esto es parte de la vida.
P: En el libro narras con mucho detalle todo lo que has vivido, hasta el punto de reconstruir momentos concretos. ¿Cómo ha sido el proceso de volver a esos recuerdos para escribirlo?
R: Necesitaba escribirlo. Por una parte, necesitaba descargarme de esta mochila y por otro, recordar todo desde el principio, que mi mente volviera a revivir lo ocurrido para darme cuenta de que aunque han cambiado muchas cosas, he conseguido rehacerme.
P: Relatas momentos muy duros, como la falta de comunicación sobre tu diagnóstico al inicio, la despedida de las motos en el Gran Premio de Valencia o la vuelta a casa tras recibir el alta. ¿Cómo gestionabas esos momentos en los que sentías que tocabas fondo?
R: Toqué tantas veces fondo que es difícil de explicar, pero creo que el punto de inflexión está en saber convivir con esa montaña rusa de emociones, adaptarte al ritmo de vida en el hospital, donde por la mañana te dan una buena noticia y por la tarde pasa lo contrario. Aprender a ser elástico para afrontar tanto lo positivo como lo negativo me ha hecho madurar de una manera bastante prematura y acelerada.
"Cuando volví a tener un volante entre mis manos me olvidé de la silla y empecé a pensar que podía ser otra vez lo mío"
P: ¿Crees que durante las primeras semanas tras el accidente llegaste a ser realmente consciente de lo que había ocurrido y de cómo podía cambiar tu vida?
R: No, fue llegando con el tiempo. No fui consciente, sobre todo porque al principio nadie me dijo el alcance de mi lesión y fui poco a poco entendiendo cómo iba a cambiar todo, hasta los pequeños detalles, y que ya nunca iban a ser iguales.
P: Si tuvieras que identificar un punto de inflexión en todo este proceso, un momento en el que algo cambiara en tu manera de afrontar la situación, ¿cuál sería?
R: El punto de inflexión fue volver a tener un volante en mis manos y darme cuenta de que, al salir a la pista por primera vez, no tenía que pensar para saber dónde estaba el acelerador, el freno, el embrague, el cambio... Era todo instintivo. Y ahí me di cuenta de que me olvidé de la silla y empecé a pensar que podía ser otra vez lo mío.
P: La silla de ruedas... En el libro hablas de lo difícil que fue al principio aceptarla. ¿Cómo se pasa de rechazarla a sentir que forma parte de ti? ¿Qué ha sido fundamental en este proceso?
R: Lo fundamental fue darme contra un muro de piedra que no podía derribar para empezar a desarrollar la aceptación. Hacerlo me aportó tranquilidad conmigo mismo y saber que no dependía de mí el ir en silla de ruedas, era algo que no podía controlar. Tenía que aprender a vivir con lo que me había tocado.
P: ¿Hay algo en el Carlos de ahora que no estaba en el Carlos de antes del accidente?
R: Yo creo que básicamente soy el mismo. Sí que es verdad que quizá tengo un poco más de paciencia, porque me gusta que sea todo bastante inmediato, pero al final lo que me ha hecho salir es que he conservado al 100% mi esencia.
P: A lo largo del libro aparecen constantemente tu familia y tu novia. ¿Qué papel han desempeñado en tu recuperación y en la forma en la que has aprendido a convivir con todo lo ocurrido?
R: Desempeñan un papel fundamental. Cuando yo no estaba en condiciones de tirar del carro, eran ellos los que lo hacían. Y viceversa. También ha habido momentos en los que ellos pasaban por un mal momento y yo no podía verles así. Eso me hacía crecerme y tirar yo del carro. Ese tándem ha sido muy bueno.
P: ¿Cuál dirías que ha sido el momento más feliz de todo este proceso?
R: El primer pódium en Andorra fue como la guinda del pastel a las horas y horas de rehabilitación, a la de veces que he llorado en el hospital y a todos los momentos duros... Poder rehacer mi vida en una carrera deportiva, volver a competir y conseguir el primer pódium en silla de ruedas fue increíble.
P: Ha cambiado tu forma de afrontar una competición respecto a cuando corrías en moto?
R: Sigo buscando competir otra vez al máximo nivel, la sensación es la misma, pero sí es verdad que intento disfrutar más del proceso hasta llegar a la competición, algo que antes muchas veces no apreciaba. Al final, la vida es el día a día.
P: Después de todo lo que has vivido, ¿qué significa hoy para ti la palabra miedo?
R: Para mí, la palabra miedo en el mundo del motorsport no existe. Lo que le tengo al deporte, a la velocidad y al riesgo es respeto, pero si tienes miedo a lo que haces, esto no es lo tuyo y hay que buscar un plan B. El miedo se puede apoderar de ti y por eso no lo contemplo dentro de mi historia.
P: En el libro también cuentas que, cuando te subes a un kart, a un buggy o participas en un rally, hay momentos en los que te olvidas de tu discapacidad y de las limitaciones que puede implicar. ¿Qué experimentas cuando estás al volante? ¿Qué encuentras ahí que quizá no encuentras en otros ámbitos de tu vida?
R: Lo que encuentro es felicidad. No pensar en mis límites, sino en el límite de cada curva, de cada barranco o de cada arcén que puedo apurar más y más. Y creo que esto es lo que hace que me olvide por completo.
P: Dices que los valores del deporte te han ayudado a afrontar lo que te ha ocurrido y a mirar la vida de otra manera. ¿Crees que habrías vivido este proceso de una manera diferente si no hubieras sido deportista?
R: Sin duda alguna. La disciplina es la que me hizo salir adelante y veo la diferencia en mi día a día entre las personas que no han sido deportistas y las que sí.
P: Después de todo lo vivido, ¿qué es lo que más disfrutas de tu vida actual?
R: El día a día, las conferencias que imparto y competir, que al final es lo que me motiva y me hace más feliz.
P: Mirando al futuro deportivo, ¿cuál es tu próximo reto o competición?
R: El Dakar de 2028. La carrera más dura del mundo es mi objetivo y vamos a por ello.
P:Y más allá de la competición, ¿hay algún sueño pendiente que te haga especial ilusión cumplir?
R: Aún soy joven, pero en algún momento de mi vida me gustaría ser padre, formar una familia e inculcarles a mis hijos los valores del deporte y de la vida, que es una montaña rusa y hay que saber llevarla para ser felices.