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Raúl Rodríguez, paracaidista, se quedó parapléjico tras un accidente y pide que le dejen volar de nuevo en España: "Solo ven mi discapacidad"

Raúl Rodríguez se prepara para un nuevo salto en paracaídas. cedida
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Raúl Rodríguez sabe lo que significa caer para luego levantarse, y hacerlo tan alto como para surcar los cielos. El 29 de abril de 2022, durante un salto en Bovec (Eslovenia), un fuerte impacto contra el suelo le fracturó las vértebras T12 y L1 y le provocó una lesión medular que lo dejó parapléjico. "En cuestión de segundos mi vida cambió completamente", dice en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'. 

Cuatro años después, y contra todo pronóstico, volvió a lanzarse desde un avión. Ahora suma más de 170 veces desde el accidente. Puede volar, abrir su paracaídas y aterrizar sentado. Sin embargo, expone que no le dejan renovar su licencia federativa en España. Lo que le impide saltar aquí, aunque sí en otros países. “Hay indicios claros de discriminación por mi discapacidad”, expresa.

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Antes de aquel accidente, Raúl era empresario en el mundo del tatuaje y el paracaidismo era su válvula de escape. "Era la forma de liberar la mente, sentir adrenalina y relacionarme con gente sin hablar de trabajo ni estar pendiente del negocio". 

El accidente que cambió la vida de Raúl

Saltaba en Madrid prácticamente de jueves a lunes. Hasta que aquel accidente cambió su vida. "Sentí una especie de corriente que me recorrió desde la cadera hasta los pies y comprendí que no volvería a caminar", relata. 

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Fue evacuado en helicóptero al hospital universitario de Liubliana y operado durante unas siete horas. Después permaneció unas dos semanas en Eslovenia, fue trasladado a Madrid y acabó ingresado en el Hospital Nacional de Parapléjicos hasta el 14 de enero de 2023.

"Lo más duro fueron los dolores y algunos momentos de soledad", recuerda. Pero también habla de aquellos meses con una sonrisa. "Los ingresados hicimos una piña increíble y conseguimos reírnos y pasarlo bien incluso dentro de aquella situación". 

Cuando aprendió a moverse de forma independiente con la silla, empezó a regresar los fines de semana a su casa. "Eso fue fundamental, porque me permitió salir del entorno completamente adaptado del hospital y enfrentarme poco a poco a la vida real", explica.

“Vendí todo mi equipo. Daba por hecho que no volvería a saltar"

El paracaidismo, durante un tiempo, quedó fuera de esa vida. "Al principio no quise saber nada, vendí todo mi equipo y daba por hecho que no volvería a saltar". Pero la idea terminó regresando.

Primero fue al túnel de viento —un simulador que recrea la caída libre— a escondidas de su familia. "No quería que sufrieran ni que pensaran que iba a ponerme otra vez en peligro”, dice. 

“Allí comprobé que podía controlar mi cuerpo y que volaba bien". Después llegó la pregunta inevitable: ¿podría volver a lanzarse desde un avión? "El paracaidismo es mi gran afición y necesitaba saber si todavía podía hacerlo", añade.

Al cabo de poco tiempo, encontró a personas y empresas dispuestas a ayudarle. Vertigen Fly, una empresa dedicada a la confección de prendas paracaidismo, confió en él, mientras que los fabricantes de Avalon, en Bulgaria, prepararon unos pantalones y un equipo adaptado para mantener correctamente colocadas sus piernas durante el vuelo. 

Porque Raúl ya no aterriza como antes. "Puedo ponerme de pie si me sujeto, pero no puedo aterrizar utilizando las piernas, así que aterrizo sentado".

Raúl volvió a saltar

La primera vez que volvió a saltar, sin embargo, no tuvo miedo. "La principal incertidumbre estaba en el aterrizaje". Después se abrió el paracaídas. Todo funcionaba. "Sentí que recuperaba una parte de mi vida".

Desde entonces ha realizado más de 170 saltos como parapléjico sin accidentes ni incidencias destacables de aterrizaje o seguridad aérea. Hasta donde sabe, es actualmente el único paracaidista español parapléjico titulado y en activo.

"Conseguirlo ha sido algo enorme para mí". Por eso, dice, resulta especialmente decepcionante la situación que atraviesa ahora.

