Violencia de género

Ainhoa, 28 años, ha solicitado la eutanasia por las secuelas con las que convive tras una presunta agresión de su expareja: "Estoy viva de casualidad"

Una imagen de Ainhoa Caballero en su casa. Cedida
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La vida de Ainhoa Caballero cambió en junio de 2024, cuando, según denuncia, fue víctima de una agresión por parte de su expareja. Desde entonces asegura que no ha vuelto a vivir sin dolor, ni físico ni psicológico, debido a las secuelas que atribuye a dos presuntas agresiones.

La segunda ocurrió en plena calle y su último recuerdo es el de su cara contra la acera mientras él se la pisaba, antes de perder el conocimiento. "Estoy viva de casualidad", asegura durante una entrevista concedida a la web de 'Informativos Telecinco'.

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A sus 28 años ha visto cómo su vida daba un giro radical. Pasó de trabajar como jefa de cocina a depender de analgésicos opioides como la morfina o el fentanilo para aliviar un dolor que, asegura, nunca desaparece del todo.

Además, sostiene que no se ha sentido respaldada ni por las instituciones ni por parte del sistema sanitario, una situación que la ha llevado a iniciar el procedimiento para solicitar la eutanasia. "No tengo ninguna calidad de vida, parece que tenga 82 años", relata.

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El procedimiento judicial continúa pendiente de juicio. El acusado permanece en prisión preventiva y está procesado por presuntos delitos de maltrato y lesiones muy graves en el ámbito de la violencia de género. En total, 1.368 mujeres han sido asesinadas a manos de su pareja o expareja desde que hay registros (el 1 de enero de 2003) en España hasta día de hoy, 27 en lo que llevamos de año.

"Cometí un gran error al no denunciar"

Ainhoa relata que la primera agresión se produjo cuando llevaba cerca de dos años de relación con su entonces pareja, durante una estancia en un hotel del sur de Gran Canaria.

Tras aquel episodio, explica que fotografió las lesiones y pidió ayuda. "Se presentaron ocho nacionales, pero él ya se había ido". Sin embargo, luego decidió no denunciar. Asegura que ocultó lo ocurrido diciendo que las lesiones eran consecuencia de una caída. "Cometí un gran error".

Dos semanas después, cuando ella había decido dejar la relación, según su relato, él insistía en hablar con ella fuera de su domicilio. "Yo tengo un perro de raza potencialmente peligrosa y ahora pienso que él lo tenía todo planeado", afirma.

"Cuando vi su cara fue un impacto"

Finalmente bajó a la calle. "Cuando vi su cara fue un impacto. Vino a matarme", recuerda. Según su testimonio, él la agarró del cuello y comenzó a golpearla. "Intenté correr, pero me agarró por detrás de las rodillas y me estampó la cabeza contra el bordillo. Me lo volvió a hacer una segunda vez y ya no sentía mi cuerpo".

Recuerda que solo pensaba en escapar, pero asegura que no podía moverse. El último recuerdo que conserva antes de perder el conocimiento es que le pisaba "la cara y el cuello" mientras escuchaba a alguien gritar: "Para, la estás matando". Según le trasladaron posteriormente por lo que los testigos pudieron ver, la agresión continuó cuándo ella ya estaba inconsciente. Los hechos ocurrieron, según relata, a finales de junio de 2024, sobre las doce del mediodía.

Despertó en el hospital

Ainhoa explica que no llegó a ver a las tres personas que, según consta en la investigación, presenciaron lo ocurrido. "Fueron un médico que me socorrió, una chica y un chico que se quedó con él hasta que llegó la Policía, porque él mismo se entregó", afirma.

Si eres víctima de violencia de género o conoces a alguien que pueda necesitar ayuda, el teléfono 016 ofrece ayuda las 24 horas del día

Asegura que recuperó la conciencia en el hospital y que abandonó el centro sanitario asegurando que se había caído desde una altura. Poco después tuvo que regresar al hospital tras comenzar a sangrar por los oídos debido, según explica, a las hemorragias intracraneales que presentaba. Fue diagnosticada, entre otras lesiones, de una fractura longitudinal del peñasco izquierdo —en la base del cráneo— y una parálisis facial.

