Puerto Hurraco, 36 años después de la masacre de los hermanos Izquierdo: "Pueblo pequeño, infierno grande"
La matanza de Puerto Hurraco cumple 36 años: sus huellas siguen en un pueblo marcado por el rencor de los Izquierdo a los Cabanillas
Triun Arts, experto en sucesos, analiza el peso del crimen rural en España a través de seis grandes casos: “Es nuestro ADN”
El 26 de agosto de 1990, Puerto Hurraco, una pequeña pedanía de Benquerencia de la Serena (Badajoz), quedó marcada para siempre por uno de los crímenes más estremecedores de la historia reciente de España. Aquella noche, los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo salieron armados y convirtieron en escenario de una matanza las calles de un pueblo que llevaba décadas arrastrando el enfrentamiento entre dos familias.
Nueve personas murieron y otras resultaron heridas en un tiroteo que comenzó como una venganza contra los Cabanillas y terminó alcanzando a vecinos que se encontraban en la calle. El crimen conmocionó a todo el país. El caso de Puerto Hurraco refleja una violencia rural alimentada durante años por rencores, conflictos familiares y rencillas enquistadas.
El recuerdo de aquella noche permanece 36 años después. La historia ha sido llevada al cine, recuperada en documentales y revisada en numerosas investigaciones. En Mitele PLUS se analizaron todos los detalles.
La masacre de Puerto Hurraco: "Pueblo pequeño, infierno grande"
José Ruz, conocido como Triun Arts, visitó recientemente Puerto Hurraco y se encontró con las huellas físicas de aquel suceso, como explicó a la web de 'Informativos Telecinco'. El escritor y divulgador señaló que el municipio todavía impresiona por sus reducidas dimensiones y que la casa donde vivieron los hermanos Izquierdo continúa en pie, abandonada, quemada y con parte de su estructura derruida. Hablamos de un escenario que permite observar cómo un crimen que conmocionó a toda España sigue presente en un lugar donde todavía permanecen algunos de sus vestigios.
Ruz puso el foco en el aislamiento en el que vivían los Izquierdo y en la espiral de odio que, según su interpretación, terminó condicionando su relación con el resto del pueblo. "Su paranoia era tal que vivían sin luz ni agua corriente, convencidos de que los vecinos los espiaban o querían envenenarlos", precisaba Triun Arts. El escritor también introdujo un matiz sobre la vivienda familiar de los hermanos en Puerto Hurraco: cuando Antonio y Emilio cometieron la matanza ya no vivían allí, sino en Monterrubio de la Serena. Aquella casa estaba vinculada a uno de los episodios que, años antes, había alimentado su obsesión con la familia Cabanillas: el incendio en el que murió su madre, Isabel.
Para Triun Arts, el caso de Puerto Hurraco representa un tipo de violencia rural que se encuentra en vías de desaparición. "El crimen rural, aunque sigue habiendo, se está extinguiendo", sostiene, en paralelo al avance de la España vaciada y a la transformación de los pequeños municipios. Ruz distingue aquel enfrentamiento de otros crímenes rurales más recientes, como el de Santoalla, en Ourense, que inspiró 'As Bestas', o determinados conflictos relacionados con tierras en Ciudad Real y Galicia. En Puerto Hurraco, explicaba, el elemento diferencial era la acumulación de agravios durante generaciones. "Pueblo pequeño, infierno grande", resumía. "Los rencores se quedan enquistados" y pueden pasar de una generación a otra.
Una venganza preparada durante años
La masacre no fue una reacción improvisada. Antonio y Emilio habían alimentado durante años su enfrentamiento con los Cabanillas y atribuían a esta familia la responsabilidad por la muerte de su madre, Isabel, fallecida en 1984 durante el incendio de su casa. El conflicto entre ambas familias venía de mucho antes y estaba relacionado con disputas por tierras, lindes y caminos, hasta convertirse en una cadena de agravios que terminó desembocando en una decisión de venganza.
Los hermanos se prepararon para regresar a Puerto Hurraco y atacar. Según fuentes como 'RTVE', llegaron a preparar más de 200 cartuchos. Ambos dispararon contra los vecinos que se encontraban a su paso por las calles del pueblo que entonces tenía menos de un centenar de vecinos.
Aquella tarde se despidieron de sus hermanas con una frase que ha quedado asociada al crimen: iban, dijeron, "a cazar tórtolas". Pero no era una jornada de caza. Los hermanos habían decidido regresar al pueblo para ejecutar la venganza que habían ido construyendo durante años. Armados con sus escopetas, se ocultaron en un callejón desde el que podían controlar el paso de los vecinos.
La noche de la matanza en la pedanía pacense
Pasadas las 22:00 horas del 26 de agosto de 1990, los vecinos habían salido a la calle para aprovechar el fresco después de un día de calor. Antonio y Emilio aparecieron armados y comenzaron a disparar. El ataque estaba inicialmente dirigido contra miembros de la familia Cabanillas, pero pronto se convirtió en un tiroteo contra quienes se encontraban en las calles. Entre las víctimas mortales estaban dos hermanas adolescentes de la familia Cabanillas, Antonia y Encarnita, de 13 y 14 años.
Los hermanos utilizaron cartuchos de postas, capaces de causar varias heridas con un solo disparo. Nueve personas murieron y otras resultaron heridas. Incluso un vehículo de la Guardia Civil recibió disparos cuando los agentes acudieron al lugar. La escena dejó a Puerto Hurraco convertido en un pueblo paralizado por el miedo.
Después de la matanza, los hermanos huyeron hacia la sierra. La Guardia Civil los localizó varias horas después, cuando se encontraban durmiendo, y ambos fueron detenidos sin resistencia. Tres años y medio después, en enero de 1994, Antonio y Emilio fueron condenados por la Audiencia Provincial de Badajoz a centenares de años de prisión por los asesinatos. Las hermanas Luciana y Ángela, señaladas como posibles instigadoras, fueron finalmente absueltas al no encontrarse pruebas suficientes de su participación directa en el crimen.
Los años posteriores: cárcel, muerte y una familia desaparecida
El crimen terminó judicialmente, pero sus protagonistas siguieron formando parte durante años de la historia penitenciaria de España. Antonio y Emilio Izquierdo cumplieron condena en diferentes centros penitenciarios y mantuvieron una relación especialmente estrecha. Emilio murió en prisión en diciembre de 2006, a los 74 años, por causas naturales. Cuatro años después, Antonio, que era el último de los dos hermanos que permanecía con vida, fue encontrado muerto en su celda de la prisión de Badajoz tras ahorcarse.
Las hermanas Luciana y Ángela habían sido internadas en el Hospital Psiquiátrico de Mérida después del proceso judicial. Ambas murieron también en aquella década: Luciana falleció en febrero de 2005 y Ángela 10 meses después. Con sus muertes desaparecieron los cuatro protagonistas de la familia Izquierdo que habían quedado directamente ligados a la masacre de Puerto Hurraco. La historia, sin embargo, no terminó con ellos. Las consecuencias del enfrentamiento continuaron formando parte de la memoria de la localidad.
El caso de Puerto Hurraco ha llegado a generaciones que ni siquiera habían nacido cuando se produjo la matanza. El nombre de la localidad ha trascendido la crónica de sucesos y ha quedado incorporado a la cultura popular, hasta aparecer mencionado en distintas manifestaciones artísticas décadas después de aquella noche. Actualmente, Puerto Hurraco sigue siendo una pequeña localidad de La Serena que mantiene sus fiestas patronales en honor a San Sebastián y forma parte de un entorno rural ligado a la ganadería y a las tradiciones de la comarca.