Laura Garat y su lucha contra el lipedema, enfermedad por la que muchas mujeres viven con dolor: "Pensaba que el problema era yo”

El lipedema afecta a millones de mujeres, pero sigue siendo una gran desconocida. Laura Garat explica las claves de esta enfermedad en primera persona
Ana lleva 20 años luchando contra el lipedema: "A partir de los 14 años tenía un peso en las piernas que no era normal"
El lipedema se ha convertido en una de las enfermedades más buscadas por las mujeres en internet y, sin embargo, continúa siendo una gran desconocida tanto para buena parte de la sociedad como, en muchos casos, para el propio sistema sanitario.
Esta alteración crónica del tejido graso provoca una acumulación anormal de grasa, especialmente en las piernas y los brazos, y suele ir acompañada de dolor, inflamación y una sensación constante de pesadez.
A pesar de afectar a millones de mujeres, sigue siendo una patología infradiagnosticada y con frecuencia se confunde con obesidad, sobrepeso o retención de líquidos, lo que retrasa durante años un diagnóstico que puede cambiar por completo la vida de las pacientes.
Laura Garat sabe bien lo que supone recorrer ese camino. Durante mucho tiempo convivió con síntomas que nadie supo explicar y llegó a pensar que el problema era ella, que no hacía suficiente ejercicio o que no tenía la fuerza de voluntad necesaria para cambiar su cuerpo. Incluso después de perder cerca de 40 kilos, sus piernas seguían siendo desproporcionadas y el dolor no desaparecía.
Hoy, tras recibir el diagnóstico y comprender qué le ocurría, ha convertido su historia en una herramienta para ayudar a otras mujeres. A través de su perfil de Instagram, donde reúne a cerca de 300.000 seguidores, divulga información sobre el lipedema, desmonta falsos mitos y acompaña a quienes todavía buscan respuestas.
En esta entrevista con la web de 'Informativos Telecinco', Laura explica cómo vivió aquellos años de incertidumbre, denuncia la falta de conocimiento que aún existe sobre esta enfermedad y lanza un mensaje claro a todas las mujeres que llevan tiempo culpándose por un cuerpo que, en realidad, estaba pidiendo ser escuchado.
Pregunta: Durante muchos años conviviste con el lipedema sin saber que lo padecías. Mirando atrás, ¿hay algún momento en el que ahora piensas: “ahí ya estaba la enfermedad”?
Respuesta: Sí, totalmente. Ahora miro fotos de hace años y lo veo clarísimo. Incluso cuando perdí cerca de 40 kilos con la dieta keto, había algo que no encajaba: tenía una cintura muy fina, pero las piernas y los glúteos seguían desproporcionados.
También recuerdo cosas que entonces normalizaba, como el dolor al tocarme las piernas, los moratones que me salían sin saber por qué o esa sensación constante de pesadez. En ese momento pensaba que simplemente “ese era mi cuerpo”, pero ahora sé que ya estaba el lipedema. Perdí cerca de 40 kilos y, aun así, seguía escondiendo las cartucheras. Ahí entendí que aquello no era una cuestión de fuerza de voluntad.
P.: Antes del diagnóstico, ¿llegaste a sentir que nadie entendía lo que te estaba pasando, ni siquiera los profesionales sanitarios?
R.: Sí, muchas veces. La respuesta siempre era la misma: “tienes que adelgazar más” o “haz más ejercicio”. Y como además tenía obesidad, todo se reducía a eso. Nadie miraba más allá.
Lo más duro es que durante años llegué a pensar que el problema era yo, que no lo estaba haciendo bien.
P.: Muchas mujeres pasan años culpándose por la forma de su cuerpo. ¿Qué le dirías a todas esas mujeres que no saben que padecen lipedema?
R.: Les diría algo muy claro: no es falta de fuerza de voluntad. Si estás haciendo las cosas bien y aun así hay partes de tu cuerpo que no cambian, no es culpa tuya. No quiero que ninguna mujer tarde tantos años como yo en descubrir que no era ella la que estaba fallando. Era una enfermedad que nadie había explicado.
Al afectar casi exclusivamente a mujeres, creo que también ha estado muy invisibilizada
P.: ¿Por qué crees que una patología que afecta a tantas mujeres sigue siendo tan desconocida?
R.: Cuando una enfermedad afecta principalmente a mujeres y además se confunde con un problema estético, es muy fácil que pase desapercibida durante años. En sí, lo que pasa es que durante años se ha confundido con obesidad o con algo estético. Y al afectar casi exclusivamente a mujeres, creo que también ha estado muy invisibilizada. Falta mucha formación, mucha investigación y, sobre todo, que se escuche más a las pacientes.
P.: ¿Qué mitos sobre el lipedema te gustaría desterrar de una vez por todas?
