La historia de Faten, promesa del fútbol marroquí, que murió tratando de llegar a Ceuta el mismo día que recibió el visado para entrar a España

La madre de Faten recibió el mismo jueves la llamada informándole que habían aprobado la visa que le permitía entrar legalmente en España
Faten, una promesa del fútbol femenino marroquí, muere al intentar cruzar a nado la costa de Ceuta: buscaba "una vida mejor y un futuro"
Faten Ben Omar El Azizi, de 20 años, la promesa del fútbol femenino marroquí murió tratando de llegar a Ceuta a nado. Su madre llora la pérdida de su hija y su habitación vacía, la que estaba preparando para ella. La tragedia tiene mayor impacto, tras conocerse que el mismo día en que fallecía en el mar las autoridades españolas habían aprobado la visa que le permitía entrar legalmente en nuestro país.
Jamilla, su madre, había recibido el jueves una llamada en la que le informaban que a Faten le habían concedido el visado para entrar en España, no sabía ni que la había tramitado.
Su madre corrió buscándola por todas partes, pero ya Faten había tirado la toalla de la legalidad y se había unido a miles de jóvenes para cruzar a nado la frontera y llegar a España. Se ahogó ese el mismo día en que estaba a punto de lograr su sueño, un sueño que había intentado a través del fútbol, su pasión
Jamilla no podía creer y cuenta que en un desesperado intento la buscó en la zona cero de la tragedia, en Castillejos: allí preguntaron por Faten y si llevaba un collar de corazones. Le confirmaron que la fallecida era ella, la joven futbolista , que ya está enterrada en el mismo cementerio donde limpiaba lápidas para sacar un dinero.
Buscaba "una vida mejor y un futuro que creía que le esperaba al otro lado de la frontera"
La futbolista jugaba en el Moghreb Atlético de Tetuán (MAT) y era una figura destacada del fútbol femenino en el Magreb. Su club publicó un comunicado en el que defendía que la joven "no buscaba fama ni aventura", sino "una vida mejor y un futuro que creía que le esperaba al otro lado de la frontera".
Hoy, su amiga es quien limpia su tumba con dos garrafas de agua, mientras su madre llora ante la habitación vacía, esa en la que Faten no llegó a dormir.
