Así afectan las redes sociales al cerebro de los adolescentes: "La ansiedad, la depresión y el riesgo suicida se ven multiplicados"
"La ansiedad, la depresión y el riesgo suicida se ven multiplicados" por el uso indebido y excesivo de las redes sociales en la adolescencia
Un experto en ciberseguridad aclara si los menores podrán saltarse el control de acceso a las redes y qué pasará con las cuentas ya creadas
El anuncio de la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años en nuestro país no ha sentado del todo bien a los jóvenes, pero hay cada vez más evidencias del daño y de las consecuencias que tienen las pantallas, sobre todo la salud mental, además de la falta de sueño y el desarrollo social. ¿Pero cómo funciona el cerebro de un niño? ¿Por qué les hace tanto daño estar tantas horas con el móvil?
El teléfono móvil y la adicción que genera su uso funciona exactamente como la droga. Los expertos lo comparan con la cocaína por su dependencia y porque dificultan el autocontrol.
En España ya se habla de limitadores de edad para acceder a las redes sociales, pero ahora mismo hay sistemas fiables de verificación. sin embargo, esta intención de llevar a cabo los limitadores de edad, no es más que una cortina de humo, ya que si un menor quiere acceder a la red social tan solo tiene que falsear su edad para tener acceso ilimitado a todo tipo de contenido. Y esto pasa en las redes sociales más conocidas, en las cuales el Gobierno quiere llevar a cabo esta prohibición.
Los ritmos biológicos en tiempo de redes sociales
Actualmente ocho de cada 10 jóvenes accede al teléfono a los 10 años y casi la totalidad de ellos pertenece a una red social. Los expertos insisten: "La tecnología no es inocua en la infancia y mucho menos en un periodo crítico como es la adolescencia", explica Antonio Rial, desde psicología USC.
Influye en las estructuras cerebrales en los ritmos biológicos y por supuesto en el comportamiento. El dicho de 'son cosas de adolescentes' deja de ser una justificación porque el uso de la tecnología de manera excesiva supone pagar un peaje invisible sobre la salud mental. "La ansiedad, la depresión, los problemas de somatización e incluso el riesgo suicida se ven multiplicados por cuatro o por cinco". El foco no está solo en el control de la edad, sino en limitar los contenidos porque los menores están de alguna manera secuestrados por las redes sociales.