Aumentan las madres a los 50: entre los avances médicos, los riesgos y el debate social
La maternidad se retrasa en España, donde la precariedad laboral y las dificultades para conciliar condicionan los proyectos familiares
El síndrome silencioso que sufren los padres a partir de los 50 y casi nadie detecta
Hay decisiones vitales que no tienen fecha fija en el calendario. El deseo de tener un hijo puede aparecer cuando la carrera profesional ya está consolidada, cuando la economía familiar ofrece seguridad o cuando una nueva relación despierta un proyecto de vida inesperado. Para algunas mujeres la maternidad llega entonces, cerca o después de los 50 años, una edad que hasta hace poco parecía incompatible con un embarazo.
La tendencia encaja en un fenómeno demográfico más amplio, el retraso de la maternidad. Nunca antes dieron a luz tantas mujeres mayores de 50. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 nacieron en España 322.034 bebés, de los cuales 313 fueron alumbramientos de mujeres en esta franja de edad, el récord desde que se empezaron a tomar registros en 2009. La cifra es casi tres veces mayor a la registrada diez años antes.
Las dificultades económicas y laborales ayudan a entender este cambio. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la incertidumbre financiera, el acceso a la vivienda y la necesidad de establecerse en el mercado laboral contribuyen a posponer la llegada de los hijos en España.
Lo cierto es que la maternidad aún se percibe como un freno a la promoción profesional, una fuente de penalización salarial o una dificultad añadida para conservar el empleo. El problema es que el mercado laboral y la biología no avanzan al mismo ritmo.
Más posibilidades, pero también hay riesgos
La cantidad y la calidad de los óvulos disminuyen con la edad, especialmente durante los últimos años de la vida reproductiva. Por eso, muchos embarazos a estas edades se producen mediante reproducción asistida y, en determinados casos, con óvulos de donante o embriones previamente criopreservados.
La fecundación in vitro ha ampliado las posibilidades de concebir, pero no rejuvenece el organismo que debe llevar adelante el embarazo. El riesgo no es el mismo para todas las mujeres, ya que dependerá mucho de su estado de salud, pero la gestación a edades avanzadas se asocia a una mayor probabilidad de hipertensión gestacional, preeclampsia, diabetes gestacional, parto prematuro y cesárea. También pueden aumentar determinadas complicaciones fetales y neonatales.
En mayores de 50 años es especialmente significativo el aumento de la incidencia de abortos espontáneos, que en mayores de 45 años ya aumenta hasta el 50%, según datos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO).
No es que a los 50 se abra un precipicio biológico, ya que el riesgo es progresivo desde los 35, pero el embarazo a esa edad requiere una valoración previa exhaustiva, seguimiento obstétrico especializado y una información realista sobre las probabilidades de éxito y las posibles complicaciones.
¿Hay una edad máxima?
El debate sobre la maternidad a partir de los 50 oscila sobre de varios elementos. Está la autonomía de la mujer para decidir sobre su proyecto reproductivo, la obligación de los profesionales de no ofrecer tratamientos cuando los riesgos resultan desproporcionados y el interés del futuro hijo en crecer en un entorno estable y con garantías de cuidado a largo plazo. Lo que sí hay que evitar es que esa discusión se convierta en un juicio sobre las mujeres o en una exigencia de demostrar que serán madres suficientemente buenas.

En España, la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida no establece una edad máxima legal general para acceder a estos tratamientos. No obstante, la Sociedad Española de Fertilidad recoge un consenso profesional que sitúa en los 50-52 años la edad recomendable para las futuras madres, coincidiendo con la edad media de la menopausia.
En la sanidad pública española el límite para hacer técnicas de reproducción asistida está en los 40 años, ampliándose a 42 en el País Vasco y 45 en la Comunidad de Madrid, señalan desde SEGO.
La paradoja generacional: criar mientras envejecemos
Quizá la cuestión más difícil de calcular no sea la económica, sino la del tiempo. Una mujer que tiene un hijo a los 50 cumplirá 60 cuando el niño tenga 10 años, 68 cuando alcance la mayoría de edad y 75 cuando cumpla 25.
No significa que a esas edades vaya a necesitar ayuda ni que no pueda acompañar activamente a su hijo durante décadas. La esperanza de vida femenina en España alcanzó los 86,3 años en 2025, según el INE, pero eso no equivale necesariamente a conservar la autonomía durante todo ese tiempo.

La paradoja aparece cuando las necesidades del hijo coinciden con un eventual deterioro de la salud de la madre. La adolescencia puede exigir una presencia física y emocional intensa; la entrada en la universidad o el inicio de la vida laboral pueden coincidir con la jubilación materna o con nuevas responsabilidades de cuidado.
La distancia generacional hace aconsejable pensar con antelación en cuestiones como quién podría apoyar al hijo si la madre enfermara, qué red familiar existe, cómo se organizaría el cuidado y qué previsiones se han tomado para garantizar su estabilidad.
La ventaja de llegar con la vida más ordenada
También hay ventajas en la maternidad tardía. Muchas mujeres llegan con una vivienda estable, ahorros, una carrera consolidada y una mayor capacidad para organizar sus horarios. Además, la experiencia vital puede aportar paciencia, perspectiva y una relación más consciente con la crianza.
Ser madre a los 50 puede ser un proyecto deseado y viable para algunas mujeres, mientras que para otras los riesgos médicos o las circunstancias personales aconsejarán no intentarlo. Entre el deseo, la biología y las condiciones de vida, no existen fórmulas universales. Lo importante es que la decisión de tome con información, libertad y una mirada que vaya más allá del embarazo para contemplar también los años que vendrán después.
