Diana Quintero, experta en hongos que curan: "La melena de león o el cordyceps aumentan la longevidad"
La bióloga desmitifica en su libro 'Hongos que curan' el estigma alucinógeno de las setas y analiza su impacto en la microbiota
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Durante siglos, Occidente ha mirado el universo de los hongos con cierta reserva, confinándolo a dos polos opuestos: el mero acompañamiento culinario en la alta gastronomía o el mito de las sustancias alucinógenas envueltas en tabúes culturales. Sin embargo, la ciencia contemporánea ha comenzado a validar lo que la tradición asiática custodia desde hace milenios: las setas funcionales constituyen una herramienta nutracéutica de primer nivel para proteger el organismo, blindar el cerebro y modular el deterioro asociado al paso de los años.
Para arrojar rigor y desmantelar prejuicios alrededor de este fenómeno, la bióloga y divulgadora Diana Quintero acaba de lanzar 'Hongos que curan' (Roca Editorial). Se trata de una exhaustiva guía donde la investigadora no solo expone las evidencias médicas de especies como la melena de león o el reishi, sino que propone una estrategia práctica para afrontar la madurez con vitalidad, firmeza inmunológica y claridad cognitiva.
Para comprender por qué los hongos se han erigido en aliados fundamentales de la longevidad, es preciso acudir a su matriz biológica. «La base de todo radica en su excepcional aporte de fibra prebiótica. En una época donde nuestro estilo de vida actual nos lleva a consumir niveles muy bajos de fibra, las setas se convierten en grandes aliadas nutricionales que alimentan nuestra microbiota, promoviendo una salud integral y sentando las bases biológicas para una mayor longevidad», explica Quintero.
Es fundamental comprender que el reino Fungi es biológicamente inmenso y diverso, abarcando desde setas strictly culinarias hasta especies nutracéuticas y medicinales
Superar la desconfianza histórica hacia estos organismos fue, precisamente, el detonante principal que la llevó a redactar su obra. En el imaginario colectivo suele confundirse el potencial medicinal con los efectos psicotrópicos, una distorsión que la ciencia se ha encargado de matizar. «Es fundamental comprender que el reino Fungi es biológicamente inmenso y diverso, abarcando desde setas strictly culinarias hasta especies nutracéuticas y medicinales», aclara la autora.

Incluso en el ámbito psiquiátrico, matiza Quintero, la investigación neurocientífica actual observa con gran interés los compuestos psicoactivos por su prometedor potencial terapéutico ante el estrés postraumático (TEPT) o la depresión resistente. No obstante, al hablar de salud cotidiana, la clave estriba en el rigor: «Al incorporar cualquier nuevo compuesto o alimento funcional, el enfoque debe basarse siempre en el rigor científico, priorizando fuentes confiables y la debida asesoría especializada».
Si existe un hongo que ha capturado la atención de la comunidad científica en los últimos años, ese es la melena de león (Hericium erinaceus). A partir de los 50 años, la preocupación por conservar la agilidad mental, la memoria y la capacidad de concentración adquiere un peso primordial. En este terreno, las investigaciones aportan datos esperanzadores. «La ciencia ha identificado en la melena de león compuestos activos clave como las hericenonas y erinacinas, demostrando su capacidad para estimular el factor de crecimiento nervioso. Este mecanismo biológico respalda de forma directa su impacto positivo en la mejora de la memoria, la concentración y la protección frente al deterioro cognitivo», destaca la experta.
Esta línea de defensa cobra una dimensión aún más relevante cuando se aborda la prevención de patologías neurodegenerativas como el Alzheimer. Para la bióloga, la nutrición desempeña un papel modulador decisivo en la salud cerebral a largo plazo: «Cada vez se consolida una evidencia más robusta que vincula una nutrición adecuada con la reducción del riesgo de enfermedades neurodegenerativas, principalmente por su capacidad para modular los procesos inflamatorios. Es precisamente en este frente donde las setas funcionales se posicionan como herramientas terapéuticas de gran valor preventivo».
El interés de Quintero por la biotecnología aplicada no nació en la frialdad de una probeta, sino en el seno de su propia familia tras convivir de cerca con el Alzheimer. Esa vivencia personal alteró drásticamente su perspectiva profesional. «Desde mi rol como bióloga, sentía que la investigación a menudo se quedaba confinada en el laboratorio. Aunque el desarrollo científico toma tiempo y recursos, esta vivencia me impulsó a buscar soluciones prácticas y aplicadas», confiesa.
Un camino que, subraya la investigadora, siempre debe recorrerse de la mano de la medicina oficial: «Cualquier alternativa natural en personas con condiciones de base debe ir de la mano de un equipo médico; en nuestro caso, tuvimos la fortuna de contar con profesionales de la salud abiertos a integrar estas opciones junto con los tratamientos convencionales, buscando siempre elevar la calidad de vida».
El botiquín 'silver': frenazo al 'inflammaging'
A medida que el organismo soporta el paso del tiempo, se desencadena un fenómeno fisiológico conocido en el ámbito médico como inflammaging: una inflamación crónica de bajo grado que actúa como un enemigo silencioso, acelerando el envejecimiento celular y el desgaste articular u óseo. Frente a este proceso, los hongos medicinales ofrecen un abordaje dual.
«Actúan principalmente en dos frentes complementarios: por un lado, regulan el eje gastrointestinal, desde donde se modula de manera determinante la inflamación; por otro, aportan potentes antioxidantes que neutralizan activamente el estrés oxidativo y los radicales libres asociados al envejecimiento celular», detalla la autora.
Dentro del abanico de especies funcionales disponibles, Quintero sintetiza una propuesta pensada específicamente para las necesidades del adulto maduro. Conectando con los tres pilares del bienestar, la bióloga destaca la melena de león para blindar el sistema nervioso y potenciar la memoria, el reishi para modular la inmunidad y optimizar el descanso, y el cordyceps como el gran soporte biológico para recargar la energía diaria.
A esta tríada imprescindible se suman el shiitake y el maitake por su interesante aporte de vitamina D —clave para la masa muscular y la salud ósea a partir de los 50—, junto a la cola de pavo y el chaga que, por su excepcional perfil antioxidante, escoltan al reishi en la vanguardia científica contra el estrés oxidativo y el deterioro celular.
Lejos de las modas y los suplementos 'milagro'
Pese al entusiasmo que despiertan estos hallazgos, Quintero advierte seriamente sobre el peligro de convertir la micoterapia en una moda efímera impulsada por el marketing agresivo o las promesas desmedidas en redes sociales. Las setas no son varitas mágicas ni sustituyen un estilo de vida saludable. «Es un riesgo latente impulsado por la cultura de la inmediatez y las soluciones milagrosas. Esta fue otra de las motivaciones para escribir Hongos que curan: educar y lograr que las personas conozcan con rigor sus verdaderos beneficios, entendiéndolos siempre como valiosos aliados que forman parte integral de la alimentación y de la salud».
Para la divulgadora, la prevención diaria y la constancia superan con creces las intervenciones puntuales en momentos de debilidad o cambios estacionales. Recuperando una máxima clásica de la medicina nutricional —«Cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria, y cuando la alimentación es mala, la medicina no es efectiva»—, Quintero concluye con una premisa contundente que resume la filosofía de su trabajo: «Al final, la base de una buena salud es la diversidad en el plato; por eso, integrar las setas funcionales de forma constante en el día a día enriquece nuestra microbiota y fortalece el sistema gastrointestinal, haciendo que el consumo preventivo sea nuestro mejor aliado a largo plazo».
