La protonterapia donada por Amancio Ortega no llegará a la sanidad pública hasta 2025: “Son instalaciones grandes y radiactivas”

  • Ha pasado año y medio desde la donación realizada por Amancio Ortega para instalar equipos de protonterapia en hospitales públicos

  • Es un tipo de radioterapia muy específica, más eficaz, precisa y segura, pero sólo la ofrecen dos hospitales privados de momento

  • Hay diez equipos públicos ya licitados, pero su fabricación, instalación y puesta en marcha es muy compleja: "Se necesitan, al menos, tres años"

El pequeño Oliver fue trasladado de México a Barcelona, en noviembre del año pasado, para ser operado de un agresivo tumor cerebral. Este lunes, se ha sometido a una nueva intervención quirúrgica en el Hospital Sant Joan de Déu, para extirpárselo ya por completo. Son operaciones muy complejas, pero también lo es el tratamiento que le queda por delante: la protonterapia. Un tipo de radioterapia muy específica, y mucho más eficaz, precisa y segura para determinados casos de cáncer, como el suyo.

Oliver se someterá a protonterapia en la Clínica Universitaria de Navarra. Es uno de los dos únicos hospitales de España donde se puede realizar este tratamiento, junto con el Hospital Quirón de Madrid. Los dos son centros privados. En unos años, podrá realizarse también en la sanidad pública. Hay diez equipos ya licitados para ello. Pero aún no están ni fabricados.

“Estamos en plazo”. Todavía no hay ningún equipo instalado, pero "porque no ha dado tiempo, no porque no se estén haciendo las cosas bien", explica a NIUS Carmen Rubio, oncóloga y vicepresidenta de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR). “Los plazos son los que son, se necesitan al menos tres años para ponerlos en marcha”.

La privada empezó mucho antes, pero tardaron lo mismo

La protonterapia llegará a la sanidad pública gracias a la donación de 280 millones de euros que hizo Amancio Ortega en octubre de 2021. “En España no estaba previsto la instalación de unidades de protones hasta que hubo esta donación”, reconoce Rubio. Ortega donó ese dinero específicamente para este tipo de terapia. Nada que ver con las donaciones que hizo en 2015 para renovar los equipos de radioterapia de la sanidad pública en general.

En 2015, la SEOR denunció “una obsolescencia tremenda en los equipos, y fue cuando se hicieron esas donaciones iniciales de Amancio Ortega”, recuerda Rubio, que es jefa de servicio de Oncología Radioterápica de HM hospitales. “A partir de ahí, se han renovado muchísimos equipos en la sanidad pública. Y en la privada, en paralelo, estos últimos años todos los centros han hecho también sus inversiones en diferentes unidades”.

En 2017, de hecho, tanto el Quirón como la Clínica de Navarra decidieron apostar por la protonterapia. “Fue una inversión privada, consideraron que no había equipos de estos en España y que era una buena inversión. Y lo ha sido”, explica la oncóloga.

El engranaje de la sanidad pública se puso en marcha el año pasado, tras recibir esa donación a finales de 2021. A partir de ahí, se necesitan entre tres y cuatro años para completar el proceso de licitación, fabricación, instalación, calibración y puesta en marcha de los equipos.

El 26 de diciembre de 2019 inició su tratamiento el primer paciente que recibió protonterapia en el Hospital Quirón de Madrid. El 7 de abril de 2020 ocurrió lo mismo en la Clínica de Navarra. La puesta en marcha de los equipos de la sanidad pública, financiados por Amancio Ortega, se estima para el año 2025. “La única ventaja es que ellos (la sanidad privada) empezaron mucho antes. Pero necesitaron los mismos tiempos que nosotros para ponerlos en marcha”, insiste Rubio.  

Diez equipos en siete ciudades: enormes "búnkeres radiactivos"

Hablamos, concretamente, de diez equipos de protonterapia, diez aceleradores de protones que serán instalados en hospitales de varias ciudades españolas: uno en La Coruña; dos en Barcelona; uno en Vizcaya; dos en Madrid; uno en Málaga; uno en Sevilla; uno en Valencia; uno en Gran Canaria. "Se las ha elegido por el volumen de población y por su situación estratégica, para que puedan llegar fácil a más gente", explicaban entonces desde Sanidad.

Y ahora mismo, según los plazos que hizo públicos el ministerio hace unos meses, estamos en la segunda fase, la que denominan “realización de proyectos y obras”. Tiene una duración estimada de 18/24 meses. Ya se ha asignado la fabricación a una empresa, la multinacional IBA, y los irá fabricando a la vez que, en cada comunidad autónoma, vayan avanzando las obras para su instalación. “Los médicos nos incorporamos al final del proceso, en la última fase, los últimos seis meses”.  

