Motor

Los expertos en mecánica alertan de los efectos de apurar siempre el depósito de gasolina

Repostar antes de la reserva es una buena medida de prevención
Repostando. Telecinco.es
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encendido, y lo hacen convencidos de que están administrando bien el combustible o simplemente porque la gasolinera queda lejos. Lo que no saben, o no quieren saber, es que ese hábito está atacando de forma silenciosa varios componentes del motor que, cuando finalmente fallan, supone tener que afrontar facturas de cientos o miles de euros.

En los talleres mecánicos, el consenso sobre esta práctica es unánime. Se recomienda no llevar el depósito por debajo del 20%. La advertencia no es un capricho, sino la consecuencia directa de cómo funciona el sistema de alimentación de combustible en cualquier vehículo de combustión interna.

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Por qué el combustible no es solo combustible

La mayoría de conductores concibe la gasolina o el diésel como un simple carburante que mueve el motor. En realidad, el combustible cumple una segunda función al refrigerar y lubricar la bomba de combustible, que en la mayoría de los vehículos actuales está sumergida dentro del propio depósito.

De este modo, cuando el nivel de gasolina es bajo, pueden aparecer burbujas de aire, impidiendo la correcta refrigeración de la bomba y aumentando las posibilidades de fallo prematuro. Además, el esfuerzo extra de absorber gasolina de un tanque casi vacío también acorta su vida útil. Sería algo similar a intentar tomar un refresco con una pajita cuando el vaso está casi vacío; hace falta más esfuerzo, y en una bomba electrónica ese sobreesfuerzo se traduce en calor y desgaste.

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Si esto no fuera suficiente, se añade también una variable térmica que cierra el círculo del problema: el combustible que va al motor se calienta hasta la temperatura de funcionamiento, que suele ser de unos 90 grados, y el sobrante retorna al depósito. Cuando vuelve, como no hay mucha cantidad, no se enfría y vuelve a entrar en el circuito sin haberse enfriado, elevando progresivamente la temperatura de trabajo de la bomba y de los inyectores.

En reserva

La trampa de los sedimentos

El segundo problema es menos visible pero igual de dañino. Con el paso del tiempo, en el fondo de cualquier depósito se acumulan sedimentos en forma de partículas de óxido, residuos del propio combustible, impurezas que entran durante el repostaje e incluso agua por condensación. Cuando el nivel de combustible es alto, la bomba aspira de la zona central o superior del tanque, lejos de esa capa de suciedad acumulada en el fondo.

Cuando el conductor apura el depósito, la bomba empieza a succionar directamente desde la zona más contaminada. Esos sedimentos viajan con el combustible a través de todo el sistema de alimentación. Esto puede desencadenar una serie de fallos, ya que pueden, con el tiempo, atascar partes de la bomba de combustible, el filtro, la bomba de combustible de alta presión e incluso llegar a los inyectores.

Los inyectores son las piezas que más claramente sufren esta contaminación. Estos tienen unos orificios minúsculos, más finos que un cabello humano. Cuando les llega combustible sucio, estas partículas pueden obstruirlos con cierta facilidad. Una obstrucción en los inyectores se traduce en tirones, pérdida de potencia, aumento del consumo y, en el peor de los casos, sustitución de las piezas.

Reparar estos problemas no es barato. Por ejemplo, reemplazar una bomba de combustible "es una broma muy cara”, especialmente en mano de obra, y en algunos coches implica desmontar el depósito de combustible e incluso el eje trasero, y las facturas pueden acercarse a las cuatro cifras. En los motores diésel, la bomba de alta presión puede alcanzar entre 700 y 2.000 euros solo en la pieza. Y un inyector moderno ronda los 500 euros, multiplicado por el mínimo de tres que tiene cualquier vehículo .

El testigo de reserva, en definitiva, no está diseñado para marcar el momento de repostar. Está diseñado para avisar de que ese momento ya pasó.