La historia de un padre británico con una sed insaciable: resultó ser un síntoma de un tumor cerebral

Gavin White, un empresario británico de 44 años diagnosticado con glioblastoma en fase 4. Brain Tumour Research
  • El hombre notaba un cansancio persistente y una sed insaciable por las mañanas

  • La biopsia confirmó un diagnóstico de glioblastoma en fase 4

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La historia de Gavin White, un empresario británico de 44 años, está dando la vuelta al mundo por convertirse en un ejemplo de concienciación sobre los tumores cerebrales.

Su historia comenzó a principios de 2023. White comenzó a notar un cansancio persistente que en un primer momento achacaba al ritmo de trabajo y a los viajes frecuentes. “Viajaba por trabajo y no dormía bien. Pensé que era la combinación de intentar dirigir un negocio, los viajes y ser padre”, explicó, como recoge la organización Brain Tumour Research, que ha difundido su historia. A estos síntomas se sumó una sed intensa al despertar: “Me despertaba por la mañana completamente sediento y bebía varios vasos de agua, dando por hecho que estaba deshidratado”.

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Los síntomas

Con el paso de las semanas, el cuadro se fue agravando. Aparecieron dolores de cabeza continuos: “Un dolor justo en medio de la cabeza que ni el Tylenol ni el Ibuprofeno podían aliviar”, así como problemas de memoria, dificultades para concentrarse y alteraciones en la visión. “Entraba en una habitación y olvidaba por qué”, relató, además de reconocer que empezó a tener dificultades para escribir mensajes o recordar nombres habituales.

Tras acudir al médico, fue derivado a una resonancia magnética. Sin embargo, antes de someterse a las pruebas, viajó con su familia de vacaciones, donde su estado empeoró de forma repentina. Durante una jornada en la playa sufrió un episodio de desorientación que derivó en una convulsión grave. “Me preguntaban si estaba bien, pero no pude articular palabra”, recordó.

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A su regreso, los médicos detectaron una lesión cerebral potencialmente cancerosa. En agosto de ese mismo año, fue sometido a una intervención quirúrgica de más de cinco horas en el Hospital Addenbrooke. La biopsia confirmó un diagnóstico de glioblastoma en fase 4.

“El médico especialista expresó su sorpresa al ver que yo había presentado señales de alerta tan evidentes”, explicó White. El pronóstico inicial, que situaba la esperanza de vida entre seis y dieciocho meses, supuso un fuerte impacto para él y su familia. “Entré a la cita con la mente abierta y en 10 minutos todo cambió”, afirmó.

Tras la cirugía, inició tratamiento con radioterapia y quimioterapia, y actualmente se somete a controles periódicos bajo un enfoque que describe como “observar y esperar”. Además, ha decidido implicarse en la divulgación y la recaudación de fondos para la investigación, participando en iniciativas solidarias con el objetivo de visibilizar la enfermedad y mejorar los recursos destinados a su estudio.

Su caso pone de relieve la importancia de prestar atención a síntomas persistentes.