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Ana Pérez, médico, sobre cuándo hay que preocuparse con los mocos: "Si no molestan, no hace falta limpiarlos continuamente"

Dr. Ana Pérez Ballesta
La doctora Ana Pérez Ballesta.. Cedida por la editorial.
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¿Por qué los antibióticos no sirven para un catarro? ¿Es realmente peligroso tener fiebre? ¿El moco verde significa siempre infección? Son preguntas que muchos padres y madres se hacen a diario cuando empieza la temporada de frío en las guarderías y escuelas infantiles. Muchas, además, se acumulan cada día (o se quedan con ganas de formular) en la consulta de Atención Primaria. En 'Doctora, una pregunta' (Larousse, 2026), la médica de familia Ana Pérez Ballesta responde a todas ellas. A partir de la experiencia diaria en consulta, explica cómo funcionan realmente nuestro organismo y las enfermedades más frecuentes, ayudándonos a distinguir entre los mitos populares, la desinformación de internet y aquello que la ciencia ha demostrado.

Durante años, Ana Pérez Ballesta ha comprobado que muchas personas abandonan la consulta con preguntas sin responder por falta de tiempo, vergüenza o miedo a parecer exageradas. Su forma de divulgar combina el rigor científico con una mirada profundamente humana, convencida de que comprender lo que nos ocurre es el primer paso para cuidar mejor de nuestra salud. Esta es la entrevista que ha concedido a la web de 'Informativos Telecinco'.

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Pregunta: ¿Por qué hay fiebre-fobia? ¿Es más en los niños, verdad?

Respuesta: Durante años se nos ha transmitido que la fiebre es algo peligroso que hay que bajar cuanto antes, que si sube demasiado puede dañar nuestro cerebro. Sin embargo, la fiebre es una respuesta fantástica de nuestro organismo frente a una infección. Nuestro cuerpo eleva la temperatura del termostato para intentar ponérselo difícil a ese agente que nos está causando daño, pero en condiciones normales nuestro cuerpo también sabe hasta dónde puede elevarla. La fiebre habitual de estos procesos no provoca daño cerebral. Sí es especialmente frecuente entre las familias con niños pequeños, y es comprensible: un bebé menor de 3 meses con 38ºC de fiebre o más necesita valoración médica urgente porque su sistema inmunitario es muy inmaduro, no está entrenado. También está el miedo a las convulsiones febriles, aunque estas realmente no las podemos prevenir bajando la fiebre con antitérmicos. Ver a un hijo enfermo asusta a cualquier edad, pero sobre todo cuando son tan pequeñitos que no pueden decirte qué les pasa. 

Si un niño o un adulto está incómodo o tiene dolor, podemos aliviarlo con el tratamiento adecuado. Pero si tiene 38ºC y se encuentra bien, está descansando o si es un niño que está activo y jugando en casa, no hay por qué hacer nada, más allá de ir controlando la temperatura, mantenernos bien hidratados y observar cómo evoluciona. 

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P: Empieza la temporada de fiebre, mocos y tos. ¿Se puede prevenir de alguna manera? ¿Qué es lo más recomendable?

R: No podemos evitar todos los contagios, pero sí podemos reducir el riesgo de contagiarnos con medidas muy sencillas: ventilar los espacios cerrados, lavarnos las manos frecuentemente y evitar el contacto estrecho con otras personas cuando estamos enfermos, especialmente con bebés, embarazadas, mayores o personas vulnerables. 

Por supuesto, también es importante revisar las vacunas recomendadas según nuestra edad y situación. No hay una vacuna contra todos los catarros, pero sí pueden ayudarnos y protegernos frente a infecciones concretas, como el sarampión, la gripe o la neumonía por Neumococo, y reducir sus complicaciones. Siempre digo a los padres con hijos pequeños que empiezan la guardería que se preparen, porque probablemente se van a contagiar con todos los virus de la temporada. Que un niño se acatarre es lo más normal del mundo y no significa que su familia esté haciendo algo mal. No hay forma de evitarlo por completo, pero para que nuestro sistema inmunológico esté a tope es importante dormir lo suficiente, alimentarnos muy bien y evitar el humo del tabaco. 

