Nicolás, el hombre que vivió la guerra civil española con tan solo 10 años: "Me condenaron y me fugué del Valle de los Caídos"

Nicolás se metió en la universidad y se afilió al sindicato estudiantil en plena dictadura franquista
Noventa años del golpe de Estado que dio inicio a la Guerra Civil: de la fractura interna a la internacionalización
Nicolás tiene 100 años. Con tan solo 10, vivió la guerra civil española. Él residía en Madrid frente al Cuartel de la Montaña: "Entraron balas de ametralladoras". Y su familia escapó a Francia, pero estalló la Segunda Guerra Mundial. "Lo pasé muy mal", confiesa. Una noche, los militares alemanes llegaron a dormir en su casa al lado suya.
Después, Nicolás volvió a España con sus abuelos, se metió en la universidad y se afilió al sindicato estudiantil. Ellos publicaron, en plena dictadura, el libro 'Pueblo Cautivo', que se llegó a imprimir en Francia. "Me condenaron a seis años por esto", señala.
Nicolás se fugó del Valle de los Caídos con un coche
Nicolás cumplió la condena en el Valle de los Caídos hasta que se fuga con un coche novelista que iba conducido por dos chicas. Una huida loca que lleva ahora al cine Fernando Colomo. "Solo tengo agradecimiento. Lo que he conocido de la libertad es la que esta gente soñó", reconoce Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Silva encontró a su abuelo en una fosa común: "Lo dejan expuesto con dos tiros en la cabeza, es como una antena que emite miedo".
La guerra dividió al pueblo y "por desgracia, solo sirvió para joder a los españoles", sostiene Nicolás. Ahora, han pasado ya 90 años de este capítulo de la historia y todavía hay mucho por cambiar. "Este país tiene un monumento que celebra la victoria de Franco y no tiene uno dedicado a estas personas", lamenta Silva.
En Granada, han realizado un homenaje a la represalia franquista que se vivió allí por una guerra que dejó en total más de 600.000 muertos. En la antigua prisión provisional granadina pero llegaron a estar hacinados más de 2.000 personas. Un campo de exterminio que fue testigo de las sacas nocturnas, unos camiones que se llevaban de madrugada a 50 de los presos para llevarlos al cementerio y fusilarlos. Hoy, muchos han dejado cartas de despedida para todos los que fueron asesinados.