La segunda batalla: poder saltar en España

Desde enero de este año intenta tramitar su licencia federativa ordinaria de paracaidismo. Según explica, durante el procedimiento le fueron solicitando documentos adicionales. "Primero me exigieron documentos que no se piden normalmente al resto de deportistas: certificados médicos específicos, un certificado aeronáutico, un informe psicológico o psiquiátrico e incluso el grado de discapacidad".

Raúl entregó todo lo que le pidieron. "Los informes concluyeron que era apto". Además, ya había estado federado después de su lesión y había saltado con normalidad. 

Sin embargo, para retirarle la licencia, utilizaron como motivo un salto realizado durante un curso de iniciación de wingsuit, una modalidad diferente a la que había practicado antes. “Durante el salto, sufrí inestabilidad y activé la reserva -la utilización del segundo paracaídas o paracaídas de emergencia-”.

No hubo accidente ni daños. Pero han convertido ese episodio de una modalidad específica “en un motivo para denegarme la licencia general", sostiene. 

Raúl tiene más de 300 saltos totales, licencia C, titulación Coach y más de 170 saltos posteriores a la lesión sin incidentes relevantes.

“Si existe discriminación, eso tendrá que decirlo la autoridad o el tribunal competente. Pero la sucesión de requisitos vinculados directamente a mi discapacidad, el trato diferente respecto a otra solicitante y el hecho de que se ignoraran todos los informes favorables constituyen, a mi juicio, indicios muy serios", comenta.

“En el extranjero no me juzgan por mi discapacidad”

La situación le resulta todavía más difícil de comprender porque puede seguir saltando fuera de España. Lo ha hecho en Italia, Estados Unidos, México o Dubái. "En el extranjero no me juzgan por llegar en silla de ruedas, sino por lo que soy capaz de hacer".

En otros países, explica, pueden observarle más durante los primeros saltos. "Algo que entiendo por seguridad", dice. Después, si comprueban que vuela, abre, navega y aterriza correctamente, le tratan como a cualquier otro deportista. "La única ayuda específica que necesito es que aparten la silla al subir al avión y que me la acerquen después de aterrizar", explica.

Ahí encuentra la contradicción que, a su juicio, resume su situación: "Fuera valoran mi capacidad real y en España siento que se está valorando primero mi discapacidad y después todo lo demás", denuncia.

"Llevamos meses enviando reclamaciones y burofaxes", cuenta. A la primera reclamación respondieron manteniendo la negativa. Después, según explica, cuando su abogado recurrió formalmente las decisiones, las federaciones dejaron de contestar.

La demanda todavía no está presentada. Su abogado está ultimando la actuación ante el Consejo Superior de Deportes y la vía contencioso-administrativa. "Quiero tener garantías reales de que podré saltar en cualquier zona de España en las mismas condiciones objetivas que los demás deportistas, sin represalias ni nuevos obstáculos injustificados", manifiesta.

El coste económico de saltar fuera de España

Mientras tanto, mantener su actividad le obliga a viajar. "Solo el avión puede costarme unos 250 euros para Italia, alrededor de 600 para Estados Unidos y unos 700 para Dubái". A eso se suman hoteles, comidas, transporte, seguros y el precio de los saltos.

"Me las arreglo porque no quiero perder mi actividad ni mi vigencia, pero duele tener que abandonar tu propio país para practicar un deporte que aquí ya habías demostrado que podías realizar con seguridad", expresa.

También está el coste personal. "Ya no puedo relacionarme con la gente con la que compartía cada semana esta afición. He perdido una parte importante de mi vida social".

Pero no piensa abandonar. "Lo aguanto porque he aprendido a soportar cosas mucho más duras: si he afrontado una paraplejia, también afrontaré esto". Aunque añade: "Que pueda resistirlo no significa que sea justo ni que tenga que aceptarlo".

El límite lo marcará su cuerpo

La vida le cambió de un segundo a otro, pero Raúl sigue luchando cada día para no perder la normalidad y continuar realizando su gran pasión. “He aprendido que uno siempre puede adaptarse y seguir viviendo sin permitir que otros decidan de antemano cuáles son sus límites".

Por eso sigue pensando en nuevos saltos. Quiere conocer lugares diferentes, probar nuevas modalidades y progresar en saltos de formación. "Quiero descubrir hasta dónde puede llegar mi cuerpo con las adaptaciones adecuadas".

Miedo, dice, no tiene. "Lo que quiero es seguir aprendiendo, disfrutar y abrir todas las alas que la vida me permita. Y quiero seguir saltando. Y quiero poder hacerlo también en España”, remarca.