La fabricación, instalación y preparación de los equipos, antes de su puesta en marcha, es muy compleja, porque hablamos de auténticos búnkeres. No todos los hospitales valen para acogerlos. “Porque son instalaciones radiactivas”, advierte Rubio. Entre otras muchas cosas, “requieren permisos del Consejo de Seguridad Nuclear”.

Y su tamaño es enorme. “Los primeros eran casi como estadios de fútbol, ahora son unidades más compactas, más pequeñas”. Aun así, “necesitan un espacio muy grande, hospitales donde tengan cabida”, advierte la especialista. Porque, aunque sean más pequeños, hablamos de equipos “del tamaño de una pista de tenis”, más o menos. “Y muy bien blindados”.

Formar "ya" al personal: estar preparado cuando la máquina lo esté

Lo que piden ahora desde la SEOR, explica Rubio, es que haya previsión. Sanidad tiene previsto un “plan de formación de profesionales” en la cuarta y última fase del proceso. Es decir, dentro de dos años o más. Pero “nosotros nos queremos adelantar, para que todos estos tiempos no nos pillen con el pie cambiado”, advierte. Para evitar, probablemente, casos como el del Hospital de La Paz que les contábamos hace un mes: una máquina de radioterapia pionera en España, pero infrautilizada por falta de personal preparado. La máquina salió precisamente, de las donaciones de Amancio Ortega en 2015.

El objetivo, explica la oncóloga, es que, cuando esos diez equipos de terapia de protones estén listos para funcionar “tengamos ya suficientes especialistas formados, que que podamos empezar con gente que ya tenga una cierta experiencia, no partir de cero”. Porque “Ortega aporta el dinero, pero el mantenimiento de los equipos, el personal y la formación va a cargo de las CCAA”, subraya la especialista.

Quieren poner ya este tema encima de la mesa “para que, cuando esté preparada la máquina, estemos preparados nosotros también”. El equipo material y el humano. Que son unos cuantos, no sólo ellos: radiofísicos, oncólogos radioterápicos, técnicos de radioterapia y personal de enfermería.

Y esto es importante. Porque Rubio advierte de una cosa: “Va a haber muchas jubilaciones de gente con experiencia”. Y no sólo eso. Si, además, muchos de los que queden “se van a protones, van a quedar plazas sin cubrir”. Por eso, dicen, es necesario ampliar los equipos de oncología radioterápica en general.

“A partir de 2025, contamos con que haya unidades de protonterapia funcionando en la sanidad pública. Tenemos tiempo para prepararnos. Pero reclamamos que haya más plazas de residentes tanto de oncólogo radioterápico como de físico, para que, cuando llegue el momento, lo tengamos todo preparado”. Se trata, dice, de “no perder esta oportunidad” en un campo tan pionero como este. “Que estos equipos lideren proyectos, no que queden a medio gas”, insiste.

Importante, sobre todo, en oncología pediátrica

Al pequeño Oliver, el momento le ha llegado ahora. Y se tratará en un hospital privado, porque a día de hoy no hay otra opción. A partir de 2025, es probable que un caso como el suyo ya pueda acudir a la sanidad pública.

Pero hay que tener en cuenta algo más. Sólo un 2-3% de pacientes diagnosticados con cáncer son candidatos para este tratamiento. La radioterapia, en cambio, la reciben más de un 60% de los pacientes que tienen cáncer.

“Todavía son pocos los pacientes que necesitan de forma imperiosa este tratamiento con protones”, explica Rubio. “La mayoría de los pacientes se están tratando muy bien con fotones (la radioterapia convencional)”. Asegura la oncóloga que “los protones aportan un plus de calidad en algunos casos muy concretos” (como el de Oliver). “Pero no todos los pacientes se van a beneficiar de ella, porque no todos los pacientes la necesitan”.

En niños sí es “especialmente importante”, advierte. Porque la radioterapia con protones “permite dar dosis más bajas que los fotones”, y a largo plazo, esto puede ser beneficioso, en cuanto a la toxicidad del tratamiento.

"Más de la mitad de los pacientes que tratamos son pediátricos", explicaba hace unos meses en NIUS Marta Montero, oncóloga del Centro de Protonterapia Quirónsalud. "Nos llegan, sobre todo, los casos más complejos", explicaba. "El 80% de los que tratamos se curan".

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