Fátima, de abandonar Marruecos a acabar como esclava en una granja española

Fátima, de abandonar Marruecos a acabar como esclava en una granja española. Archivo
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Hoy se conmemora el día internacional contra la trata de personas. Los datos demuestran que estamos ante una ciénaga moral con fines económicos que no cesa. Pero estas realidades, a veces ocultas en el día a día necesitan rostros que las den vida. Es el caso de Fátima -nombre ficticio- que dejó Marruecos para buscar un futuro mejor como temporera en España. Dejó en su país a su marido, que esperaba el dinero que ella le iba a traer tras trabajar duro. Era el año 2020.

No era la primera vez que Fátima tomaba esta decisión para poder sacar a su familia adelante. Todo por sus cuatro hijos. El coronavirus truncó sus planes y la dejó sin visado, pero decidió seguir en España. Su objetivo seguía siendo lograr dinero. Su historia la cuenta ahora en este día The Guardian, una vez superado su infierno. Porque Fátima cayó en manos de desaprensivos después de trabajar cuidando niños, horneando pan o cosiendo zapatos. A veces cobrara y otras no.

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Pero lo peor llegó después. Fátima apenas hablaba español y ya en situación irregular recurrió a la ayuda de su hermano, que se enteró de que una granja buscaba personal en Castilla León. Al principio todo fue bien e incluso recibió tres pagos de 300 euros durante los primeros tres meses de trabajo. Pero las jornadas laborales ya se convirtieron en interminables. Con ella había otra mujer que dejó el trabajo al lograr los papeles.

Y entonces todo empeoró. Se convirtió en la chica para todo: transportar el alimento para los animales, ordeñar las ovejas y sembrar y cosechar la tierra. Y ya sin cobrar. La alojaban en una choza sin calefacción y el hijo del dueño pretendió tener relaciones sexuales, algo que sí logró con su compañera. Solo le permitían salir de la granja una vez cada quince días. Ella aguantó con la esperanza de obtener papeles como había logrado su compañera. Pensaba que era eso o la muerte.

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A finales de 2023, la policía recibió un aviso sobre una mujer que estaba siendo alojada y explotada en una granja de ovejas. Aproximadamente dos meses después, agentes de las unidades contra la trata de personas de Burgos y Valladolid, que trabajaban en el caso, reunieron pruebas suficientes para intervenir, junto con inspectores de trabajo. La policía describió haber encontrado a Fátima en condiciones deplorables, viviendo sin electricidad en una vivienda insalubre.

Fátima ha reconstruido su vida poco a poco con la ayuda de las Adoradoras, una orden religiosa católica que asiste a mujeres víctimas de trata de personas. La orden costeó su estancia en un albergue tras la redada policial en la granja y la apoyó mientras reconstruía su vida en España, ayudándola a encontrar trabajo, conseguir un lugar donde vivir y volver a ver a sus hijos. Fátima ahora tiene derecho legal a trabajar en España y ahora está orgullosa de lo logrado.

Desde que encontraron a Fátima, la policía ha arrestado a tres hombres sospechosos de trata de personas con fines de explotación laboral. Se espera que el juicio comience en los próximos meses. Para Fátima, el terror de las esclavitud ha terminado, pero su testimonio nos recuerda que, en pleno siglo XXI, existe.