P: ¿Cómo se hace un buen lavado nasal? ¿A partir de que edad se puede hacer?

R: Puede hacerse en bebés, niños mayores y adultos, adaptando la técnica. Es especialmente útil cuando la congestión dificulta comer, respirar por la nariz o descansar. Si los mocos no molestan, no hace falta estar limpiándolos continuamente. Primero nos lavamos las manos y utilizamos suero fisiológico estéril, preferiblemente a temperatura ambiente. Para un bebé o un niño pequeño, si no sabemos hacerlo, lo mejor que podemos hacer es consultar con su pediatra o con enfermería pediátrica para que nos enseñen. Niños mayores y adultos pueden hacerlo inclinados sobre el lavabo, con la cabeza hacia un lado, y con una jeringa o un dispositivo para lavado nasal, suavemente empujamos el suero hacia dentro. Suelen bastar pequeñas cantidades: aproximadamente 1–2 mililitros por fosa en niños pequeños y hasta cinco mililitros en mayores, ajustándolo según su tolerancia. Es práctico hacerlo antes de las tomas de alimento y antes de dormir. No es necesario aspirar después de cada lavado, y cada persona debe tener su propio dispositivo.

P: ¿Por qué los antibióticos no sirven para un catarro? 

R: Depende del tipo de catarro. Cerca del 90% de los catarros están causados por virus, y los antibióticos actúan contra las bacterias. Son tipos de microorganismos distintos y necesitan herramientas distintas.Tomar un antibiótico para un catarro vírico no acelera la recuperación ni evita de forma rutinaria que se complique. Pero sí puede provocar diarrea por actuar contra nuestra microbiota digestiva, reacciones alérgicas y favorecer la selección de bacterias resistentes. Y esto es muy importante: si las bacterias se vuelven resistentes a todos los antibióticos, nos quedaremos sin herramientas para tratar las infecciones bacterianas. Es un problema de salud mundial para el que todavía no tenemos una solución que no sea un uso responsable y racional de los antibióticos.

Por eso, lo normal es que, en los primeros días de un catarro, tu médico no te mande un antibiótico. Si durante la evolución de ese catarro vírico aparecen datos de una complicación bacteriana o si desde el inicio hay síntomas que nos hagan pensar en una infección bacteriana, como por ejemplo una faringoamigdalitis estreptocócica, sí lo valoraremos y lo indicaremos cuando corresponda; pero ni siquiera tener placas de pus en las amígdalas es criterio de necesitar antibiótico, los virus también pueden producirlas.

P: ¿El moco verde significa siempre infección? ¿Y si no es verde?

R: El moco verde suele indicar infección, sí, pero aquí haría una distinción importante: un catarro producido por un virus también es una infección. El moco verde no significa necesariamente que haya bacterias ni que necesitemos antibióticos. Al principio, el moco suele ser transparente. Nuestro cuerpo lo fabrica para atrapar microorganismos o alérgenos, como el polen. Si estamos ante una infección, conforme el virus o bacteria avanza, nuestras defensas envían a unos "soldados" llamados neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos que ayudan a destruir a los microorganismos. En su interior llevan una enzima llamada mieloperoxidasa, que contiene hierro y tiene un color verdoso. Cuando estos soldados actúan, luchas y se descomponen, liberan su contenido, que se mezcla con el moco y lo tiñe de verde.

Por tanto, ese color verde del moco refleja la actividad de nuestras defensas luchando contra esa infección, pero el color del moco en la mayoría de casos no permite distinguir una infección vírica de una bacteriana. Un catarro causado por un virus también puede producir mocos verdes. Para saber qué está pasando, importa mucho más cómo nos encontramos y cómo evolucionan el resto de síntomas, que el color de nuestro moco en el pañuelo.

"No debemos preocuparnos por el simple hecho de tener mocos"

P: ¿Cuándo tenemos que preocuparnos si hay mocos? 