Múltiples intervenciones y secuelas permanentes

Tras recibir la segunda alta —la primera fue un alta por fuga—, fue sometida a varias intervenciones quirúrgicas después de según asegura, acudira durante varios días consecutivos a Urgencias por un dolor intenso hasta que finalmente le realizaron un TAC y fue intervenida de urgencia. "Me partió la mandíbula por el lado izquierdo y me enterró el cordal del lado derecho, lo que me provocó una infección que estaba llegando a la cabeza", explica. También tuvo que someterse a una operación para corregir la desviación del tabique nasal.

Dos años después, convive con importantes secuelas que, según explica, condicionan completamente su vida: limitación en la apertura de la boca, pérdida de piezas dentales, pérdida profunda de audición en el oído izquierdo, acúfenos, daño cerebral, pérdida del olfato con alteración del gusto, dolor postraumático crónico, trastorno por estrés postraumático y amnesia postraumática.

"No tengo ninguna calidad de vida, parece que tenga 82 años en vez de 28"

"Solo noto si algo tiene sal, azúcar o es amargo", explica. Para controlar el dolor necesita morfina o fentanilo, dependiendo de la intensidad, y continúa en seguimiento por Psicología y Psiquiatría. "Mi vida no tiene nada que ver con la que tenía. Tengo una pizarra detrás de la puerta para recordar lo que hago", cuenta.

"Mi vida es el hospital"

Ainhoa sostiene que también ha sentido falta de atención sanitaria durante su recuperación. "Me explicaron las secuelas, pero no intentaron que mejorara. Si hoy camino es gracias a mí. La rehabilitación facial tras la parálisis me la tuve que hacer yo sola. Ahora, después de dos años, supuestamente me van a dar rehabilitación".

A ello suma las dificultades administrativas derivadas de su situación. Explica que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) le comunicó el alta laboral, una decisión con la que discrepa. "Llevo de baja desde ese día. Los médicos forenses dicen que no soy apta, pero el INSS, sin citarme, me dio el alta".

También asegura que le fueron denegadas ayudas destinadas a mujeres víctimas de violencia de género porque, según le traslado una trabajadora social, no cumplía los requisitos al tener empleo, una circunstancia que, afirma, ha agravado su situación económica.

A la espera del juicio y del procedimiento de eutanasia

El juicio por los hechos denunciados todavía no se ha celebrado. Según explica, el procedimiento se ha retrasado por varios recursos presentados por la defensa. También afirma que tanto el acusado como su propia madre han incumplido la orden de alejamiento.

Toda esta situación, asegura, ha terminado por sobrepasarla. "Estos dos últimos meses han sido mortales. Ya no es solo el juicio; que me pidan volver a trabajar me está trastornando la vida. Mi vida es el hospital. ¿Cómo voy a trabajar?".

Además, explica que padece una enfermedad pulmonar por la que necesita conectarse a una máquina para respirar cada tres horas y considera incompatible su estado de salud con su profesión de cocinera, especialmente por la pérdida del gusto y el tratamiento con fentanilo.

Respecto a la solicitud de eutanasia, señala que próximamente retomará el procedimiento junto a su médica, después de que esta estuviera de baja. "No tengo salud ni calidad de vida. No quiero vivir arrastrada".

Como mensaje para otras mujeres que puedan encontrarse en una situación similar, lanza una petición: "No se callen nunca nada. Que denuncien desde la primera mala palabra porque nunca sabes hasta dónde puede llegar la cabeza de otra persona. Mi gran error fue no denunciar tras la primera paliza".

Si eres víctima de violencia de género o conoces a alguien que pueda necesitar ayuda, el teléfono 016 ofrece información y asesoramiento jurídico gratuito las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas. También se puede contactar por WhatsApp en el 600 000 016, a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y mediante un chat online disponible en la web de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. En una situación de emergencia se puede llamar al 112, a la Policía Nacional (091) o a la Guardia Civil (062). Si no es posible realizar una llamada, la aplicación AlertCops permite enviar una alerta con geolocalización a las fuerzas de seguridad.

Las víctimas de maltrato sordas, con discapacidad auditiva, ciegas o sordo ciegas pueden llamar al 016 con 900 116 016, SVisual, ALBA, Telesor, ATENPRO y la app PorMí. Al 112 con la app 112Accesible. Al 091 y 062 con SVIsual y con la app AlertCops. Los menores también pueden dirigirse al teléfono de la Fundación Anar: 900 202 010.