'El Santo', el médico rural cuya historia está nominada al Goya: "Su humanidad fue vista como intervención divina"
Carlo D’Ursi reconstruye en ‘El Santo’, documental nominado al Goya, la figura de su abuelo, un médico rural cuya humanidad fue interpretada como milagro
La lista completa de nominados a los Premios Goya 2026
Hay historias familiares que se transmiten como leyendas. Y eso justo ha hecho el cineasta Carlo D’Ursi en ‘El Santo’, un cortometraje documental en el que reconstruye la figura de su abuelo, Carlo Fortunato, un médico rural del sur de Italia que, en un contexto de pobreza y alta mortalidad infantil, salvó vidas aplicando algo tan revolucionario entonces como hoy evidente: higiene y una ética radical del cuidado.
Y es que, aquello que el pueblo llamó “milagros” eran, en realidad, una forma extraordinaria de humanidad. Ese desplazamiento -de lo sobrenatural a lo humano- se encuentra en el corazón de este documental, recientemente nominado a Mejor Cortometraje Documental en los Premios Goya.
Carlo D’Ursi nació en Bari (Italia), vive en Madrid, pero fue al regresar al pueblo de su abuelo, Senise, cuando la historia vio la luz. “Un hombre del pueblo me miró a los ojos y me dijo que a través de mis ojos veía los ojos de ‘El Santo’”, cuenta Carlo en una entrevista con 'Informativos Telecinco'.
Carlo Fortunato fue médico en un contexto marcado por la pobreza. Murió con solo 45 años, víctima de un cáncer fulminante, pero dejó una huella imborrable. “Era ginecólogo, pero siendo un médico de pueblo también practicaba la medicina general. Su mayor logro fue reducir la mortalidad infantil a través de prácticas de higiene y de salud obstétrica”, explica su nieto.
“Algo digno de ser admirado”
Lo que hoy resulta evidente, entonces era revolucionario. “Mi abuelo era un humanista. Respetaba los cuerpos de las mujeres en el momento más frágil y poderoso de su vida como es el parto. Y eso era algo completamente excepcional en aquella época”. Ese respeto, ese cuidado radical, fue interpretado por la comunidad como “intervención divina”, apunta el cineasta.
Por ello, D’Ursi decidió no desmontar esa fe, sino desplazarla. “La palabra milagro fue adaptada por la religión judeocristiana como algo sobrenatural, pero etimológicamente significa ‘algo digno de ser admirado’. Esos valores que encarnaba hicieron a mi abuelo eterno”.
Tras su muerte, el pueblo intentó iniciar un proceso de beatificación para hacerle santo. Un intento que terminó frustrado, sobre todo, por la oposición familiar. “Mi madre y mis tías eran unas niñas cuando mi abuelo murió, y tener un santo en la familia les arrebataría la dimensión privada de su padre”, cuenta.
El pueblo donde se volvía a llorar
Esa tensión entre lo público y lo privado atraviesa el documental y el propio proceso creativo. “Este es mi proyecto más personal, donde he dejado la puerta abierta a los errores y que ha generado grandes hallazgos”, reconoce D’Ursi. “He aprendido a dejarme equivocar, a aprender que la duda es lo que te lleva a descubrir todo aquello que desconoces”.
Volver a Senise fue, para él, uno de los mayores retos. “Siempre en mi casa me han dicho que era el pueblo donde se volvía a llorar. Sólo lo visitábamos para ir a ver la tumba de mi abuelo”, dice.
Además, el palacete familiar, cerrado durante décadas, cayó en ruinas. “No tengo asociaciones positivas con este pueblo. Y, a través de este documental, pude resignificarlo. Para mí el pueblo era gris, y ahora, a través de la imagen filmada, el pueblo tiene sol”, comenta.
La bondad como mensaje político
En un presente marcado por la violencia, los extremismos y la guerra, Carlo revindica la bondad, la que representaba su abuelo, y la sitúa en un marco político. “Es muy urgente que se acabe el genocidio en Palestina y otras muchas injusticias. Y hay un valor que aúna todo el documental y es el del amor al prójimo. Y ese amor es urgente en un mundo en el que cada vez hay mayores diferencias”, señala.
Una reivindicación del amor como forma de combatir la injusticia que ha atravesado también su vida personal. “Yo tengo una familia no normativa, soy gay, padre de dos hijos, y para poder llegar a tener esta familia ha habido un esfuerzo ímprobo, y el haberlo conseguido para mí es un pequeño milagro”.
Herencia espiritual
A sus hijos, en última instancia, dirige el mensaje de la película. “A ellos, a través del documental, quiero transmitirles que tienen una herencia espiritual muy rica repleta de estos valores”.
De herencia espiritual también aprendió mucho a través de otra figura, la de su padre, a quien la mafia le arruinó la vida. “La mafia italiana le quemó a mi padre sus empresas. Lo perdió todo. Psicológicamente jamás ha podido recuperarse. La mafia le destruyó la vida”, revela Carlo.
Por todo ello, los valores de cada uno de los miembros de su familia alumbran su camino. “Creo que mi abuelo estaría encantado de que yo fuese cineasta para contar la historia y los valores que me han transmitido”.
Ahora, su nieto recoge con emoción la nominación al Goya —ha sido nominado en cuatro ocasiones— para poder llevar esta historia lo más lejos posible. “Quiero ganar para poder reivindicar la bondad de mi abuelo y sus ‘milagros’ terrenales por encima de todo”, concluye el cineasta.