La prisión franquista de Fuerteventura que encerró a 300 hombres, desde dentro: "La homosexualidad la reprimían humillándote"

El antiguo centro donde fueron recluidos hombres por la Ley de Vagos y Maleantes, ahora reconocido como lugar de memoria democrática. Informativos Telecinco
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En medio de un paisaje aislado de la isla de Fuerteventura, un edificio que durante años fue símbolo de represión ha cambiado oficialmente de significado. El antiguo centro de internamiento utilizado durante el franquismo para encarcelar a hombres considerados “peligrosos sociales” ha sido declarado por el Gobierno como el primer lugar de memoria democrática en España.

Allí fueron recluidos cerca de 300 hombres condenados en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes. Entre ellos había personas señaladas como vagos, alcohólicos, pederastas u homosexuales. En la práctica, el recinto se convirtió en un espacio de castigo y persecución para quienes eran apartados por su orientación sexual.

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El edificio funcionó como un espacio de reclusión marcado por la humillación, la violencia y los trabajos forzados.

Miguel ángel Sosa, escritor y activista LGTBI+ relata como los internos pasaban hambre y eran obligados a realizar duras labores, como picar piedra en una mina, las condiciones eran extremas y la estigmatización, permanente. La represión de la homosexualidad no solo era legal, sino sistemática.

Octavio García fue uno de los hombres que pasó 18 meses en ese lugar, "como reprimían la homosexualidad, era humillándote". Antes de fallecer, dejó testimonio de lo que allí se vivía. Su relato describía el centro como un espacio cercano a un campo de concentración, donde el hambre y el maltrato formaban parte de la rutina diaria. Su vida, como la de tantos otros, quedó marcada para siempre.

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La memoria ha sobrevivido principalmente gracias a los testimonios de las víctimas

Entre 1954 y 1967 apenas quedaron documentos oficiales que reflejaran lo ocurrido dentro de aquellas paredes. Victor Manuel Ramírez, investigador y activista LGTBI+, afirma que era "como un campo de concentración nazi, pasaban mucha hambre, les alimentaban muy mal...".

Con su declaración como lugar de memoria democrática, el espacio deja de ser un símbolo de castigo para convertirse en un lugar de reconocimiento y reparación. El objetivo es preservar lo ocurrido, dignificar a quienes fueron perseguidos y evitar que el olvido desdibuje una etapa de represión hacia el colectivo LGTBI durante el franquismo.