"La Guardia Civil dijo que nos iba a poner protección pero no ha aparecido ni Dios", habla la madre del niño asesinado en Beniel
Quiere que no se produzcan más casos como el que le ha tocado sufrir a ella
Cree que engañó al niño con algo de la videoconsola para que subiera al piso
Laura Hernández, la madre del niño asesinado en Beniel, Murcia, a manos de su padre, quien después se suicidó, ha roto su silencio un día después del funeral de su pequeño. Asegura en una entrevista concedida para el medio El Español que el asesinato de su hijo Cristian se podría haber evitado, las autoridades estaban al corriente del acoso que sufría por parte de su expareja pero "nadie hizo nada" y la protección que le prometieron no apareció.
"Solo quiero que esto cambie y que se pongan más medios para que se puedan evitar más casos como el que me ha pasado a mí" dice Laura, quien asegura que emprenderá las medidas legales oportunas "cuando todo esto pase".
A lo largo de la entrevista, la mujer de 38 años repite en varias ocasiones que "esto se podría haber evitado" y es que asegura que: "cuando se celebró el juicio de mi orden de alejamiento, me dijeron que era una víctima que me encontraba en un nivel alto (de riesgo), que no me preocupara que me iban a poner protección y que nos iban a estar vigilando a los dos, pero eso ha sido mentira. La Guardia Civil dijo que me iban a poner protección y que nos iban a estar vigilando a mí y al crío pero por aquí no ha aparecido ni Dios".
Según cuenta, se conocieron cuando eran muy jóvenes, tras casarse tuvieron a sus dos hijos: David y Cristian. 'El Cartagenero' como así era apodado el presunto parricida, se ganaba la vida como encofrador, con la burbuja inmobiliaria perdió este trabajo y comenzó a dedicarse al campo pero empezó a sufrir problemas de vértigos que le hicieron quedarse sin este trabajo también y cayó en una depresión.
Todo esto más el control al que estaba sometida por parte de él, animaron a Laura hace dos años y medio a separarse. Sin embargo, durante este tiempo, le maltrató psicológicamente "no podía ni tomarme ni un puto café a solas, siempre se presentaba. Estaba obsesionado conmigo, me llamaba por teléfono. Se presentaba en mi casa a cualquier hora, aunque fuesen las seis de la madrugada. Me seguía por el pueblo. A mis críos los llevaba acosados, no les preguntaba cómo estaban, solo les preguntaba por mí: ¿Dónde está la mamá?, ¿Y la mamá?, ¿Y la mamá?, ¿Y la mamá?" cuenta.