R.: El primero: Ni todas las mujeres con lipedema tienen obesidad, ni todas las personas con obesidad tienen lipedema. Son cosas diferentes, aunque puedan convivir, como ocurrió en mi caso.
Otro mito es que es simplemente obesidad o que se soluciona comiendo menos. Eso no es así.
Y el tercero, que no hay nada que hacer. Es una enfermedad crónica, sí, pero hay muchas herramientas que mejoran muchísimo la calidad de vida. No todo es cirugía, ni mucho menos.
Elegía la ropa cada día pensando en tapar, en disimular. Y eso, sin darte cuenta, te va condicionando muchísimo
P.: En tu caso, ¿qué síntomas eran los que más condicionaban tu día a día, más allá del aspecto físico?
R.: El dolor, sobre todo. El dolor al tocarme las piernas, la pesadez constante y la inflamación. Pero también el impacto emocional. Elegía la ropa cada día pensando en tapar, en disimular. Y eso, sin darte cuenta, te va condicionando muchísimo.
P.: ¿Y cómo afecta el lipedema a la autoestima cuando la sociedad insiste constantemente en determinados cánones de belleza?
R.: Afecta mucho. Porque sientes que tu cuerpo no encaja en ningún sitio. Y lo más duro es que incluso dentro de la diversidad corporal, muchas veces no te ves representada. Eso hace que muchas mujeres se sientan solas, como si fueran “la excepción”.
La gente veía mi cuerpo y asumía directamente que no me cuidaba
P.: ¿Has sentido alguna vez que tenías que justificar que hacías ejercicio o que cuidabas tu alimentación porque la gente daba por hecho que era una cuestión de hábitos?
R.: Cuando alguien te dice ‘si hicieras dieta se te quitaría’, duele. Porque yo ya la estaba haciendo. La gente veía mi cuerpo y asumía directamente que no me cuidaba. Y eso duele, porque la realidad era justo la contraria. Al final acabas sintiendo que tienes que demostrar constantemente que sí estás haciendo las cosas bien.
P.: ¿Por qué y cómo decidiste dar el paso de empezar a divulgar tu caso a través de redes sociales?
R.: Porque yo también me sentí muy sola durante años. Veía cuerpos “perfectos” por todas partes y pensaba que el problema era mío. Cuando entendí lo que me pasaba, sentí que no podía quedármelo para mí. Si mi historia podía ayudar a otra mujer a sentirse menos culpable, ya merecía la pena contarlo. Si compartir mi historia consigue que una mujer llegue al diagnóstico cinco años antes de lo que llegué yo, habrá merecido completamente la pena.

P.: En internet circula muchísima información sobre el lipedema, pero no toda es fiable. ¿Qué riesgos ves en la desinformación que existe en torno a esta enfermedad?
R.: El mayor riesgo es la desesperación. Cuando estás buscando respuestas, eres muy vulnerable a creer en soluciones milagrosas. Por eso es tan importante contrastar, acudir a profesionales y no confundir experiencias personales con evidencia médica. Cuando una persona está desesperada por sentirse mejor, es muy fácil creer en promesas milagrosas. Por eso creo que tenemos una enorme responsabilidad al comunicar.
P.: Defiendes la importancia de combinar alimentación, ejercicio y tratamiento especializado. ¿Qué errores cometen con más frecuencia las mujeres cuando reciben el diagnóstico?
R.: El más común es pensar que hay una única solución. O que todo se arregla con cirugía. También hay quien cae en dietas extremas buscando “curarse”, y el lipedema no funciona así. Es un abordaje global: alimentación, movimiento, descanso, control de la inflamación y buenos profesionales. Muchas mujeres pasan de pensar que todo se arregla con una dieta a pensar que todo se arregla con una cirugía. Y la realidad suele ser mucho más compleja.
Mi cuerpo no tiene que ser perfecto para ser mi casa. Y ya no quiero vivir peleada con él
P.: ¿Qué significa hoy para ti sentirse bien con tu cuerpo?
R.: Para mí ha cambiado mucho con los años. Antes era una cuestión de espejo, de verme de una forma concreta. Hoy es algo mucho más real: es tener energía, poder jugar con mis hijas, sentirme bien en mi día a día. No siempre me gusta lo que veo, sobre todo después de dos embarazos en los que el lipedema ha empeorado, pero he aprendido algo importante: mi cuerpo no tiene que ser perfecto para ser mi casa. Y ya no quiero vivir peleada con él.
No sé si algún día tendré las piernas que me gustaría tener. Pero sí sé que quiero tener la energía suficiente para correr detrás de mis hijas y enseñarles que su valor nunca dependerá de la forma de su cuerpo. Si algún día mis hijas heredan el lipedema, quiero que crezcan en un mundo donde no tengan que esperar treinta años para ponerle nombre a lo que les pasa.
