Pepe aún busca a su tío y abuelo, asesinados durante la Guerra Civil y enterrados en una fosa común

En España hay unas 6.000 fosas comunes y más de 1.300 están aún sin exhumar
Comienza la exhumación de una fosa con cinco víctimas del franquismo en Villoslada, La Rioja
Se acaban de cumplir noventa años del inicio de la Guerra Civil española y una de las heridas, aún hoy, es el de las fosas comunes. Miles de padres, hermanos, hijas, abuelos que fueron fusilados y cuyos cuerpos siguen desperdigados en cunetas o fosas por toda España. Sus familiares se están muriendo sin conseguir su sueño, el de recuperar los restos.
Pepe aún tiene la esperanza de encontrar los restos de su tío y de su abuelo, Juan López Flores y Juan López Guisado. Ambos fueron asesinados en la posguerra: "Mi tío murió de un derrame cerebral y muerte rápida... muerte rápida es un tiro en la cabeza", declara. Confiesa, además, que antes de que su padre muriese, le encargó buscarlos y hoy podría encontrarlos en una fosa común en Córdoba.
En el año 2023 se recuperaron de esta misma fosa ciento ochenta y nueve cuerpos, pero el convenio terminó y ahora está paralizado por razones políticas, según denuncian. "Las heridas se cierran exhumando y entregando los restos a sus familiares y así es como un país puede decir que es decente", declara Carmen Sánchez, presidenta de la plataforma Comisión de la verdad de Córdoba.
En España hay 6.000 fosas comunes
Hay 6.000 fosas comunes de la Guerra Civil registradas en nuestro país, de las cuales 2.650 están localizadas mientras que más de 1.300 siguen sin abrirse. "Es una anomalía democrática que siga habiendo tantísima gente todavía abandonada en cunetas", declara Javier Iglesias, director antropólogo de la sociedad científica Arqueoantro. Otros como Félix Bizarro, arqueólogo de la memoria histórica, denuncia que "tanto como de un bando como de otro, se lo toman como un arma política y no como una cuestión de derechos humanos".
Todos ellos piden que no se politicen las cosas y que sea el Estado el único encargado para que comunidades y ayuntamientos no puedan paralizar las exhumaciones. Noventa años después los hijos, los hermanos y los nietos van muriendo sin poder recuperar los restos de sus familiares.