R: No debemos preocuparnos por el simple hecho de tener mocos. Más que la cantidad o el color de éstos, debemos mirar cómo está la persona. Si aparecen dificultad para respirar, hundimiento de las costillas, labios azulados, somnolencia anormal o dificultad para despertarla, hay que buscar atención urgente. También si apenas puede beber o presenta signos claros de deshidratación.

Ya sin tanta urgencia, conviene consultar si la fiebre dura más de cuatro días, si reaparece después de haber mejorado, hay dolor intenso de oído o de cara, o pasan más de diez días sin mejoría. Estos casos requieren una valoración médica para buscar posibles complicaciones, como podría ser una sobreinfección bacteriana, pero no significan automáticamente que haga falta un antibiótico.

P: ¿Por qué los niños son fábricas de mocos andantes? ¿Se puede hacer algo?

R: ¿Contra los mocos? ¡Nada! Son una defensa muy eficaz de nuestro cuerpo. Bromas a parte, los niños se pasan todo un invierno con mocos porque, en primer lugar, están encontrándose por primera vez con muchísimos virus y, por otro lado y lo más importante, porque los comparten con una eficacia extraordinaria: juegan muy cerca, se llevan las manos a la boca y todavía están aprendiendo a lavarse las manos y a manejar los pañuelos para estornudar o toser.

Pueden tener bastantes catarros al año, especialmente al empezar la escuela infantil o el colegio. Es normal que los mocos y la tos duren más que el malestar inicial, por eso a veces enlazan un episodio con otro y parece que llevan todo el invierno con el mismo catarro “que no se le quita”. Eso, por sí solo y siempre y cuando sean catarros leves normales y corrientes, no significa que tengan "las defensas bajas".

Podemos ayudarles con lavados nasales cuando los necesiten, ofreciéndoles abundante agua según su edad, facilitando el descanso nocturno y evitando el humo. El objetivo es que estén lo más cómodos posible y vigilar su evolución. El moco cumple una función defensiva y no necesitamos dejarles la nariz completamente seca y libre de secreciones.

"La mayoría de jarabes tienen un beneficio escaso o poco demostrado"

P: ¿Jarabes para la tos? ¿Sirven? ¿Qué tipos de tos son las que nos deben preocupar y cuáles no tanto?

Depende del jarabe y de la causa de la tos, pero la mayoría de jarabes tienen un beneficio escaso o poco demostrado, por eso en nuestro país no están financiados. En niños pequeños, además, algunos jarabes pueden producir efectos adversos importantes, por lo que no recomiendo utilizarlos por iniciativa propia. Que se vendan sin receta o sean "naturales" no garantiza que resulten útiles o seguros en todos los casos.

La miel ha demostrado que puede aliviar algo esa tos irritativa del catarro a partir del año de edad, aunque su efecto es limitado. Pero NUNCA, repito, nunca debe darse a menores de doce meses. Una tos nos va a preocupar si produce dificultad respiratoria (sensación de ahogo, ruidos tipo silbidos al toser o respirar, hundimiento de costillas o uso de musculatura abdominal o del cuello para respirar), si aparece tos bruscamente tras un atragantamiento, o si se acompaña de sangre o de un ruido intenso al coger aire. También hay que valorar la tos diaria que supere las cuatro semanas de duración y también la tos prolongada que se acompaña de expectoración, que es lo que llamamos tos húmeda, especialmente en fumadores.

P: Tos solo cuando van a dormir: ¿por qué?

R: Durante un catarro, al tumbarnos, las secreciones de la nariz que caen por gravedad por detrás, hacia la garganta pueden estimular la tos. Además, la vía respiratoria puede seguir sensible después de la infección, aunque durante el día apenas moleste, o que con la postura al dormir se colapse ligeramente la vía aérea. Pero no toda tos nocturna se explica por los mocos. Si se repite sin catarros, aparece también al correr, si hay pitos o interrumpe el sueño de forma persistente, debemos valorar otras causas, como asma o rinitis.